6 de junio de 2026
Hoy me tome el atrevimiento de tomar a La Lupa Random como un espacio de opinión y con la intensión de invitarlos a reflexionar, juntos y con respeto, sobre la violencia. Un tema que ésta semana ha llegado a un límite para muchos impensado y para otros tantos, esperado. Es triste, es angustiante, pero (tal vez soy muy romántica en mi pensamiento) no creo que sea imposible comenzar a trabajar para revertirlo.
por
Lorena Medina
Se termina una semana atípica para Tandil, triste y necesariamente recordable. En 24 horas se realizaron tres manifestaciones que tuvieron como eje la violencia. En la noche del martes, docentes auto convocados, rodearon la Plaza Independencia para visibilizar la brutal agresión que sufrió un profesor de música de manos de un estudiante, en el Colegio San José. El miércoles por la mañana, el Frente Unidad Docente llamó a una movilización para reclamar a las autoridades diferentes puntos que deben atenderse con suma urgencia para intentar trabajar la violencia en el ámbito escolar.
Por la tarde, a nivel nacional, por un año más, y con el
dolor del atroz femicidio de Agostina en Córdoba (entre otros), se desarrolló
una nueva marcha Ni Una Menos.
Por supuesto fueron marchas convocantes, aunque como
comunicadora y más aún portadora de La Lupa Random, no me quedo con los
títulos. Porque si bien, hubo adhesiones, también controversias, por eso siento
la necesidad de contar y generar el espacio para un intercambio sano, a partir
de esta opinión.
Tanto el hecho en el aula, como la violencia por motivos
de género son situaciones de las que nadie está exento y que conmueven a toda
la población. ¿Estamos de acuerdo?
La necesidad de visibilizar estas problemáticas, no
tienen que ver, creo yo, con la estigmatización de nadie, ni la
personalización, sino con la urgencia de abordar la violencia desde todas las
aristas y cuando digo todas, me refiero a sin banderas, sin colores, no "en
contra de", sino en busca de la sociedad que todos merecemos.
Y como en cada problemática a tratar, creo que el primer
escalón es poder pensar en qué grado de responsabilidad tenemos como individuos
en la construcción de esta sociedad que hoy nos duele tanto.
Porque hoy la violencia es un volcán en erupción que nos
está quemando a todos, pero, ¿desde cuándo venimos acumulando esta presión?
Los docentes cuentan que la violencia en las escuelas no
es ninguna novedad y que se llegó a un extremo. El sistema les ha quitado todas
las herramientas, pero sin embargo les exige ser actores fundamentales de un
ámbito que hoy no tiene como prioridad brindar contenidos, sino contener niños,
niñas y adolescentes. Y como nada es independiente de nada y todo tiene que ver
con todo (porque desde el inicio estoy hablando de la sociedad en su conjunto)
a este combo del sistema hay que sumarle toda la carga con la que esos chicos y
chicas llegan al colegio (crianza, adultos ausentes, corrimiento de límites,
necesidad de atención, falta de interés, desmotivación, etc). ¿De verdad
alguien piensa que una o un docente puede con todo esto? (multiplicado por 40
en los casos de superpoblación en las aulas).
En paralelo, en mayo se cumplieron 30 años del crimen de
Gilda Mansilla, tal vez muchos de ustedes ni lo recuerden, pero fue uno de los
casos por los que empezamos a ver en Tandil una familia saliendo a la calle a
reclamar Justicia. Se me viene a la
mente un grupo minúsculo de personas con una bandera, caminando en silencio,
con frío, sobre los adoquines de calle Belgrano, frente al municipio. Hoy, 30
años y muchas muertes después, las estadísticas dan miedo, pero también
fortaleza para pensar en la necesidad de que esto se termine.
En la marcha, Ni Una Menos, invitamos a algunas mujeres a
contarnos si recordaban cuándo habían sufrido el primer episodio de violencia.
Todas tuvieron algo para compartir, algunas de niñas, otras adolescentes, sus
victimarios alguien cercano, otras acosadas en la calle o con hostigamientos en
sus ámbitos laborales.
Y en esa desconcentración de la segunda marcha del día,
pensaba... ¿cómo se hace para que esto pare? ¿Cómo hacemos como sociedad, para
recobrar la humanidad que perdimos?
Porque en definitiva siento que es eso, estamos
anestesiados, somos zombies emocionales yendo hacia no sabemos dónde, buscando
quien sabe qué. Insatisfechos por todo y buscando los culpables de nuestra
desdicha.
He escuchado en esta semana, análisis de especialistas, políticos
hablando, solidarizándose, gente de la justicia barajando posibilidades. Y no
hay una sensación de "qué bueno, ahora esto puede cambiar".
Porque el compromiso tiene que ser colectivo, tiene que
ser de todos y cada uno de nosotros, desde el lugar que ocupemos, pero
fundamentalmente como seres humanos, porque es desde ahí desde donde tenemos
que sentirnos interpelados.
Volver a poner en valor a las instituciones, la familia,
la escuela, la justicia. Despojar a las causas de banderías políticas y colores
que sólo nos dividen. Pararnos en las diferencias sólo profundiza las
problemáticas, abordarlas desde la conciencia social es lo que puede hacer la
diferencia.
¿Qué tan rotos tenemos que estar como sociedad para no
unirnos ante el femicidio de una niña o la brutal agresión a un docente en
manos de un estudiante?
Es urgente, es ahora y todos somos responsables, por
acción o por omisión llegamos hasta acá. No alcanza con solidarizarse, hay que
comprometerse, porque la empatía no es pensar en que me puede pasar mí, sino
sentir que me está pasando, aunque sea otro quien lo esté viviendo.
Hagamos algo, empecemos.
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