6 de abril de 2026
Está ahí, aunque la vorágine de los expedientes a veces lo vuelva invisible para el ojo apurado. Siempre dispuesto, siempre atento, portando esa sonrisa que parece ser el último refugio de la amabilidad en tiempos de urgencias. Gustavo Pina camina el pasillo con un oficio heredado que le corre por las venas: el del Gran Pascual. Porque él sabe, como los buenos actores y los tipos macanudos, que la función no es solo cosa de cartelera; la vida es un escenario ambulante y constante donde la función debe seguir, pase lo que pase.
Muchos ven en él a ese "Eliseo" de la ficción, por su precisión para tener todo bajo control y esa paz que transmite al resolver los olvidos de los estudiantes o las distracciones propias de quienes habitan el mundo de las ideas en Pinto y Chacabuco. Pero el muchacho de las zapatillas semirockeras es, sencillamente, un tipo totalmente bueno. Gustavo es la verdadera puerta de entrada a esta usina de sueños, el primer apretón de manos en esa casa de estudios que proyectaron Zarini y otros tantos visionarios para que Tandil, Azul, Olavarría y Quequén no dejen de crecer.
A este cronista le hubiese gustado encuadernar un trabajo con el medio siglo de la UNICEN rescatando a sus cincuenta personajes esenciales. Sin embargo, quizás ese trabajo no necesite una imprenta oficial: se está redactando ahora mismo, día a día, en los medios de nuestra zona, en las redes sociales y en el corazón de la comunidad. Estas líneas son apenas un capítulo necesario para dibujar la figura de Gustavo: uno de esos "tornillos" fundamentales sobre los que se apoya el progreso social de nuestra región.
Vaya para él este abrazo literario, modesto y austero, nacido del susurro de un cronopio que se sabe parte de una historia grande que se escribe todos los días en el llano, cuidando el legado de los que se animaron a fundar una universidad de puertas abiertas.
(Alejandro Latorre)
COMPARTE TU OPINION | DEJANOS UN COMENTARIO
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.
Mediante un comunicado, la Comisión Directiva del Club Santamarina aclaró la situación de la institución con su exentrenador Carlos Fernando Navarro Montoya, y con el restaurante local que hizo pública una abultada deuda.