9 de enero de 2011
MAGDALENA JOSEFA SIGNORELLI DE BARANTHOL (JOSEFINA)
El pasado 29 de diciembre, falleció Magdalena Josefa Signorelli de Baranthol (Josefina), causando un profundo dolor entre sus seres queridos, familiares y amigos.
“Josefina” nació el 17 de agosto de 1909 en el hogar formado por Juan Bautista Signorelli y María Bestelli y sus seis hermanos: Juan Bautista (f), Carlos José (f), Luis José (f), Sor María Angélica (religiosa), Pedro Pablo y Eduardo Augusto. Su infancia transcurrió en el barrio La Movediza, del lado que cayó la piedra, ya que su padre era canterista.
En noviembre de 1915, cuando contaba con seis años, falleció su madre y, posteriormente, en mayo de 1916 sufrió la pérdida de su padre. Por tal motivo, sus abuelos paternos llegaron de Italia para cuidarla a ella y a sus hermanos, fue por ese motivo que debió mudarse a De la Canal en donde residían otros familiares. En dicho lugar comenzó a cursar sus estudios primarios con la maestra Juana Gabriela Etcheverry de la escuela Nコ 15.
Sin embargo, una vez terminada la guerra sus abuelos deciden regresar a Italia con sus nietos Pedro y Angélica, ya que ella decidió quedarse junto a la familia de quien era su maestra (de esta manera evitó separarse de sus hermanos mayores que ya vivían en la zona).
Años más tarde se casó un mes de octubre con Francisco Baranthol, quien era descendiente de vascos franceses que habitaban en la zona desde 1904. De esa unión nacieron en 1932 Susana Gloria y en 1933 José Bernardo, quien falleció en 1947. Quedó viuda en 1978 pero a pesar de eso siguió viviendo en el mismo lugar hasta el 2007, cuando sufrió un accidente casero que la obligó mudarse hacia nuestra ciudad ya que no se podía movilizar por sus propios medios.
Su vida transcurrió atendiendo a su hogar, pasando por penas y alegrías que superó gracias a su enorme fe religiosa.
Se destacó por el cariño brindado a su marido, hijos y nietos. Junto a su esposo e hija colaboró con la cooperadora de la escuela y, además, brindó apoyo en la catequesis en la capilla Sagrado Corazón de Jesús con mucho entusiasmo hasta su final.
Vivió con mucha pena el incendio del Club Defensores y se alegró mucho a ver las nuevas instalaciones. Asistió a muchas reuniones sociales y no fue ajena a la colaboración de la sala de primeros Auxilios. También se dedicó mucho a la lectura y a tejer, hasta que disminuyó su visión.
La acompañaron en momentos difíciles familiares y amigos a los que mucho eternamente agradeceré. Se destaca especialmente a Laura Rotonda, enfermera, quien la atendió siempre con mucha dedicación y afecto, a Mary quien alguna vez la reemplazó. Al kinesiólogo, licenciado Germán Torres quien aparte de alivianarle el dolor le mantuvo siempre viva la ilusión de caminar. Al doctor Rubén Franchino, médico de familia, y al personal de Cami que acudieron varias veces en su ayuda. Al padre Héctor Baiza y al diácono Juan Moyano, quienes con su ayuda espiritual la ayudaron a sobreponer su larga inmovilidad. Y a la doctora Gladys Brugnone que la atendió durante 30 años en su consultorio. “Que Dios los bendiga a todos ellos”, Susana
Josefina, falleció el 29 de diciembre y sus restos fueron sepultados el 30 de diciembre en el cementerio privado Pradera de Paz.
RODOLFO ANTONIO SASIAIN
El 26 de diciembre falleció Rodolfo Antonio Sasiain, un querido y respetado hombre que contaba con 87 años de edad.
“Tito” Sasiain nació en Maipú el 9 de octubre de 1923, pero desde muy joven se radicó en esta ciudad, trabajando como empleado ferroviario, conformando una hermosa familia junto a su esposa Elba Anthelia Azoz y a su hija Susana, quien le dio cuatro nietos: Pablo, Nicolás, Milagros y Federico, los que le dieron la alegría de tres bisnietos: Agustina, Ramiro y Benjamín.
