9 de agosto de 2026
Cuenta el periodista Julio Varela que un mediodía el mismísimo Sandro de América apareció en la redacción del extinto diario NUEVA ERA -uno de los pocos vespertinos que tuvo el país, hasta su cierre en 2021- para llevarse algunos ejemplares donde se publicó la entrevista que le había hecho. "Sandro, el Gitano: imaginate la cara de todos los que estábamos cuando lo vimos entrar. Ese mundo no existe más, desapareció con el siglo XX", cuenta, sin nostalgia. Como el Flaco Spinetta, Varela sostiene que "mañana es mejor" y aquellos años de papel prensa sin soporte digital quedaron, en el mejor de los casos, en algunas hemerotecas. "¿Podés creer que no conservo ningún recorte de mi laburo en NUEVA ERA? Creo que la única nota que guardé fue la entrevista que le hice a Maradona con 16 años, cuando visitó Tandil", agrega.
Ésta y otras coberturas realizadas a lo
largo de 40 años de periodismo forman parte de Érase una vez - relatos de un
periodista de provincias, el libro que presentará en la Feria del Libro el
viernes 14, a las 20, en la sala B, acompañado por Marcos González, Horacio
Becchi y Pablo Bossio.
¿En
qué momento sentiste que tenías que escribir un libro sobre tu trayectoria de
40 años en un mismo diario? Una condición que, salvo pocas excepciones, también
se extinguió con NUEVA ERA...
En ninguno (risas). Voy a ser sincero:
nunca tuve el deseo de escribir un libro, mucho menos de memorias o anécdotas.
Siempre rechacé esa idea, pero algunos amigos me insistieron mucho tiempo para
que contara mis mejores coberturas en NUEVA ERA. Me resistí hasta hace unos
meses, cuando otro amigo me dijo lo mismo pero le sumó una frase que me quedó
dando vueltas: "no seas egoísta, no hay un testimonio periodístico de los
años que vos trabajaste". Ahí empecé a ver qué podía salir.
¿Qué
salió? ¿Cómo fue la "curaduría" de 40 años ininterrumpidos en una
redacción, con coberturas internacionales incluidas?
Al principio no sabía cómo hacerlo, pero sí
lo que no quería: un libro nostálgico. Odio la nostalgia, la idea de que todo
tiempo pasado fue mejor y que el futuro está perdido. Pero, honestamente, no
hubo un proceso selectivo: fui escribiendo a medida que la memoria me dictaba.
Tanto es así que cuando me cruzo con amigos o conocidos, me doy cuenta de que
dejé afuera entrevistas fundamentales de mi carrera.
¿Por
ejemplo?
La de Jorge Luis Borges, a principios de
los 70. Me pasó con varias, porque mi único criterio fue lo que me dictara la
memoria. Pero había algo que sí quería que estuviera presente: en este libro no
solo hay historias o crónicas nacidas de una cobertura periodística. También
cuenta cómo trabajábamos los periodistas del interior, haciendo de todo, como
sucedía en los medios de pueblos y ciudades chicas, un oficio bien distinto al
que ejercían los colegas de los grandes medios porteños o de las grandes urbes.
Julio Varela se sentó a escribir durante
muchas noches, guiado por un único deseo a la hora de narrar: dar testimonio de
una época y abrir una especie de diálogo con el territorio, desde el lugar de
un periodista de provincia obligado a hacer absolutamente todo -así fue y sigue
siendo, el oficio en los pueblos y ciudades chicas- lo cual terminó dándole una
identidad particular al ejercicio de la profesión, más allá de la General Paz.
"Lo otro que tuve que definir fue cómo
lo contaba, y ahí apareció el periodismo narrativo: todo lo que aparece en el
libro realmente me pasó, pero con herramientas propias de la escritura, con
matices dinámicos y un ritmo casi cinematográfico o teatral. El cine y el
teatro me acompañaron toda la vida", subraya Varela, quien fue además uno
de los pioneros del Festival de Cine de Tandil.
No
hay forma de dejar afuera el cine cuando hablamos del estilo narrativo que
forjaste...
Exactamente. El periodismo me ayudó a
entender mejor el cine y a escribir algunas de mis obras teatrales: el cine me
permitió crear un estilo propio dentro del periodismo. Yo quería hacer
periodismo porque quería aprender a escribir cinematográficamente, apelar a los
recursos del cine para narrar. Este libro está tan asociado al cine que cada
relato lleva el nombre de una película.
¿A
qué lector está destinado este libro?
El lector ideal son todos los lectores. El
título no me pertenece; al principio no me convencía porque pensaba que remitía
demasiado a esa revalorización del pasado que tanto cuestiono. Hasta que me
explicaron que la tapa hacía referencia a Érase una vez en América, la película
que tanto me gusta, pero que también puede ser el comienzo clásico de un
cuento. Por eso este libro puede leerse con el valor testimonial de haber
vivido esos tiempos, como ejercicio de periodismo narrativo o como ciencia
ficción. Me imagino a chicos y jóvenes que no tienen la menor idea de cómo se
hacía periodismo en esos años, leyendo estas historias como un cuento.
¿Podés
adelantar alguna historia?
Puedo decir que está la cobertura que más
me conmovió en toda mi carrera, no solo por lo sucedido sino por las
contingencias que rodearon mi propio trabajo: la cobertura, en Catamarca, del
crimen de María Soledad Morales (septiembre de 1990). También tuve la
posibilidad de cubrir el Mundial de Fútbol del 94 (Estados Unidos) y los Juegos
Olímpicos de 1996 (Atlanta) firmando las crónicas con mi nombre y apellido
-algo que no permitía la línea editorial de NUEVA ERA- lo que me dio
visibilidad ante lectores para los que hasta entonces había sido anónimo. Pero,
sin dudas, mi cobertura más importante fue la del crimen de María Soledad. Ese
relato, que lleva el nombre de la película Centauros del desierto, es
probablemente el eje del libro. También hay coberturas chiquitas, cotidianas,
de este pueblo que se resistió mucho tiempo a ser ciudad hasta convertirse en
la gran ciudad en la que vivimos hoy. Son historias inverosímiles para este
Tandil, protagonizadas por gente anónima, que me impactaron notablemente. Cada
vez que me sentaba a escribirlas, me ratificaban lo que elegí como profesión:
"es por ahí", me demostraron.
Este libro no es la transcripción de mis
mejores notas, ni mucho menos: también están las peores coberturas y los
momentos más ridículos. Muestra el lado B del trabajo del periodista, el detrás
de escena, cómo hice lo que hice, lo que nunca aparece publicado, lo que queda
afuera, lo anecdótico de la anécdota. Pink Floyd lo dice mejor: "la cara
oscura de la luna".
La 21° Feria del Libro Tandil se llevará a
cabo desde el jueves 13 hasta el domingo 16 de agosto, en la Cámara Empresaria
(Mitre 856), organizada en forma conjunta por el Municipio de Tandil, la
Universidad Nacional del Centro, la Cámara Empresaria y la Asociación de
Librerías local.
Todas las actividades y presentaciones son
con entrada libre y gratuita.
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