5 de septiembre de 2026
Dos amigas, Ana y Valeria, licenciada en psicología y profesora de literatura, respectivamente. Una pasión: la palabra y una necesidad: revalorizar historias de migrantes...sus propias historias. Leer, contar, compartir, reconstruir, todo eso, y algo más se vive en Pimpilimpauxa. Hoy en La Lupa Random, abrimos la puerta de este hermoso taller que es un puente hacia nuestros ancestros.
por
Lorena Medina
¿Cuántas veces sentimos un aroma que nos transporta a un
momento y su contexto? ¿O recibimos a una visita especial cocinando un plato
que nos enseñó la abuela?
Sonidos, sensaciones, todo lo que vamos experimentando
casi de manera involuntaria en nuestra vida y que de repente, vuelve a
habitarnos.
La vorágine en la que estamos inmersos, a menudo, no nos
permite darle espacio a volver con la memoria a esos lugares, una pausa tan
necesaria, como el saber de dónde venimos, hasta para entender comportamientos
propios.
Ana Ciappa y Valeria Aramburu son amigas desde la
secundaria y aunque en el tiempo de la Universidad el vínculo dejó de ser
cotidiano, siempre estuvieron una al tanto de la otra.
Ya de regreso en Tandil, Ana, licenciada en psicología y
Valeria profesora de literatura, gestaron en una de sus largas caminatas por
las sierras, un proyecto que hoy es toda una realidad. "Pimpilimpauxa es una de
las formas que tenemos en euskera de decir 'mariposa'. Es una palabra hermosa y
muy sonora que recrea el aleteo, que incluye la pausa", cuenta Valeria, quien reivindica
sus raíces vascas y danesas.
Pimpilimpauxa es un espacio de encuentro, de reflexión,
de escucha, en el que se despiertan la memoria y las emociones. "Invitamos a hacer
una pausa para historizar los caminos andados por nuestros ancestros y
resignificar esas historias a través de la escritura", cuenta Ana, quien, desde
su formación como psicóloga, reconoce el valor que tiene para cada individuo
construir la historia familiar.
"Nosotras no hacemos (ni lo intentamos) una reconstrucción
cronológica, sino que invitamos a las personas a contar las historias tal cual
se las relataron, y es mágico ver cómo otros pueden recordar pequeños relatos
que tal vez habían olvidado, pero que, en las historias de otros, se reconocen.
Allí radica la importancia del intercambio", menciona Ana.
La propuesta en Pimpilimpauxa es diversa, aunque siempre el
eje es hablar de quienes nos antecedieron, y escribir sobre ello, los
disparadores son distintos. "Un día leemos un texto de alguna autora o autor
que nos inspire, otro día les proponemos traer un objeto y que nos cuenten de
qué se trata y a quienes recuerdan, o recetas de familia", menciona Valeria, que
aún atesora sábanas bordadas por mujeres de su familia el siglo pasado.
Ellas son las coordinadoras del taller, pero también,
comparten sus recuerdos y revisan a sus propios ancestros. La cajita de la
abuela de Ana en su consultorio, también es un sello de que estamos hechos de
historias. Que muchos de nuestros comportamientos o pensamientos han sido
transmitidos de generación en generación y también necesitamos esta pausa para
revisar, hacernos preguntas y buscar respuestas, que a veces, llegan en las
voces de otros.
"Hay muchas historias de migrantes en las que el dolor es
algo común, gente que ha venido al país dejando a sus afectos en otro lugar, al
que tal vez, jamás volvieron. Y no sólo extranjeros, sino también los migrantes
dentro del territorio", cuenta Ana.
"Estas historias que se reconstruyen también están cargadas de silencios y es allí donde también nos preguntamos ¿por qué callaron? Con estos retazos y en el encuentro con otro es que podemos reconstruir el sentir de nuestros ancestros, darle un contexto, pensar en cuáles serían sus ilusiones y miedos. Y es allí donde el relato y la escritura nos permiten recrear y llenar esos espacios, que luego se convertirá en un legado hacia nuestros descendientes", dice Valeria.

La charla con ellas es un viaje a pensarnos, pero no
solamente para reconstruir nuestro árbol genealógico, sino también pensar hacia
adelante. Nuestra generación conserva objetos y experiencias que son puentes hacia
nuestra infancia. Tenemos recuerdos, a veces vagos, de momentos, y traerlos al
presente es un trabajo de memoria y consciencia. Pero también y sabiendo la
importancia de esos recuerdos, que son ni más ni menos que nuestra identidad,
pienso, ¿en qué es lo que nosotros estamos dejando a nuestros descendientes? ¿Qué
recuerdos? ¿Qué objetos? ¿Qué dichos o frases?
Y allí, una vez más, como tantas veces en la charla con
Ana y Valeria, la primera respuesta es: "pausa".
Darnos el permiso de hacer esa pausa para reconstruir,
pero también para construir, para compartir, para mirar hacia adentro y hacernos
preguntas. Para poner en palabras también aquello que no nos gusta tanto, pero
que nos pertenece y resignificarlo.
Para terminar y regresando a la analogía con la mariposa,
se me ocurre pensar a la vida como un camino de procesos, pausas y
transformación, que podemos registrar como un legado para por aquellos que fueron,
por nosotros y por los que vendrán.
Para saber más de Pimpilimpauxa
El Taller es arancelado, con cupos limitados y se lleva a
cabo los miércoles de 18 a 19.30 en el Centro Vasco Argentino Gure Etxea ubicado
en Sarmiento 1079.
En intagram @valeriearamburu y @anaciappa
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