31 de mayo de 2026
El Fondo Monetario Internacional publicó el 26 de mayo de 2026 una serie de recomendaciones de reforma tributaria para la Argentina que proponen ampliar la base del Impuesto a las Ganancias de la cuarta categoría -reduciendo el piso a partir del cual los trabajadores tributan-, extender la base imponible del IVA a bienes y servicios actualmente exentos, y reformar el régimen del Monotributo para elevar sus categorías.
Estas propuestas tienen un denominador común: recaen sobre los asalariados, los pequeños contribuyentes y el consumo doméstico. Es por eso que la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) considera que son reformas regresivas que reducen el poder adquisitivo de los trabajadores y encarecen la formalidad para los sectores de menores ingresos, sin tocar ninguno de los impuestos distorsivos estructurales que verdaderamente frenan la inversión, la producción y el empleo formal en la Argentina.
Para CAME, el FMI ignora por completo en su
diagnóstico el nivel de tributación subnacional, que es donde reside el nudo
fiscal más dañino para la actividad económica: el Impuesto sobre los Ingresos
Brutos y las tasas retributivas de servicios municipales. Es por eso que la
entidad empresaria pyme propone la convocatoria urgente de un Nuevo Consenso
Fiscal entre el Gobierno nacional, y las provincias y, a su vez entre los
gobiernos provinciales y los municipios, que tenga como eje central la reforma
estructural del sistema tributario subnacional.
El
problema real: el sistema tributario subnacional
El sistema tributario subnacional argentino
se caracteriza por una superposición de gravámenes -el IIBB provincial y las
tasas que deberían ser retributivas de servicios municipales- que en conjunto
representan entre el 2% y el 6% de las ventas brutas de una empresa, con
independencia de su rentabilidad. A diferencia del Impuesto a las Ganancias,
que grava utilidades reales, el IIBB es un impuesto en cascada que se aplica en
cada etapa de la cadena productiva, acumulando su efecto distorsivo a lo largo
de todo el proceso de producción y comercialización.
El aspecto más gravoso y menos visibilizado
de este sistema es el régimen de retenciones y percepciones que aplican las
provincias: los agentes de retención descuentan al contribuyente -antes del
momento de la declaración jurada mensual- importes que en la práctica superan
sistemáticamente el tributo que efectivamente le correspondería abonar. El
resultado es la generación de saldos a favor que el contribuyente nunca puede
compensar en forma plena.
Comparativa
de impacto: dónde está la carga real

Como se observa, los tributos provinciales
y municipales tienen un impacto directo y medible sobre la rentabilidad de las
empresas -expresado como porcentaje de ventas brutas- mientras que las reformas
propuestas por el FMI recaen sobre los ingresos de los trabajadores y el
consumo, sin aliviar en ningún punto la carga que soportan los contribuyentes
empresariales.
A la carga de IIBB provincial se suma el
impacto de las tasas retributivas de servicios municipales: la Tasa de
Seguridad e Higiene, la Tasa General de Inmuebles, la Tasa de Habilitación
Comercial y otras contribuciones de base indeterminada que en muchos municipios
equivalen a una alícuota adicional de entre el 0,3% y el 1,2% sobre las ventas
brutas, sin correlato verificable en servicios efectivamente prestados.
La proliferación y opacidad de estos
tributos -exigidos por más de 2.300 municipios con criterios heterogéneos-
constituye uno de los principales desincentivos a la inversión y a la
radicación de nuevas empresas en el interior del país, sin que ningún organismo
nacional ni provincial ejerza control efectivo sobre su racionalidad o
legalidad.
El
mecanismo que genera los saldos a favor
Las provincias diseñan sus regímenes de
retención y percepción como mecanismos de adelanto de recaudación: el fisco
cobra por anticipado importes calculados sobre el monto bruto de cada
operación, antes de que el contribuyente realice su declaración jurada mensual.
El problema estructural es que estas alícuotas de anticipo -fijadas por
resolución administrativa, no por ley- no guardan relación con la tasa efectiva
real del impuesto para cada actividad.
