21 de mayo de 2026
Una de las épocas que marcó la historia del Turismo Carretera fue sin dudas cuando se corría en ruta o en los llamados circuitos semipermanentes. Uno de los más recordados fue el de Tandil que combinaba sectores muy veloces con lentos. El que recordó lo que era correr allí fue el histórico Oscar Castellano.
"Tandil fue el mejor circuito que manejé por lo técnico. También Potrero de los Funes, que fuimos una sola vez, pero hermosísimo por lo técnico. Pero Tandil con 32.5 kilómetros era largo y estaba dotado de todo tipo de curvas, de pisos. Tenía sectores lentos, medio, subidas, bajadas, era una maravilla", expresó Oscar Castellano en Carburando Radio.
En la historia del Turismo Carretera, pocas palabras despiertan tanto respeto y nostalgia como "Tandil". No era una carrera más en el calendario; era la prueba de fuego, el examen final donde los hombres se diferenciaban de los nombres. Conocido popularmente como el "Nürburgring Argentino", el circuito de las sierras bonaerenses se ganó ese apodo no por un capricho del marketing, sino por una geografía que tenía saltos, curvas ciegas, trepadas y una extensión que hoy parece de ciencia ficción: 32 kilómetros de adrenalina pura.
Correr en Tandil era asumir un desafío donde el error no se perdonaba. El trazado, que utilizaba las rutas provinciales 30 y 74, obligaba a los pilotos a mantener una concentración absoluta durante más de 30 kilómetros por vuelta. Allí, la velocidad máxima se encontraba con la irregularidad del asfalto y el paisaje fantástico de las sierras, creando una atmósfera épica que atraía a multitudes que acampaban durante días al costado del camino.
Lo que hacía a Tandil especial era su personalidad. El circuito tenía sectores que quedaron grabados en la memoria a fuego, como el cruce de "El Gallo" o la mítica bajada de Belén. Los autos de TC, en su época de mayor esplendor de los semipermanentes, volaban literalmente sobre las lomas. Los motores sufrían el esfuerzo de las largas rectas, mientras que las suspensiones y los frenos eran puestos a prueba en las constantes ondulaciones del relieve serrano.
Nombres como Roberto Mouras, Oscar Castellano y Emilio Satriano escribieron páginas de gloria en este suelo. Ganar en Tandil era recibirse de piloto; era demostrar que se podía domar a la "bestia" de asfalto. La destreza conductiva aquí valía tanto o más que la propia potencia de los autos.
1992: el año de la última carrera
El 8 de marzo de 1992 marcó un antes y un después. Aquella jornada, Tandil albergó su última carrera oficial. El ganador en la final por suma de tiempos fue Juan Manuel Landa con la Dodge, escoltado por el "Chueco" Romero y por Fabián Acuña. Ese día, el TC no solo terminaba una competencia; estaba bajándole el telón a un circuito que quedó en la historia de la categoría.
Un legado que sigue vigente
El circuito de Tandil permanece como un lugar de peregrinación para los fanáticos. Quien hoy transita las rutas 30 o 74 puede intentar imaginar, entre el paisaje calmo de las sierras, el rugido de los motores a fondo, el olor a aceite y caucho, y el grito de la hinchada arengando el paso de sus ídolos.
Tandil no fue solo un circuito; fue la expresión máxima de la esencia del Turismo Carretera: el hombre, la máquina y el camino. Por eso, aunque los boxes ya no se instalen en el acceso a la ciudad y el silencio domine la escena, el eco del Nürburgring Argentino seguirá retumbando en cada rincón de las sierras.
(Fuente: Ivan Dìaz Méndez, Carburando Radio)
COMPARTE TU OPINION | DEJANOS UN COMENTARIO
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.