25 de julio de 2026
Hay una frase muy cierta que dice que no hay forma de nombrar a un padre o madre que pierde a un hijo, no se inventó aún esa palabra. Pero, tampoco la hay para aquel que debe atravesar el duelo de un hermano. Esa persona con la que se crio, se acompañó, fueron cómplices. Que de un momento a otro ya no está y no estará, ni para abrazarse, ni para dar un consejo, ni para pelear. Hoy en La Lupa Random, hablamos con Lucas, en el primer aniversario de la muerte de su hermano Iván González y cada quien encontrará en las emociones de Lucas, la palabra que pueda definir este proceso en el que se juntan el dolor, la esperanza, la ausencia física y la presencia espiritual.
por
Lorena Medina
La madrugada del 20 de julio del 2025 fue la peor en la
vida de la familia González y una conmoción para toda la sociedad tandilense.
Un joven de 21 años había muerto en un choque sobre ruta 226. Luego se supo que
Iván, el mayor de los hermanos González, venía con su amigo Jere, cuando una
camioneta que circulaba en sentido contrario, se cruzó de carril, dándole tiempo
a hacer una maniobra que le permitió a Iván salvar la vida de su amigo, pero no
la propia, llevándose la peor parte.
Hasta ahí, si se quiere, la crónica policial, en un
apartado contaremos algunos datos de la causa. Pero en ese mismo instante del impacto,
la vida de los González cambio para siempre, Iván había muerto y el
aturdimiento era total.
"Yo estaba en casa de mi novia y mi mamá me llamo a las 5
de la mañana, para pedirme que por favor viniera a casa. Me llame un remis y
mientras le escribía a Iván para preguntarle si estaba con mamá. En ese momento
me llama papá preguntándome donde estaba y me dijo que me esperaba en la
rotonda, así que le tuve que cambiar la ruta al remisero. Me di cuenta de que
algo pasaba y cuando llegué, encuentre a papá, a los gritos me dijo que Iván se
había matado y me señaló para donde estaba la camioneta, se veían las luces de
los patrulleros. Yo no lo podía creer", cuenta Lucas, el hermano de Iván que en
ese momento tenía apenas 18 años.
"Hoy recuerdo ese día y no sé cómo es que uno soporta
pasar por esos momentos. Pienso también en mamá, porque mientras yo estaba allá
con papá, ella estaba acá en casa, sola. Son cosas que me parten el corazón,
pero también sé que, de ese dolor tan fuerte, se aprende y en eso me enfoco
para seguir", dice con una templanza extraordinaria.
Lucas habla con una sonrisa dibujada en la cara, es un
ser muy luminoso, de mirada transparente y a pesar de estar hablando de duelar
a un hermano que le fue arrebatado no muestra enojo, hace que sea liviano
charlar sobre la presencia espiritual de Iván.
Los hermanos González se llevaban tres años y se criaron prácticamente
juntos, ambos son guardianes de Uma, la más pequeña que hoy tiene 13 años.
"No es fácil, hay que seguirla llevando. Ahora que se cumplió
el año, uno vuelve a mirar fotos, a revisar el pasado. Vivimos nuestra infancia
juntos, teníamos peleas de esas pavas, de hermanos, que ahora se extrañan. Mi
manera de transitarlo es que tengo la esperanza de que todo va a estar bien. Trato
de transmitirle ese pensamiento también a mi familia, a los cercanos. Intento
ser positivo, pero también me tomo mi tiempo para llorarlo, para estar mal",
dice Lucas con sabiduría.
La necesidad de encontrar a su hermano a pesar de su
ausencia física, apareció enseguida y comenzó a soñarlo. "Al poquito tiempo que
pasó lo de Iván, empecé a soñarlo y para mí eso tiene un significado enorme. Aparecía
y yo lo miraba llorando y le decía 'Iván apareciste', lo abrazaba y así me
despertaba. Angustiado, llorando, y me acordaba de que ya no está y no lo podía
creer, necesitaba entenderlo".
Con el tiempo y el proceso (interno y en familia) esos
sueños fueron cambiando y las sensaciones al despertar, también. "Algunas veces
sueño que andamos en bicicleta y le reclamo que se aparezca más seguido, él me
dice 'bueno ya voy a aparecer'. Son imágenes muy vividas, y me despierto con la
sensación de haber estado con él, es difícil de explicar".
