7 de junio de 2026
Las ventas minoristas pyme registraron una contracción interanual del 1,2% a valores constantes durante el mes de mayo. Por el contrario, la medición intermensual arrojó un incremento del 1,2%. Con estos resultados consolidados, el sector acumuló una retracción del 3,1% durante los primeros cinco meses del año.

Respecto a la situación de los comercios,
el 48,2% de los encuestados reportó un escenario de estabilidad interanual,
marcando un descenso de 5,1 puntos porcentuales respecto a abril. Esta dinámica
se explicó por el crecimiento del segmento de los que tienen una evaluación
operativa desfavorable, que ascendió al 45,1% desde el 39,6% registrado en el
período previo.
Las expectativas a doce meses proyectaron
un escenario de paridad para el 48,4% de la muestra, mientras un 38,8% anticipó
un repunte de la actividad y el 12,8% estimó un retroceso. En materia de
inversión, el 59,4% evaluó el contexto como adverso para la inyección de
capital, un 12,5% lo consideró oportuno y el 28,1% mantuvo una postura
indefinida.
El desglose sectorial presentó alteraciones frente a relevamientos previos, destacándose tres rubros con desempeño positivo y una variación nula en Ferretería y materiales de construcción. La mayor expansión interanual correspondió a Farmacia (+8,2%). Perfumería (+2,3%) y Alimentos y bebidas (+0,2%) también tuvieron registros positivos. De manera inversa, Bazar, decoración y muebles lideró las retracciones (-8,9%), seguido por Textil e indumentaria (-5,2%).

El índice general de ventas minoristas
informado por CAME mide las ventas realizadas por los comercios relevados bajo
cualquier modalidad.
Durante mayo se detectó que las ventas
online realizadas por los comercios con local a la calle registraron un
incremento interanual del 15,2% y una suba intermensual desestacionalizada del
3,7%. Sin embargo, ese desempeño no logró compensar la contracción observada en
el índice general de las ventas minoristas de CAME.
El balance operativo de mayo evidenció una
reconfiguración estructural en el patrón de consumo minorista. Ante la
sostenida contracción del poder adquisitivo, la demanda experimentó una marcada
tendencia hacia rubros de primera necesidad, los cuales lograron sostener
niveles transaccionales estables o positivos. En contraste, los sectores
orientados a bienes no esenciales absorbieron el mayor impacto recesivo,
demostrando que el ingreso disponible de los hogares se encontró focalizado
casi con exclusividad en el mantenimiento de la canasta básica.
Desde la perspectiva de la oferta, la
tracción del volumen de ventas dependió estrictamente de la inyección de
herramientas financieras, liquidaciones forzadas y eventos masivos de comercio
electrónico. Esta dinámica comercial, combinada con el incremento de los costos
operativos fijos y las actualizaciones tarifarias, generó una severa compresión
en los márgenes de rentabilidad. Frente a un escenario de nula disposición a la
inversión, las expectativas del sector proyectaron una estabilización operativa
condicionada a la liquidación de inventarios y factores estacionales.
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