Fue un hombre que vivió una vida plena y feliz, junto a su familia y amigos de siempre, entre mates y asados. compartiendo sus vivencias. Fue un gran ejemplo de vida.
“Amigo, abuelo, nunca olvidaremos tus consejos, tus miradas cómplices, tu sonrisa hermosa, tu carita de ángel. Hasta siempre Viejito, sos nuestro ángel que nos guía. 。Te amamos y te extrañamos. Gracias por todo!”. Tu familia.
JOSE MANUEL BALZA
El pasado domingo 26 de diciembre, en la ciudad de Lobería dejó de existir José Manuel Balza, con estrechos lazos de amistad en esta ciudad. El doctor Alfredo Rébori, decano – FCE – UNICEN, lo recuerda así:
“La vida y la libertad constituyen bienes inapreciables. Cuando alguno de ellos se ve lesionado las consecuencias y el impacto sobre nuestras mentes y corazones suelen ser devastadoras. Decidí escribir estas líneas, más que nada, desde el corazón.
Conocí a José Manuel Balza en varias de sus facetas: como alumno, dirigente estudiantil y tal vez lo más importante como persona. Balza fue energía pura, dedicación, compromiso, liderazgo, entusiasmo, vocación por mejorar el ámbito estudiantil y la Facultad, un poco acelerado me comentaban algunos y yo respondía: … mejor acelerado porque tiene mucha iniciativa, la virtud de preguntar y reconsiderar posiciones… Ojos claros, vivaces, reflejaban una mirada en la que en el mundo está todo por hacerse y mejorarse, siempre constructivo, insistente.
Pero hay un rasgo suyo adicional, el que más valoro: Balza era genuino, como el buen vino tinto, siempre de frente y siempre al frente. Rara característica, más en los jóvenes, genuino, como se lo veía, sin subterfugios, sin poses, autónomo, tenía sus pensamientos, los compartía con su grupo y los defendía con uñas y dientes pero sin obcecación.
Sigo viéndolo, con sus ojos claros y vivaces, atento a mi alocución sobre el informe de gestión del 2010, en la última reunión de Consejo Académico, el lunes 20 de diciembre, cuando asumía su rol de Consejero Estudiantil acompañado por los otros nuevos consejeros; al día siguiente cumplía 24 años.
Brindamos, nos saludamos… el domingo 26 de diciembre recibo la noticia inesperada… “la naturaleza es impersonal y fría” dijo un científico en una reunión de filósofos, científicos y teólogos que debatían el origen y evolución de la vida y el hombre … siempre me impresionó esa frase y, confieso, que me vino a la mente casi de inmediato, es una respuesta a la pregunta que emerge inevitablemente: Por qué? No obstante, como creyente tengo alguna otra respuesta no sin cuotas de incertidumbre.
Hablando con uno de sus compañeros, le pregunto: sos creyente? Sí, me responde. Por qué me preguntás? Le digo: porque es difícil tener respuestas a hechos como éste… y el chico me dice más o menos así: me parece importante el mensaje que deja con lo que hizo y lo que fue y como vivió… y pienso… eso tendríamos que rescatar de la dolorosa y trágica situación, rescatar el mensaje que nos dejó con su carácter enérgico, su entusiasmo, dedicación, compromiso y sobretodo dos cosas: su honestidad y su visión de que el mundo está por hacerse.
Todos aquellos que tuvimos la oportunidad de conocerlo en la Facultad esperamos que así sea y que estés donde estés sepas que nos dejaste tu huella y que te extrañamos y vamos a extrañarte mucho”.
ELIDA BEATRIZ ALBARIムO
Profundo pesar y tristeza ha provocado la noticia del fallecimiento de Elida Beatriz Albariño, una querida y estimada mujer que contaba con 87 años de edad.
Elida nació el 12 de septiembre de 1923 en Mar del Plata; muy joven se trasladó a Capital Federal y en la provincia de Buenos Aires. Quedó viuda cuando su hijo Adolfo tenia 5 años.
Luego se radicó en esta ciudad, junto a sus hermanas Alicia y Noemí (enfermeras) y se casó aquí en segundas nupcias vez con Raúl Etcheverry, donde tuvo a su cargo a su sobrina Alicia Elena.
Se destacó por ser una mujer extraordinaria, bondadosa, siempre emprendedora; adoraba a sus nietos y a su hijo Adolfo; trabajó toda su existencia y con mucho sacrificio crió a su hijo.
