28 de agosto de 2026
Hace unas semanas Cagnoli obtuvo el premio al Mejor Salame en Caminos y Sabores, la feria gastronómica más importante del país. Este reconocimiento fue posible gracias al compromiso de todo su equipo. Hoy compartimos el detrás de escena de este logro nacional, contado por sus protagonistas.
Con casi un siglo de historia, Cagnoli es un pilar de la chacinería en Tandil y un referente en fiambres de alta calidad en todo el país. Detrás de este reconocimiento hay personas, experiencia y un trabajo que se construye día a día, valores que hoy se celebran en el Día del Trabajador del Chacinado.
Cuando el trabajo en
equipo hace la diferencia
El salame premiado no fue el resultado de una tarea
individual. Fue el resultado de un objetivo compartido por muchas personas.
"Esto fue un gran trabajo en equipo", resume Florencia Barba, del sector de
elaboración quien acompañó de cerca todo el proceso. Es una construcción
colectiva que involucra a decenas de personas y representa un orgullo para todo
Tandil.
"Desde las personas que seleccionan la materia prima,
quienes preparan las especias, los que se encargan del picado, el embutido, el
atado a mano, el colgado, secado, la maduración y etiquetado, entre tantos
otros. Cada persona cumple una función clave para que el producto llegue con la
calidad que queremos respetando la receta tradicional del Salame DOT con
Denominación de Origen de Tandil".
Según explica Florencia, en esta oportunidad el recorrido
comenzó mucho antes de que el salame llegara al jurado. Hubo pruebas y decisiones
que demandaron tiempo y coordinación entre distintos sectores de la fábrica.
"Sabíamos que iba a ser evaluado por expertos y tuvo un seguimiento especial, aunque siempre en Cagnoli trabajamos de esa manera con el mismo criterio: cuidar cada etapa y con la mirada atenta de nuestros artesanos para obtener el mejor producto".

Cada eslabón cuenta
Fernando Diz, responsable del secado, explica que al ser un
producto "vivo" siempre existen factores que pueden alterar el producto y es
necesario un seguimiento continuo. La temperatura o la humedad, entre otros
factores, son determinantes en el resultado final. "Junto al equipo de calidad,
fuimos haciendo un seguimiento diario junto a las personas que forman parte de
cada etapa. En ese sentido, es importante que cada eslabón conozca lo que hizo
el anterior y pueda transmitir esa información al siguiente. Si no, la cadena
se corta en algún lado. Ese es el verdadero trabajo en equipo".
Cuidar cada detalle
Según cuenta Florencia Veiga, del área de Calidad de
Cagnoli, el desafío consistió en acompañar al producto durante todo su proceso
de elaboración y maduración y verificar que cumpliera con los estándares
esperados en cada etapa.
"Estábamos muy seguros del producto", recuerda. "Sabíamos el
trabajo que había detrás y que tenía las condiciones para competir. Finalmente,
cuando llegó el premio fue un reconocimiento para todos".
Cada detalle fue observado con atención para representar de
la mejor manera al Salame de Tandil frente a productores de todo el país.
Una vez elegidos los salames que serían enviados al concurso, comenzó otra etapa igual de importante: llevarlas hasta Buenos Aires para que fueran evaluadas por los jurados.

El orgullo de
representar a Tandil
Esa responsabilidad quedó en manos de Lucio Rancez,
embajador de marca de Cagnoli.
"Fue una gran responsabilidad", recuerda. "Tuve que
coordinar con muchas áreas y actuar como nexo entre la organización del
concurso y todo el equipo de Cagnoli. Cuando entendés todo el trabajo que hay
detrás de ese producto, tomás dimensión real de lo que representa", destacó.
La espera también formó parte de la experiencia. Porque si
hay algo que caracteriza a un buen salame es que necesita tiempo. Tiempo para
elaborarse, madurar y alcanzar su mejor versión para luego poder disfrutarse en
una picada. Y tal vez esa sea también una buena definición de este premio.
Detrás del reconocimiento hubo muchas manos aportando experiencia y pasión para
que cada etapa saliera como debía salir.
Cuando finalmente llegó la noticia de que el Salame
Denominación de Origen Tandil de Cagnoli había sido elegido como el mejor del
país, la alegría fue colectiva.
Porque más allá del premio, el logro confirmó algo que en
Cagnoli saben hace tiempo: que los grandes resultados se alcanzan cuando cada
persona aporta lo mejor de sí y todos trabajan con un mismo objetivo. Alejandro
Fadón, jefe de producción de la planta elaboradora destacó: "ganar el premio a
mejor salame nos llena de orgullo y confirma que estamos en el camino correcto.
El respeto por la tradición, las materias primas, los procesos y el cuidado al
detalle en la elaboración permiten no solo lograr este premio, sino elaborar
salames y chacinados de máxima calidad todos los días".
Por último, Juan Pedro Cagnoli, cuarta generación de la
familia resaltó: "Para la familia Cagnoli es un orgullo que el mejor salame del
país salga de nuestras cantinas. Representa la manera de hacer las cosas que en
Cagnoli se fue transmitiendo a lo largo de los años. Detrás de este premio hay
una receta con historia y los valores de nuestra familia: apostar por la
calidad, ser detallistas en cada etapa del proceso, elegir cuidadosamente las
materias primas y respetar
los tiempos. Es una filosofía que atraviesa a la empresa y
que hoy vemos reflejada en este reconocimiento. Es un impulso para seguir
defendiendo aquello en lo que siempre creímos: que la calidad se construye
todos los días, con buenas materias primas y, fundamentalmente, buenas personas".
En este Día del Trabajador del Chacinado, Cagnoli celebra
ese compromiso cotidiano con todo su equipo. Porque detrás de cada producto hay
personas que sostienen una tradición, transmiten un oficio y construyen, día a
día, la calidad que distingue a la chacinería de Tandil en todo el país. Y
junto al Consejo de la Denominación de Origen del Salame de Tandil y el Clúster
Porcino aseguraron que están listos para recuperar el récord del salame más largo
del mundo en el próximo Chacinar.
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