1 de abril de 2026

Víspera de los 50 años de la institución

Víspera de los 50 años de la institución . El guardián de los juegos: Pablo Arnaiz y la mística del Jardín Zarini

Hay una foto que lo explica todo. No es la de un podio, ni la de un gol agónico en el fútbol local, aunque Pablo Daniel Arnaiz sepa de esas pasiones. La imagen que lo define hoy, a sus 48 años, lo encuentra sentado en el piso, con las piernas cruzadas y el lomo encorvado hacia la risa de los bajitos. Ahí, entre delantales a cuadros y sueños en miniatura, Pablo entiende que la verdadera "Técnica 1" -donde se formó de pibe- o el rigor del Instituto de Educación Física, fueron apenas escalas para llegar a su lugar en el mundo: el Jardín "Dr. Osvaldo Zarini".

Hijo de la escuela 53 y de la formación pública, Arnaiz es un tipo aplomado. En estos tiempos de vértigo y pantallas, su serenidad es un acto de rebeldía. Se recibió en el 2001, ese año donde todo parecía romperse, y quizás por eso sabe cuidar tanto lo que se construye. En 2009, la oportunidad del nivel inicial le golpeó la puerta. Tuvo dudas, claro. ¿Un "profe" de patio entre salas de 3, 4 y 5? Pero el Zarini, ese rincón de la UNICEN que nació de la "buena vecindad" y hoy es faro regional, lo terminó de moldear.

"Lo que más disfruto es ver disfrutar a los niños. Ese jugar por jugar a uno lo llena. Me apasiona crecer como profesional y como ser humano junto a las docentes", suelta Pablo con la calma del que no tiene nada que demostrar y todo por aprender.

En el Zarini, la educación no es un trámite; es una coreografía. Los viernes, las ideas "danzan" entre música, teatro y expresión corporal. Allí, Pablo no está solo: es parte de un engranaje donde la preceptora, la psicóloga, la pediatra y hasta quien prepara la merienda, entienden que están fundando ciudadanos. El ZOOM del jardín, colmado de materiales, es su laboratorio; y los patios descubiertos, su templo.

Como bien supo decir alguna vez la pedagoga Adriana Puiggrós, referente ineludible de nuestra educación: "La escuela pública es el lugar donde se produce el encuentro con el otro, el espacio donde el Estado garantiza que el punto de partida no sea un destino marcado, sino una oportunidad abierta".

Y eso es el Zarini en la víspera de sus 50 años: un abrazo de la Universidad al territorio. Pablo Arnaiz, el hombre que cambió los botines por la enseñanza en el rincón de los juegos, es el testigo fiel de que, cuando lo público se gestiona con amor y pertenencia, el futuro tiene donde jugar.

(Alejandro Latorre)

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