19 de agosto de 2026
Lo que comenzó como un accidente laboral hace casi diez años se transformó en un calvario diario para Marta Mansilla, una vecina de Tandil que hoy, a sus 43 años, reclama públicamente una mejor calidad de vida.
Marta padece el Síndrome de Sudeck (síndrome de dolor
regional complejo), una afección crónica que afecta su mano izquierda y la
mantiene prisionera de un sistema de salud que, según denuncia, solo le ofrece
una "batería de medicamentos" en lugar de tratamientos avanzados.
El accidente que
cambió su vida
El 27 de diciembre de 2017, mientras trabajaba en la fábrica
Confecciones Winter, un portón pesado se descarriló y cayó sobre su brazo y
mano izquierda. Aunque inicialmente pareció un golpe tratable, el dolor y la
hinchazón persistieron, llevándola a un largo recorrido por especialistas hasta
que, un año después, fue diagnosticada con el Síndrome de Sudeck en el Hospital
Italiano de Buenos Aires.
A raíz de esta situación, Marta fue desvinculada de la
empresa mediante un despido indirecto mientras aún se encontraba bajo
tratamiento de la Aseguradora de Riesgos del Trabajo (ART).
La patología ha limitado severamente su motricidad fina,
impidiéndole realizar tareas básicas como abotonarse una camisa o peinarse sin
ayuda.
Marta describe el dolor, en la entrevista de "Sin Pelos en la Radio", de AM1560, como "sentir 10.000 agujas juntas" y señala que incluso el roce de las sábanas le resulta insoportable. Para sobrellevarlo, consume cerca de nueve medicamentos diarios, que incluyen pregabalina, tramadol y somníferos, lo que ha comenzado a afectar otros aspectos de su salud, como el sistema gástrico.

El reclamo contra la
ART Holando Sudamericana
El conflicto central radica en que la ART Holando
Sudamericana se niega a cubrir tratamientos propuestos por especialistas en
medicina del dolor del Hospital Privado de la Comunidad (HPC) de Mar del Plata.
Estos médicos sugirieron opciones menos invasivas que la
medicación constante, como goteos específicos, bloqueos del ganglio estrellado
y, finalmente, un neuroelectroestimulador.
Sin embargo, la aseguradora sostiene que el caso es
"crónico" y que la única vía es mantener la medicación actual.
"Yo soy humana y necesito una mejor calidad de
vida", expresó Marta, quien aclara que su reclamo no es económico, sino
prestacional.
Ante la negativa, ha iniciado una divergencia de prestación
y se encamina a presentar un recurso de amparo legal con la ayuda de su abogado.
Resiliencia a través
del bordado
A pesar de las limitaciones, Marta intenta mantener su
autonomía a través de su emprendimiento, "Anastasia Bordados", el
cual gestiona por redes sociales según lo permita su estado de salud diario.
"Es ir día a día, no puedo proyectar", confiesa sobre su trabajo.
Marta Mansilla ha decidido hacer pública su historia para
que su reclamo llegue a las autoridades correspondientes y para visibilizar una
enfermedad poco conocida que afecta a muchos otros ciudadanos en silencio.
Mientras el tiempo corre y los procesos legales avanzan, ella sigue esperando una respuesta que le permita, al menos, dejar de sentir que su mano "no va ni para atrás ni para adelante".
Escuchá la entrevista en AM1560
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