El resultado sistémico es el siguiente: las
empresas pagan más de lo que deben en cada operación, acumulan un saldo a favor
en su cuenta tributaria provincial y, en teoría, deberían recuperar ese
excedente ya sea por compensación con obligaciones futuras o por devolución
directa del fisco provincial. Sin embargo, lo que sucede en la práctica es lo
siguiente:
La compensación es insuficiente porque los
saldos nuevos que genera el régimen superan mes a mes lo que el contribuyente
puede absorber en su liquidación mensual.
La devolución no tiene plazo legal en la
mayoría de las provincias: los expedientes de devolución demoran entre 12 y 36
meses, durante los cuales el saldo pierde entre el 60% y el 80% de su valor
real por efecto de la inflación. Es de destacar que fiscos como el de CABA y el
de Santa Fe han aliviado este mecanismo con devolución exprés del saldo a favor
hasta un determinado monto.
Los regímenes se aplican también sobre
contribuyentes del Convenio Multilateral con coeficientes de distribución que
no reflejan la actividad real en la jurisdicción, generando retenciones sobre
base imponible asignada incorrectamente.
Ninguna provincia publica estadísticas del
stock de saldos a favor pendientes, lo que impide la cuantificación exacta del
problema y elimina toda posibilidad de rendición de cuentas pública.
En contextos de alta inflación como el que
ha caracterizado a la economía argentina durante el período 2021-2024, este
mecanismo opera como un préstamo forzoso sin remuneración al fisco provincial:
el Estado captura un beneficio financiero real a costa del capital de trabajo
de las empresas, sin que ello figure en ningún indicador de presión tributaria
oficial.
Propuesta
de un Nuevo Consenso Fiscal para el sistema tributario subnacional
Frente a este diagnóstico, CAME propone la
convocatoria urgente de un Nuevo Consenso Fiscal entre el Gobierno nacional y
las provincias, y a su vez entre los gobiernos provinciales y los municipios,
que tenga como eje central la reforma estructural del sistema tributario
subnacional. El objeto de este Nuevo Consenso Fiscal no debe ser la reducción
nominal de alícuotas -que puede revertirse por decreto-, sino el
establecimiento de reglas de juego permanentes que armonicen la base imponible,
los regímenes de retención y percepción, y los mecanismos de devolución en todo
el territorio nacional.
Seis
bases sobre las que debe edificarse el Nuevo Consenso

De todos modos, ningún acuerdo de
retenciones y percepciones será sostenible si el IIBB como tributo de base no
se racionaliza. El Nuevo Consenso Fiscal debe incluir el compromiso de eliminar
el IIBB en las etapas intermedias de producción, reservando su aplicación
exclusivamente a la etapa de venta final al consumidor -un modelo similar al
del IVA-, lo que eliminaría el efecto cascada y haría innecesarios gran parte
de los regímenes de retención actuales.
Esta reforma no implica perder recaudación
provincial: implica trasladar la base imponible hacia donde la carga es
económicamente razonable, mejorando la competitividad del sector productivo sin
afectar los recursos fiscales de las jurisdicciones.
La Comisión Arbitral del Convenio
Multilateral debe convertirse en el organismo ejecutor del Nuevo Consenso
Fiscal, con facultades para: homologar los padrones de agentes de retención y
percepción, validar los coeficientes de distribución por actividad y fiscalizar
el cumplimiento de los plazos de devolución por parte de las jurisdicciones. El
Convenio Multilateral es el único instrumento con legitimidad para coordinar la
acción tributaria de 24 jurisdicciones sin necesidad de reformas
constitucionales.
En resumen, reducir el poder adquisitivo de
los trabajadores mediante mayor retención de Ganancias no genera un solo puesto
de trabajo, no reduce la informalidad, no mejora la competitividad de ninguna
empresa y no ataca ninguno de los distorsivos que frenan la inversión
productiva. Por el contrario, contrae la demanda interna, erosiona el consumo y
reduce las bases imponibles provinciales y municipales, generando el círculo
vicioso que la Argentina necesita romper.
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