03/12/2016 Abusó de sus hijas, las obligó a abortar y enterró uno de los fetos en el patio de la casa  
 
 

El Tribunal Criminal Nro 1, integrado por los jueces Guillermo Alberto Arecha, Pablo Galli y Carlos Alberto Pocorena, ventiló veredicto por una causa sórdida, de aristas aberrantes. Un drama familiar signado por las perversiones de un hombre (se reserva su identidad para preservar a las víctimas) que perturbó la vida de dos jóvenes hermanas. Nada más ni nada menos que hijas de aquel sujeto, quien las violó en reiteradas oportunidades, tantas como las veces que fueron obligadas a abortar producto de aquellas deleznables relaciones sexuales.

Pero no todo quedó allí, una de los chicas dio a luz a una criatura producto de aquellos abusos y hoy se pregunta quién es su padre. Su madre no sabe cómo decirle la espeluznante verdad.

En tanto, los jueces, tras escuchar la dolorosa historia en la sala de audiencias, condenaron al padre abusador a 25 años de prisión, además de ordenar la apertura de una causa para definir la situación de una mujer quien fue identificada como la que practicó los abortos (aproximadamente 13), de los cuales un feto fue hallado enterrado en el patio del fondo de la casa del horror.

Para el Tribunal, quedó acreditado que en durante enero de 1994 y el 31 de agosto de 2003 el acusado, en su carácter de progenitor y aprovechando la situación de convivencia, mediante amenazas y violencia abusó sexualmente de su hija -nacida en 1979-, accediéndola carnalmente por vía vaginal en indeterminadas oportunidades y de manera habitual dos o tres veces a la semana en el domicilio que compartían, como así en otros lugares de esta ciudad y otras en el interior de distintos vehículos en que se movilizaba. Que producto de esas relaciones no consentidas logradas mediante la amenaza y violencia, la joven engendró a dos hijos, uno de los cuales falleció a los meses producto de serias dificultades que, se especula, pudo tener a raíz de los golpes que la madre recibió durante el embarazo.

Así también se encontró acreditado que el imputado en el lapso comprendido entre enero del 94 y los primeros días del mes de mayo del 96, en las habitaciones de la vivienda, y en otras oportunidades en el interior del camión que utilizaba para trabajar, abusó sexualmente de su otra hija -nacida en el 77-, en plurales oportunidades y de manera habitual dos o tres veces por semana, obligándola a realizar prácticas abortivas en las ocasiones que quedaba embarazada como resultado de dichas violaciones, ya fueran en forma personal mediante la aplicación de inyecciones y otros, en el domicilio de la calle Cabral, con la complicidad de una mujer quien efectuó maniobras abortivas en la víctima cuando tenía embarazos de cuatro y de seis meses de gestación.

Cabe consignar que el imputado fue extraditado del país vecino de Chile, donde se había ido a vivir junto a su nueva pareja, con quien también formó otra familia.

CONCLUSIONES

Los jueces señalaron que el relato de los abusos y de violencia física que expusieron ambas hermanas, no dejaron resquicio que permitiera considerar como posible la mendacidad respecto de los hechos vividos durante su infancia y adolescencia. Muestra de ello, fue la actitud común de ambas hermanas de dirigir sus miradas hacia el acusado como buscando respuesta al por qué de los hechos. En tales situaciones el acusado se mostraba inmutable, como ajeno a los relatos que escuchaba.

En un sólo momento, el acusado intentó “balbucear” alguna palabra cuando una de las chicas, mirándolo a los ojos, le recriminó una de las palizas que le había pegado con una madera, dejando su cuerpo marcado y lastimado.

Pero, además, los testimonios de las hermanas han recibido suficiente apoyo probatorio para robustecer su verosimilitud y credibilidad en distintas y variadas circunstancias, que en modo independiente, permitieron despejar cualquier duda al respecto.

En respaldo de esta apreciación concurren los informes producidos por la Perito psicóloga María Eugenia Navarro, el segundo de ellos en conjunto con la Perito Médica psiquiatra Cristina Garófalo. Ambas profesionales ratificaron en la audiencia en similares términos sus respectivos informes.

Los hechos referidos por las víctimas, han sido corroborados con el nacimiento del chiquito y con el hallazgo de restos fetales enterrados en el patio de la vivienda como así también, acreditantes de la responsabilidad penal que en los mismos debe reclamarse al acusado. Así surge por la acreditación científica referida en las conclusiones del informe de análisis de vínculo biológico, mediante análisis comparativo de ADN efectuado, el cual concluye en base a las comparaciones de los marcadores genéticos estudiados: la compatibilidad genética del acusado como padre de una de las denunciantes, la probable maternidad que se atribuye a ésta de los restos fetales (99,9994 %) y la paternidad que de los mismos restos debe atribuirse al acusado .


Los testimonios del horror

Una de las hermanas contó frente a los jueces que vivía en el domicilio familiar, junto con sus siete hermanos y sus padres hasta antes de cumplir los 15 años, en que su madre se fue de la casa quedando todos los hermanos con su padre.

