7 de agosto de 2026
El fútbol mundial vivió días de máxima tensión después de
que la FIFA, bajo el mando de Gianni Infantino, intentara avanzar con un plan
para vender parte de los derechos comerciales del Mundial a inversores
privados. El escándalo, que obligó a la organización a dar marcha atrás ante
una oposición generalizada, dejó una postal inédita: la dirigencia global
dividida, alianzas históricas en revisión y el futuro de la presidencia en
juego.
La UEFA fue la primera en marcar la cancha. El organismo
europeo, liderado por Aleksander Ceferin, no solo rechazó el proyecto, sino que
mantuvo firme su boicot a las competiciones de la FIFA, incluso después de la
disculpa pública de Infantino.
Las 55 federaciones europeas votaron en bloque para no
participar en torneos internacionales mientras no haya garantías de que no se
repetirá un intento similar. Inglaterra, a través de la FA, retiró su apoyo a
la reelección del presidente y envió una carta formalizando su postura.
En contraste, otras confederaciones optaron por caminos
menos confrontativos. La Conmebol -con la AFA a la cabeza- y la Confederación
Africana de Fútbol (CAF) salieron a respaldar a Infantino, aunque dejaron en
claro su desacuerdo con la forma en que se manejó el proyecto.
En Asia y Concacaf, la reacción fue más matizada: tras
rechazar la privatización, varias federaciones evitaron pronunciarse sobre el
futuro del presidente, aunque potencias como Qatar y México terminaron
alineándose con la conducción actual.
Europa endureció su postura y lidera la oposición
La crisis estalló cuando la FIFA reconoció errores y
pidió disculpas a sus 211 asociaciones miembro. Pero para la UEFA, el gesto no
alcanzó. El comunicado europeo fue tajante: "Las condiciones no se han
cumplido. La confianza en la presidencia de Gianni Infantino está perdida y el
boicot sigue en pie". El mensaje fue respaldado por la FA inglesa y otras
federaciones que, además, retiraron su apoyo a la reelección prevista para
2027.
El presidente de la Federación Jordana de Fútbol, el
príncipe Ali bin al-Hussein, también se sumó a las críticas. Denunció presiones
y "serias preocupaciones" sobre el liderazgo de la FIFA, incluso después de que
la organización enviara fondos atrasados a su federación. "No cambia mi
postura: no respaldaremos al presidente Infantino ni votaremos por él",
sentenció.
En este contexto, la figura de Infantino quedó aislada en
Europa y bajo presión en Asia, donde federaciones como la de Jordania y otras
potencias económicas expresaron su malestar, aunque sin romper del todo con la
FIFA.
América, África y Asia: respaldo institucional y
llamados a la unidad
Mientras Europa endurece su posición, la Conmebol optó
por un mensaje de institucionalidad y diálogo. El Consejo de la confederación
sudamericana celebró la retirada del proyecto y llamó a respetar los mecanismos
democráticos de la FIFA. En tanto, la AFA fue más allá y emitió un respaldo
explícito a la gestión de Infantino, al destacar los avances en gobernanza y
desarrollo del fútbol bajo su mandato.
En África, la CAF respaldó "por unanimidad" al presidente
de la FIFA y agradeció su apoyo al fútbol africano. El presidente de la
entidad, Patrice Motsepe, remarcó la importancia de la transparencia y el
debido proceso, pero evitó cualquier crítica directa a Infantino.
En la Concacaf, la reacción fue más dispersa. Si bien la
Federación Mexicana (FMF) expresó su apoyo al liderazgo de Infantino y rechazó
cualquier proceso fuera de la institucionalidad, otras asociaciones mantuvieron
el silencio tras la retirada del proyecto.
En Asia, federaciones con peso económico como Qatar y
Emiratos Árabes Unidos celebraron la marcha atrás y el llamado a la unidad,
alineándose con la conducción actual.
El futuro de la FIFA: alianzas en revisión y una
elección clave
El escándalo del intento privatizador dejó a la FIFA en
una encrucijada. Infantino, que se negó a renunciar pese a los pedidos para que
dejara su cargo, logró fortalacer el respaldo fuera de Europa, pero su
liderazgo quedó cuestionado como nunca antes. La reunión de emergencia en
Rabat, Marruecos, donde no participaron varios altos funcionarios de la FIFA,
terminó con una foto de unidad forzada y una carta conjunta de Infantino y el
secretario general Mattias Grafström pidiendo disculpas y prometiendo una revisión
interna.
La cuenta regresiva hacia el próximo Congreso de la FIFA,
previsto para marzo de 2027, ya está en marcha. El 18 de noviembre vence el
plazo para la presentación de candidaturas y, hasta entonces, el mapa de poder
seguirá en movimiento. Europa mantiene su boicot y busca sumar aliados para
forzar un cambio en la conducción. El resto del mundo prioriza la estabilidad y
el respeto a los procesos institucionales.
En ese complejo mapa de poder, cada federación mide sus
pasos con cautela. El futuro del fútbol mundial, y de la propia FIFA, se
definirá en los próximos meses con negociaciones, alianzas y una disputa que
todavía tiene más capítulos por estrenar.
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