13/01/2021

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River se fue de la Copa a pura dignidad­

Ya lo había dicho Marcelo Gallardo. La única manera de pasar a la final era teniendo una noche épica. Un partido perfecto. Esos que que se muy de vez en cuando en el fútbol, pero que existen. El 3-0 a favor del Palmeiras en el partido de ida hablaba por si mismo.

Era a matar o morir. Y la verdad es que murió de pie, si es que existe la figura. Se fue con la frente alta de la Copa Libertadores y sin merecerlo. Pasó Palmeiras por esas cosas del fútbol. River fue todo dignidad y más. Pero no le alcanzó.

Tal como lo habían imaginado el Muñeco y sus muchachos, gladiadores mil batallas, salió ese primer tiempo que terminó 2-0 en favor de los Millonarios, Un escenario casi ideal, porque claro, faltaban otros 45 minutos y un gol más (y que no le marcaran ninguno, para recién ir a los penales). Y todo le salió perfecto en el PT al elenco argentino. Casi todo.

Un detalle de que le iba a ir bien entonces, ocurrió a los 9 minutos. Fue cuando Armani, quien venía de jugar dos malos partidos, salvó un mano a mano tremendo ante Rony. Por entonces River ya era dueño del partido pero no podía convertir. Con tres centrales Pinola-Rojas-Díaz y los dos laterales (Montiel y Angileri) devenidos en casi delanteros, el elenco de Gallardo iba, intentaba. Pero chocaba contra una muralla verde que se juntaba todo el tiempo cerca del arco de Weverton para salir a dar la estocada.

Pero River mantenía el control y la calma. Y de tanto insistir, encontró la apertura con un cabezazo espectacular de Rojas, tras un córner. Ese 1-0 ya le dio otro semblante al encuentro. Si bien la distancia seguía siendo larga en favor de los brasileños, la ilusión era otra. Y la imagen óptica muy clara en favor del visitante. Hubo algún que otro disparo desde fuera del área de Palmeiras pero nada más. Y entonces llegó el segundo. El que marcó Santos Borré antes del cierre del primer capítulo y que llenó de preguntas al dueño de casa que, ahora, le llevaba apenas un gol de ventaja a su rival cuando se fueron al descanso.

Todo fe fue River en el complemento. A los 6 Montiel marcó un golazo que el VAR, insólitamente, anuló. A los 23 se fue expulsado Rojas y pareció que ya nada iba a cambiar. Pero a los 28 hubo un penal que dio el árbitro a Suárez pero, otra vez, al rato, el VAR lo anuló. Y la noche mágica comenzó a desvanecerse para un River heróico en su conjunto. Merecía más, jugaba con uno menos. Y Palemiras a lo único que apostaba era al 0-2 en contra para pasar a la final de manera, aunque sea, angustiosa. Así pasó.

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