13 de septiembre de 2026
por
Néstor Dipaola
El escritor Osvaldo Soriano, como es sabido, residió en Tandil unos cuantos años, durante la última parte de su adolescencia y primera juventud. Muchos tuvimos el placer de tratarlo en alguna redacción lugareña.
En mi caso, eso aconteció entre las mesas de las viejas Olivetti
del vespertino "Actividades". Era el Jefe de Deportes. Hacía poco que había
emigrado de El Eco de Tandil, al diario de don Pancho Vistalli. Yo por entonces,
año 1968, estaba en la escuela secundaria y me encontraba pagando un legítimo
"derecho de piso" cubriendo para El Eco, los domingos, los partidos que se
disputaban fuera de la ciudad. Loma Negra, Vela o Gardey, por ejemplo. Soriano,
parafraseando al coronel de García Márquez, no tenía quien le escriba. Al
menos, sobre esos partidos de la Liga que se disputaban allá lejos...
Y me llamaba a El Eco, cuando el teléfono funcionaba a
través de una "operadora" para pedirme que ni bien terminase, vaya hasta la
calle 9 de Julio para armar más o menos la misma crónica, "cambiando el copete
y un poco la redacción general", tal como él me sugería. Y yo a mis 17 años, el
día martes cobraba doble. Un tal Nelson Salcedo me pagaba en El Eco y el
administrador Zubillaga, a quien le decían "Pirucho", en Actividades.
Pocos meses después, Soriano emigró a Buenos Aires y cinco
años más tarde publicó su primera novela: "Triste, solitario y final". Esta
frase no es suya sino que había sido empleada por el escritor estadounidense Raymond
Chandler en su novela "El largo adiós". Osvaldo decidió homenajearlo utilizando
esa partecita para titular su ópera prima, ambientada en el cine de Hollywood.
El referido título ha sido replicado una y mil veces porque,
obviamente, puede ser empleado como metáfora de muchísimas situaciones. Alguien
me lo sugirió para este descenso de Santamarina que, tras la agonía, se confirmó
ayer.
Pero no me pareció apropiado. Ni triste, ni solitario, ni
final. En las grandes novelas hay realidades, ficciones y sueños también. En el
caso del Club Santamarina, en sus 113 años de vida, hay increíbles historias que
cierran perfectamente para todo ello. Pero en este caso, y ya que decidí
pararme en el costado del optimismo, voy por los sueños, tras haber perdido la
categoría participando en un campeonato que es una engañifa, porque el ascenso
está a años luz para la gran mayoría y porque el dinero que aporta la AFA es
una miseria tan espantosa que inhibe a los clubes crecer en su vida local y
social.
Ahora se habla de participar de otro engendro desgastante,
un tal "Promocional Amateur". ¡No! ¿Para qué? ¿Con qué necesidad...? No sigamos
desangrando al club institucionalmente. Será mucho más saludable descansar
algunos años de estos torneos que no nos van a llevar a nada positivo, y
sumemos ladrillos y bolsas de cemento para una confortable sede social en el
predio "Centenario". Con el tiempo habrá una tribuna en esas canchas rodeadas
de un hermoso paisaje verde. Hacia ese lugar seguirá creciendo la ciudad y así,
el club volverá a ser el orgullo que siempre ha sido.
¡Ah!, y lo que no es menor... Habrá un equipo aurinegro local, que será competitivo y logrará revivir emociones en los grandes clásicos frente a Ferro, allí en el ex ISER y en la avenida Del Valle. Por ello, lo ocurrido ayer no debe generar tristeza. No hay final de nada, sino todo lo contrario.
Lo acontecido en la víspera no deberá tomarse como una
defunción, sino como un renacimiento. Que así sea.
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