No sólo en sueños Lucas encuentra a su hermano, sino también
en algo que nunca creyó que se iban a parecer. "Me reconozco reaccionando como Iván
en la relación con mi hermana, son detalles, pero me hacen entender cosas que
antes me molestaban. Por ejemplo, él me retaba porque estaba mucho con el
celular y yo decía 'pero que pesado'...ahora yo hago lo mismo con mi hermana, le
llamo la atención por las mismas cosas y con la misma insistencia", cuenta y se
ríe.
Iván estaba estudiando en Olavarría la carrera de Ingeniería
Industrial, sus amigos seguían acá en Tandil juntándose a jugar al fútbol, así
que Lucas paso a ocupar su lugar en el fulbito y cuando su hermano venía, se
sumaba. Como lo hicieron el día anterior al siniestro en el que Iván perdió la
vida.
"Nos juntamos por el día del amigo, nos cagamos de risa y
a patadas también, pero es una locura pensar ahora a la distancia, que ese fue
nuestro último partido, osea...", rememora Lucas con cierta incredulidad que se
esfuma en la certeza de lo sucedido.
El día en el que se cumplió el primer aniversario de la muerte de Iván, sus familiares y amigos realizaron una suelta de globos en el Autódromo. "Fue una idea de mamá y hacerlo en el autódromo tiene mucho sentido porque siempre hemos corrido, papá en APAC, Iván en karting y ahora yo también, hace un año y medio. La pista es un lugar de disfrute en familia para nosotros, era muy simbólico hacerlo ahí, es un sitio que nos conecta con él".

Lucas, hoy tiene 19 años y no se quedó con muchas
pertenencias de su hermano, sólo con un perfume que se había comprado en un
viaje que hizo por Europa, solo a principios del año pasado, alguna libreta con
anotaciones y el auto Gol rojo que le regalaron a Iván para sus 18 años, que lo
hacía renegar como pocas cosas, porque cada tanto se rompía, pero que Lucas con
mucha perseverancia logro arreglar.
Está estudiando ingeniería en computación, trabaja a hace
años como service oficial de balanzas comerciales y planea para principios de
2027, un viaje con un itinerario parecido al que hizo su hermano en 2025. En
este tiempo encontró en Jere (el mejor amigo de Iván), "una persona excelente,
hablamos y compartimos, siento que estamos en la misma sintonía. Tratamos de
mirar al futuro, proyectar, potenciarnos".
Lucas reconoce que la muerte de Iván comenzó a cambiarle
su manera de ver la vida, algo que reconfirmó hace unos meses con el repentino fallecimiento
de su abuela paterna. "Ahora trato de aportar mi mirada positiva, transmitir
que vamos a estar bien. No me refiero a la justicia porque no me puedo atar a
algo tan incierto, sino a estar juntos atravesando el proceso del duelo, cada
uno como lo sienta. Cuando mis papas están mal, estar ahí para ellos, pero no
es un peso para mí, sino parte del acompañarnos. Hoy disfruto mucho más comer
una pizza con papá, o los momentos compartidos con mamá, por supuesto que también
me enojo con cosas de la diaria, el estudio o el laburo Pero soy más consciente
de los momentos de disfrute y de la importancia de esas cosas cotidianas".
Cuando la tristeza llega, Lucas tiene dos "refugios" a
los que acude con su memoria emotiva, uno es un video que Iván les envió desde
Europa y que refleja mucho el modismo que tenía para hablar. El otro es un
momento de "una lucha en la playa que me da mucha ternura por cómo nos
abrazamos y pienso en lo felices que éramos sin saber".
LA CAUSA
Por el siniestro vial en el que murió Iván González de 21
años está imputado Juan Ignacio Clemente, quien se comprobó circulaba en la
Ford Ranger de su padre: alcoholizado, en contramano, con restos de
estupefacientes, con exceso de velocidad y sin carnet habilitante.
Con estos agravantes, el responsable de la tragedia, goza
de prisión domiciliaria y trascendió la posibilidad de un juicio abreviado impulsado
por la Fiscalía. Ambas posibilidades son absolutamente cuestionadas por la
familia González, ya que las sienten como una burla de la justicia y apuntan
directamente contra el fiscal Luis Piotti y el juez José Alberto Moragas.
@ivan.noseolvida
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