Los abusos de su padre fueron desde los 13 hasta los 18 años, que tuvo trece abortos provocados, el último de un embarazo de 6 meses a los 18 años.

Reseñó que era habitual que su padre la golpeara cuando algo no le gustaba o le incomodaba, que lo hacía con sus manos y puños y patadas.

Los abusos sucedían en la casa, de noche y de día cuando no había nadie más o estaban durmiendo, a veces también en los vehículos cuando salían con él a repartir garrafas y tubos de gas.

Siempre su padre recurrió a la violencia y las amenazas para tener relaciones, alguna vez lo hizo con un arma -refiere a un revolver que tenía debajo de la almohada-.

Dijo que no consintió nunca las relaciones sexuales, que ello lo expresaba queriéndoselo sacar de encima o llorando, que entonces se ponía mas violento le decía “te quedás quieta”, con un modo de hablar que asustaba mucho; que la obligaba a sacarse la ropa o sino se la corría él, que no podía evitar ser abusada, “te obligaba”, si se negaba “agarrate al otro día”; que para concretar los actos sexuales siempre la intimidó con golpes o con palabras, como que si le pasaba algo a un hermano le decía “que era por su culpa, por no querer hacer lo que él quería”.

El último aborto que le hizo hacer fue a los 18 años y fue la última época en que abusó de ella, porque empezó a salir con el papá de su hija, a quien conoció porque iba a su casa, era amigo de su hermano mayor. Se unió a él como modo de escapar de la vida que tenía, decidió hacerlo y buscar un hijo para lograr la salida.

Actualmente está divorciada; explicó que no estuvo enamorada de su ex esposo, que no podía tener relaciones, que le daba asco y que cada vez que las tenía se bañaba, que él lamentablemente sufría, pero era por lo que había vivido con los abusos de su padre.

LOS ABORTOS

Recordó que el hecho que más la marcó fue a los 18 años, cuando estaba embarazada de cinco o seis meses, -nunca tomaba anticonceptivos ni él se cuidaba-, que fue obligada a abortar mediante amenazas “porque sino la ca... a palos”, así primero le hizo tomar cosas raras “pastillas de yeso, orégano, perejil” y como no pasaba nada terminó llevándola a hacer el aborto con la “Turca” Alí, en la calle Cabral, donde siempre la había llevado para lo mismo. Reseñó que ese día estuvo descompuesta todo el tiempo, que a la noche permitió a todos sus hermanos ir a bailar, y fue en el transcurso de la misma que “parí a ese bebé”. Su padre estaba cuando lo expulsó, lo tomó y se lo llevó. Lo metió dentro de una bolsa, le pegó un golpe con una pala y luego lo enterró debajo de un cordel calesita en el patio de la casa.

La víctima afirmó haber escuchado llorar al bebé antes de que lo enterrara su padre. Refirió que cuando estaba mal iba a llorar a ese lugar y, cuando su padre la veía, le decía “salí de acá,... que llorás”.

El día que la policía hizo el allanamiento en la casa, ella indicó el lugar en que fue enterrado el bebé que había nacido vivo y lo escuchó llorar. Recordó que ese día intentó matarse, había dicho la verdad, el bebé estaba ahí envuelto como ella lo había dicho. Antes nadie le había creído.

La joven admitió que muchas veces quiso matarse o quiso matarlo a él (su padre) pero que nunca había tenido las agallas para hacerlo. Dijo que no lo odia, pero no puede perdonarlo. Que si llegó al juicio es porque necesitaba que se haga justicia, “él me arruinó la niñez y la adolescencia”, dijo en un relato descarnado.
Sobre el presente, la chica confió en que no sabe lo que es tener relaciones con un primer novio o con el amor de su vida. La primera relación sexual que tuvo fue con el hermano de su padre y luego con él. Que eso se lo mataron, no le permitieron elegir con quien querer tener relaciones. Que se demostraba en la vergüenza, no podía decirle a su novio que no había tenido relaciones y que era su padre quien abusaba de ella. Que hoy que tiene una nueva pareja mantiene la vergüenza, pero la persona que tiene a su lado la entiende mucho y la apoya.
De su intento de suicidio, añadió que fue internada en Salud Mental del Hospital, continuando hasta el presente con terapia psicológica.
Sobre los motivos que la llevaron a denunciar a su padre, dijo haber visto a su hermana golpeada y que estaba cansada de estas situaciones por haber visto tanta violencia. Ahora que estaba más grande y con fuerzas, se sentía más responsable y ello la llevó a tomar la decisión.

LA OTRA HERMANA

Al turno de la otra hermana víctima de su padre abusador, recordó que cuando tenía 15 o 16 años le encontró una carta de un chico que vivía en el barrio –hijo de un policía-, que cuando llegó a su casa su padre estaba esperándola para preguntarle qué era esa carta, la deponente le decía que era de un amigo y él le decía que era de un novio y por qué la había escondido, que con ese muchacho nunca tuvo ningún encuentro, no tenía contacto con aquel. Que cuando se casó su hermana, los controles hacia ella se potenciaron, que su padre le decía: “como que estaba enamorado de mí, que quería que fuera solo suya, que nunca iba a tener a nadie que me quisiera como él”, que eso duró hasta que la deponente hizo la denuncia.