El pasado domingo 26 de diciembre, partió de este mundo, tras soportar los procesos de una enfermedad terminal, que la llevó a la muerte.
Sus restos, previo velatorio, recibieron cremación en el cementerio Las Acacias, de Necochea.
Dedicatoria:
El cielo está de fiesta
ha llegado la mujer más bondadosa del mundo
una mujer inigualable diría extraordinaria
llena de amor de solidaridad.
Ya está en el cielo con Dios seguro ofreciéndole
todo lo que le llevó dentro de su corazón
El cielo está de fiesta
ha llegado mi mamá...
Tu hijo Adolfo: por siempre 。gracias Mamá!
ROSARIO DIAZ CISNEROS
A la temprana edad de 20 años, el 23 de diciembre falleció Rosario Díaz Cisneros, sumiendo en tristeza y angustia a sus familiares y amigos.
Rosario nació en esta ciudad el 5 de noviembre de 1990; era una hermosa bebé, la segunda de la familia; su hermana mayor, Pilar de apenas un año y nueve meses, la miraba con curiosidad en su cuna. Precoz como pocas, Ro (como le decíamos cariñosamente) aprendió a caminar antes del año y a hablar pocos meses después.
Ya con tres años ingresó al Colegio Santo Domingo en la Sierra en donde asombraba por su rapidez para aprender cualquier cosa: estaba comenzando a leer sus primeras letras para nuestro asombro y ya manifestaba su gusto por la música y el inglés. Entró a primer año del primario sabiendo leer y escribir y aprendía con velocidad cualquier lectura que tuviera a mano.
Se trataba de una niña "especial" por su capacidad, pero no rara; tenía amigas y amigos sin dificultades para relacionarse con ellos. Sus profesores estaban admirados por su locuacidad y agudeza de pensamiento, muchas veces crítico. Ellos mismos le asignaban tareas extra dado que era siempre una de las primeras en finalizar los trabajos o pruebas.
Siempre notas brillantes, tenaz en sus decisiones, disciplinada en su formación, fue creciendo sin por ello dejar de divertirse con sus compañeras y amigos, que siempre la buscaban para una salida, un consejo o un trabajo que no pudieran resolver; también ayudaba a sus dos hermanos menores, Joaquín y Angeles.
Fanática del inglés, la música y la informática, tres disciplinas que dominaba admirablemente, además de haber sido dotada de una voz privilegiada con la que nos deleitaba en casa, en los concerts de su colegio como también en los del Instituto Holy Mary donde siempre estaba invitada a participar; estudió canto primero en el taller de Andrea Demarco y luego con Marisa Rivera.
Seguía cosechando amigos y compañeros en los sitios donde participaba; todo el mundo conocía a "Rose", como la llamaron después. Comenzó a volcarse con especial interés a las actividades laicas como las Misiones del Colegio Santo Domingo, iniciándose también en el Cenáculo (retiro espiritual), para luego participar también ayudando y coordinando más tarde algunos de ellos.
Su inclinación religiosa se hacía cada vez más fuerte en sus convicciones, aunque al momento de finalizar sus estudios secundarios, claramente había definido que ella amaba la docencia, el inglés y la música; su sueño era estudiar la Licenciatura en Inglés en la UCA para regresar a Tandil, enseñar en su amado colegio y colaborar en la organización del concert.
Fue premiada por el Instituto Cambridge por el segundo mejor examen de la Argentina en una de las disciplinas rendidas el último año del secundario. Ya en Buenos Aires estudiando la Licenciatura en Inglés, decidió que necesitaba más, por lo que comenzó también a estudiar francés y pintura, volcándose en este último caso a los temas religiosos.
Mientras realizaba todo esto, viajó en varias ocasiones a Tandil para colaborar con otros Cenáculos y ya estaba organizando tiempo de sus vacaciones para participar en la Misión Universitaria.
