03/12/2016 Piden 10 años de prisión al acusado de un par de asaltos  
 

Ayer cerró la etapa de prueba y los respectivos alegatos por el juicio que se lleva adelante en el Tribunal Criminal Nコ 1, por dos asaltos perpetrados entre febrero y marzo de 2009, de los cuales resulta imputado Luis Gabriel Díaz.

Tras escuchar a las víctimas y testigos citados a la audiencia de debate, para el ministerio público fiscal quedaron acreditados los hechos como la autoría del acusado, por lo que pidió la pena de 10 años de prisión por el delito caratulado robo calificado por el uso de arma cuya aptitud para el disparo no se acreditó, dos hechos, en concurso real.

La Defensa, en tanto, cuestionó la prueba ventilada como el accionar del procedimiento que derivó en la imputación de su representado, pidiendo la absolución.

Se trata de dos asaltos por el que el sospechoso quedó apresado fundamentalmente por el reconocimiento de los testigos, que lo reconocieron por los distintivos rasgos de su rostro, a pesar que llevaba una media can can que cubría su cara.

Según el alegato del fiscal Gustavo Morey, quedó esclarecido que el responsable de los hechos resultó Luis Gabriel Díaz, tal cual surge del testimonio de Luis Oscar Ramini, quien realizó un “pormenorizado y verosímil” relato de los hechos que sufrió en su comercio de Avenida Alvear en febrero.

Así, el fiscal detalló que Diaz al momento de exhibir el arma de fuego que llevaba en su cintura, intimidó al comerciante como los demás testigos presentes.

Respecto a la identificación del sospechoso, indicó que pese a la utilización de una medida tipo can can en su rostro, describió rasgos que le fueron fácilmente reconocibles, como ser el tamaño de su nariz y su cara alargada.

Esos datos, más su contextura física fueron determinantes para el día en que participó de la exhibición de fotos, donde entre todas las fotos que miró, solamente Díaz era quien reunía esas características, además de destacar que sin duda esa era la persona que realmente se parecía en un todo al sujeto que ingresó a su negocio.

Morey también subrayó que al practicar el reconocimiento en fila, nuevamente al ver a Díaz, no dudó en determinar que ese era el sujeto que lo había asaltado y que a su vez lo reconociese en la audiencia. Allí ante la insistencia de la Defensa en saber si su respuesta lo era con certeza, el testigo contestó que en un 92 por ciento estaba seguro que se trataba de Díaz el sujeto que lo asaltara.

También la esposa del comerciante, fue conteste con los dichos de su marido, precisando sobre los rasgos físicos que el autor del hecho era narigón y cara alargada. Que pese al uso de una media tipo can can en su rostro, este no se deforma, solamente cubre algunos rasgos, pero no el tamaño de la nariz o la forma del mentón.

El fiscal también sumó el testimonio de Ricardo Alberto Jensen, quien con seguridad dijo haber reconocido tanto en fotos como en fila de personas al acusado.

SEGUNDO HECHO

Ya sobre el segundo de los ilícitos ventilados, Morey también se tomó de las declaraciones testimoniales para endilgarle la responsabilidad a Díaz.

Detalló lo declarado por Bárbara Polic y Claudia Márquez, quienes precisaron que pasadas las 21.30 ingresó un sujeto con una careta colocada sobre su cara y por debajo de ésta una media can can, que dirigiéndose inmediatamente hacia el sector de la caja registradora, extrajo un arma de fuego de puño y apuntó a la cajera, a quien le requirió la entrega de la totalidad del dinero, a la vez que ofreció una bolsa de polietileno donde debía se introducido ese dinero.

Que muñido del botín el sospechoso egresó del local, oportunidad en que fue interceptado por un efectivo policial que inició su persecución por calle Rodríguez hacia Constitución.

El fiscal añadió en su alegato que lo expuesto tuvo coincidencia con lo dicho por el policía Leonardo Torres, como los testimonios de Ricardo y Francisco Camgros, quienes salieron del negocio a la vereda (esquina Fuerte Independencia y Constitución), viendo allí que Díaz huía de la persecución policial.