Que al poco tiempo que se desarrolló, cuando tenía 14 años, su mamá empezó a hablar que era señorita y supuestamente el padre se enteró y desde entonces comenzó, diciendo que era un juego y que era normal. La primera vez que abusó fue cuando llegó a su casa, cuando no había otra persona y el acusado la llevó a su pieza, trabó la puerta, al decirle ella “que hacés” él le dijo que era normal, le dijo que se callara la boca, le pegó en la cara y luego abusó de ella. Luego fue al baño y vio que le salía sangre, le dijo “me lastimaste”. Los abusos se reiteraron hasta el año 2003.

Que la vivía insultando, la golpeaba y la amenazaba, inclusive con un revólver. “Me puso el revólver en la cabeza para que accediera a tener relaciones con él”, dijo, para luego recordar que al tiempo luego de nacer su hijo le exigía tener relaciones y que si no accedía a lo que él quería iba a matarlo, que el niño nació cuando ella tenía 18 o 19 años. Es hijo de la relaciones con su padre.

Refirió que mientras estuvo embarazada, tenía cinco meses de embarazo y el imputado se lo quería sacar aplicándole golpes en la panza, como así también pretendía llevarla para que se lo sacaran, `pero ella no quería, porque más allá de que era fruto de esa relación “era una personita que estaba en mi panza”.

Después del nacimiento cuando ella tenía 18 años siempre la amenazaba con hacerle algo al hijo. Que cuando la golpeaba, ella también trataba de golpearlo para que no lo hiciera, pero que siempre terminaba ganando él y hacía lo que quería.

En una oportunidad su madrina al verla mal le preguntó si le pasaba algo y le contó. Ella le creyó los abusos y llamó a su padrino, con quien llamaron a su abuela materna y la llevaron a la comisaría Primera, la pusieron en un cuarto y escucharon lo que decía –ella era menor-. Hasta allí llegaron su padre y su madre, allí se arrodilló, pidiendo que lo perdonara si se había portado mal con ella y que volviera a la casa con él, que nunca más lo iba a hacer.

La joven no olvida que el policía supo decir que era una escapada de adolescente y le dijo que entendía que era una rebeldía de adolescente, y así la mandaron a su casa con su padre y su mamá. No le tomaron la denuncia pese a lo que les había manifestado.

Refirió que al cumplir los 21 años es como que “me incline a ser más fuerte y encararlo y a tirarle con lo que tuviera y llegar a decirle que lo odiaba y era un ser despreciable para mí, que era un ser enfermo, que siempre me arruinó la vida, no me dejo disfrutar de la juventud y no tener amigos”.

Explicó las diferentes personalidades, de su hermana más frágil, sumisa, y de ella, más rebelde, de hacer frente y no hacer caso, quedando siempre como la que empezaba las peleas con su padre, quien siempre logró el silencio por las continuas amenazas.


El hijo del abuso

Sobre el hijo de una de los chicas, dijo a los jueces que es producto de las violaciones de su padre, y hace dos semanas que le pregunta por quien es su papá. Señaló que el niño tiene un carácter muy especial, vive abrazándola y ella no puede hacer lo mismo porque le hace recordar lo que le hizo su padre, le pregunta por su papá y no sabe qué responderle, tiene miedo que le eche la culpa a ella, o que se vaya de la casa o que le salga como su padre-abuelo.

Que ha consultado con el psicólogo cómo preparar a su hijo para decirle la verdad, pero que el profesional primero está trabajando con ella para ayudar a tratar el tema con su hijo.

Respecto a su hijo, confió en que tiene sentimientos ambivalentes: un rechazo por el que le cuesta abrazarlo, pero si tiene que defenderlo lo va a hace. No lo odia porque es una criatura y no tiene la culpa de nada, pero le cuesta decirle palabras cariñosas, cuando el niño es recurrente en preguntarle “mamá, ソvos me querés?” y ella no sabe qué responderle.

Agregó la joven que cuando su hijo tenía dos años, nació otro hijo quien sobrevivió por veinte días, al no resistir su corazón el sufrimiento fetal por los golpes que le propinó su padre sabiendo de su embarazo y su negativa a interrumpirlo. Recordando una oportunidad en que encontrándose acostada en la cama el imputado le apretaba la panza con toda la fuerza de sus brazos para que lo expulsara.

Embarazos interrumpidos

Frente a los abortos ejecutados según los relatos de las víctimas, el Tribunal dispuso remitir a la UFI en turno copia certificada de las partes pertinentes de las presentes causas, y atento la posible comisión de delito de acción pública, por parte de Carmen Alicia Alí, en relación a las interrupciones de embarazos manifestadas por las testigos. En especial respecto del feto de seis meses de gestación que pudo nacer con vida del que se impone una profundización en el estudio de los restos para determinar la existencia de rastros de golpes en el mismo.

 
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