16 de octubre de 2022
"Soy turista en Tandil. Es imposible descansar por la
violencia de las motos con los caños de escape liberados", señaló la mujer, respecto de lo que soportó entre la noche del sábado y la madrugada de este domingo.
Y remarcó que "a las 2 de la mañana no paraban de correr a
velocidad elevada y generando ruidos permanentes", para luego deslizar una de
las sentencias más temidas por los prestadores turísticos locales que se
esfuerzan por posicionar este destino como el lugar ideal para el relajo y la
pausa: "sin dudas no volveré", lanzó.
Susana, oriunda de Buenos Aires, comentó que tenía prevista
una nueva estadía en Tandil, en noviembre, "la que suspenderé" y luego, en
consonancia con el reclamo de innumerables vecinos de varios sectores de la
ciudad, apuntó que "nadie hace nada, no hay policía, y los pobres vecinos
sufriendo todo esto. El turismo sufre también este vacío".
Los grupos de jóvenes que se movilizan por toda la ciudad,
con escapes liberados, realizando contra explosiones y maniobras peligrosas, se
repiten durante las madrugadas de los fines de semana, y parecen un problema
sin solución a corto plazo para la Secretaría de Protección Ciudadana, que
hasta el momento solo dispuso más operativos de tránsito, con el objetivo de lograr
un mayor control sobre las motos y secuestrar aquellas que no están en
condiciones de circular.
Sin embargo, el malestar y las quejas vecinales abundan,
especialmente para aquellos que residen en inmediaciones del Lago, del Parque y
de las principales avenidas, y ahora, el enojo se instala también, en los
turistas que, de igual modo, padecen la tortura de los insoportables ruidos
motorizados.
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