Para Morey en ambos hechos existieron determinadas circunstancias que lo asemejan a uno del otro. Léase, franjas horarias empleadas -en nocturnidad ambos-, zona geográfica elegida, apenas poco más de una cuadra entre uno y otro, exhibición de arma de fuego, entrega de una bolsa de polietileno donde se guardaba el dinero, primeros modos de dirigirse a sus víctimas; tranquilo, y dando tranquilidad a ellas, rapidez en la consumación del delito, espacio de tiempo menor al minuto y el uso de una media cana can que en el caso del asalto al negocio “carnicería Pampa” lo hacía por debajo de la careta utilizada.

DEFENSA

La Defensa de Díaz estuvo encarada por el doctor Diego Araujo -por el primero de los hechos- y Claudio Castaño por el asalto a la carnicería.

Tanto Araujo como Castaño, a sus modos y sus formas, contradijeron al fiscal en cuanto a la contundencia de la prueba presentada. Para los letrados, no resultaron suficientes para endilgarle la responsabilidad de su representado.

Así, Araujo cuestionaría la presunta contundencia de los reconocimientos de los testigos, para luego poner en duda sobre la utilización de un arma de fuego.

Según el defensor oficial, no quedó acreditado la amenaza armada, considerando que resultó imposible determinar que se trataba de un arma de fuego con sólo identificar la culata.

Frente a ello pidió la absolución, no obstante lo cual peticionó por bajar la calificación de los hechos bajo la figura de robo simple, considerando que Díaz (de considerarse el auto material).

El doctor Claudio Castaño iría más lejos aún en su alegato, especialmente peticionando para que los jueces subrayen un párrafo especial dedicado a lo que calificó como “atropellos, anomalías” y otras yerbas, de parte de la policía que actuó en el procedimiento.

“Es hora de rectificar el rumbo de determinadas acciones policiales”, afirmó el abogado por lo que entendió como notables sugestivas coincidencias de procedimiento entre los dos casos expuestos.

“Además de respetar los quiero admirar”, les dijo a los jueces, insistiendo en que dejaran sentado en la sentencia lo que consideraba graves irregularidades de parte del accionar policial, especialmente en lo que resultó la persecución de su defendido y los reconocimientos fotográficos y actas asentadas en el expediente.

Tampoco evitó expresar su disconformidad por algunas intervenciones de los propios magistrados en el debate, que a su entender no lo dejaron ejercer su pretendida defensa a partir de interrumpir su interrogatorio de los policías testigos.

Cerró pidiendo también la absolución de Díaz, y subsidiariamente que se considere al hecho como robo simple o, desobediencia, habida cuenta que para Castaño no se acreditó que fuese su defendido quien cometió el asalto, sino que en todo caso, se resistió a la aprehensión.

El Tribunal citó para el lunes al mediodía para dar a conocer su veredicto y eventual sentencia.

Los hechos

Sobre los hechos, vale reseñar que el primero de ellos ocurrió alrededor de las 21.30 del viernes 13 de febrero de 2009, cuando un hombre (Díaz resulta el sindicado) ingresó al polirubro "Alvear", de Avenida Alvear 148, tratando de ocultar su rostro con una media colocada en la cabeza y portando en su cintura un arma de fuego con la que luego exhibiría para amenazar con disparar si no se obedecían sus órdenes. Así exigió al propietario la entrega del dinero de la recaudación, apoderándose de unos 200 pesos en efectivo y tarjetas telefónicas (por el mismo valor), para inmediatamente a ello retirarse del lugar con el botín.

El segundo de los sucesos reseñados, se remonta al 19 de marzo de 2009, cuando aproximadamente a las 20.40 presuntamente el mismo sospechoso ingresó al local "Frigorífico Pampa", de Avenida Avellaneda esquina Rodríguez, previo intimidar a la cajera del comercio con un arma de fuego tipo revolver, se apoderó de la suma de dinero aproximada en dos mil pesos, para luego darse a la fuga.

 
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