Llegó desde Buenos Aires tres días antes. El día anterior a su fallecimiento, como si supiera de su partida final, estuvo repasando con sus hermanos, sus fotos y cuadernos de la infancia; al día siguiente se conmemoraban los 19 años de creación del Colegio Santo Domingo y a la noche se reunirían los jóvenes; con motivo de esta celebración, Ro, que había pintado un excelente cuadro del Santo Patrono del Colegio, decidió donarlo. Posteriormente, durante dicha celebración y acompañada por sus hermanas en la interpretación, cantó de Alanis Morissette "Que yo podría estar bien" (That I would be good), canción por demás sugestiva y mientras cantaba, inclinó su cabeza y cayó para no levantarse más.
Así fue su última presentación, rodeada de amigos, familiares y compañeros cantando en su amado colegio, sin sufrimiento, sin dolor. La multitud que la acompañó en su breve velatorio en el Oratorio del Colegio al igual que la interminable caravana que se sumó a los cientos de personas que la esperaban en su última morada, demuestran a las claras el aprecio por nuestra querida Rose en su breve vida.
GLADYS BEATRIZ ALEN
Después de una larga y cruel enfermedad, el 30 de diciembre de 2010 dejó de existir Gladys Beatriz Alen, quien en vida fue una mujer con todas las letras.
Gladys se caracterizó por ser una luchadora. De muy joven trabajó para ayudar a su familia a la que tanto quería, especialmente a su madre que falleció antes de los 50 años.
En su juventud tuvo la vocación de estudiar enfermería, carrera que le sirvió para trabajar en el Sanatorio Tandil siempre con mucha dedicación ayudando a todos siempre desinteresadamente.
La llegada de su primer hijo trajo gran alegría a su hogar. Fue madre y esposa ejemplar criando a sus hijos Damián, Germán y Andrés con mucho amor y bondad.
Beatriz te vamos a extrañar siempre, ya estas en paz y con dios. Tu esposo Julio, tus hijos Damián, Germán y Andres, tu nietita Agostina y tu nuera Mariana. Todos te vamos a querer siempre.
Quiero olvidar que vivo, llévame adonde sea,
Enrédame en tu alma, la aurora centellea
Tomame en tus manos como blanco capullo
Llévame. Esta la noche muy negra y sombría
La muerte por los mundos anda de cacería.
Hazme olvidar lo mucho que me pesan los hombros
Esta carga pesada de pesados escombros.
Libérame. En tus manos yo quiero pesar menos
de lo que pesan - luces – los pensamientos buenos
Liviana más que en el aire, más que el aire liviana.
Como globo de aromas que asciende en la mañana
Ho, muerte yo te amo, pero te adoro, vida
Cuando vaya en mi caja para siempre dormida,
Haz que por vez postrera
Penetre en mis pupilas el sol primavera
No me asusta el descanso hace bien el reposo
Un día estaré muerta, blanca como la nieve,
Dulce como los sueños en la tarde que llueve
Un día habré logrado el sueño vespertino,
El sueño bien amado donde acaba el camino
JOSE LUIS SANCHEZ GIMノNEZ
Días atrás, en la localidad de San Antonio, San Luis, falleció José Luis Sánchez Giménez cuando tenía 89 años.
Sus seres queridos, quieren hacerle saber a quienes lo conocieron en Tandil, que él nunca olvidó a su querida ciudad y si bien hace 17 años debió abandonarla para ir junto a su familia, siempre que tenía la oportunidad la mencionaba para que todos supieran lo importante que era para él.
José, de pura sangre tandilense, nació en el barrio La Estación ya que su padre era ferroviario y en dicho lugar pasó gran parte de su infancia. Posteriormente, al morir su padre junto a su madre y sus dos hermanos, se mudó al barrio La Movediza en donde vivió hasta que se casó con Juana. Con ella conformó un hogar ejemplar compuesto por ellos dos y sus dos hijos: Manuel y Martín.
Siempre se dedicó a la construcción. Si bien su fuerte era la albañilería, también se daba maña para hacer tanto trabajos de electricidad como de plomería. Gracias a esta profesión se ganó un nombre y cosechó grandes amigos.
Por cuestiones laborales uno de sus hijos hace un par de décadas debió mudarse a San Luis. A dicho lugar, José Luis debió trasladarse hace algunos años por cuestiones de salud, que lo obligaron a tener un cuidado permanente por parte de sus seres queridos.
Sus familiares queremos darle las gracias a todos aquellos que hoy nos siguen preguntando por él. A todos ellos le decimos que “José descansa en Paz y que nunca los olvidó”.
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