14 de octubre de 2026
La Confederación Federal PyME Argentina alertó por la caída del entramado empresarial, el aumento de los concursos preventivos y las dificultades para sostener el empleo.
El entramado empresarial argentino atraviesa un escenario de creciente preocupación. Entre fines de 2023 y fines de 2025, la cantidad de empresas privadas con empleo registrado cayó de unas 568.700 a 540.200, una pérdida de aproximadamente 28.500 firmas, equivalente a una reducción cercana al 5%.
Los datos forman parte de un informe de la Confederación
Federal PyME Argentina, que advirtió que el deterioro no se limita al cierre de
empresas, sino que también alcanza la capacidad de generar nuevos
emprendimientos. Según las cifras difundidas por la entidad, durante 2025 se
registraron alrededor de 76.900 cierres frente a unas 64.100 aperturas, lo que
dejó un saldo negativo de casi 12.800 empresas.
La tendencia también se refleja en los concursos
preventivos. En la Ciudad de Buenos Aires, los casos pasaron de 82 en 2023 a aproximadamente
190 en 2025, un incremento superior al 130%. Para la Confederación, se trata de
una señal de alerta sobre las dificultades que enfrentan las empresas para
sostener su actividad.
La comparación con la crisis de 2001
El deterioro de los indicadores empresariales llevó a la
entidad a señalar similitudes con algunas señales que precedieron a la crisis
de 2001, aunque aclaró que las diferencias macroeconómicas, financieras y
cambiarias impiden establecer una comparación lineal entre ambos períodos.
En aquel año, solamente en el ámbito de la Justicia
Comercial porteña, se registraron aproximadamente 1.663 concursos preventivos y
1.033 quiebras, unos 2.696 procesos en total.
El presidente de la Confederación Federal PyME Argentina,
Mauro González, sostuvo que la pérdida simultánea de empresas y la caída en la
creación de nuevos emprendimientos exponen un problema que va más allá de la
coyuntura económica. "Cuando empieza a perder empresas y al mismo tiempo deja
de generar nuevas empresas, estamos frente a un problema mucho más profundo:
estamos debilitando el tejido productivo nacional", afirmó.
En ese sentido, advirtió que las consecuencias
trascienden el ámbito empresarial. Los cierres impactan sobre los trabajadores,
sus familias, los proveedores y las comunidades vinculadas a la actividad
productiva, mientras que la falta de nuevos emprendimientos implica proyectos
de inversión y generación de empleo que no llegan a concretarse.
Caída del consumo y costos de producción
Entre las principales preocupaciones del sector, la
Confederación enumeró la caída de la demanda interna, el deterioro del consumo,
los costos de producción, las dificultades de financiamiento y la presión impositiva.
También señaló el peso de las tarifas energéticas, la competencia de productos
importados, la pérdida de mercados para la producción nacional y las
dificultades para sostener los niveles de empleo.
Frente a ese escenario, la entidad reclamó una política
económica que contemple las necesidades cotidianas de las pequeñas y medianas
empresas y permita sostener la producción, la inversión y el trabajo. "No
alcanza con estabilizar determinadas variables macroeconómicas si esa
estabilización se construye sobre la destrucción de empresas y empleo", planteó
González.
La Confederación consideró, además, que es necesario
establecer un sistema permanente de monitoreo del tejido empresarial, con
seguimiento mensual de concursos, quiebras, cierres, aperturas, empleo,
producción, actividad y financiamiento PyME.
El objetivo, según explicó, es identificar a tiempo los
sectores y regiones más afectados para impulsar medidas específicas antes de
que las dificultades se traduzcan en cierres definitivos.
"Si esperamos a que las empresas cierren para reconocer que existe una crisis, llegaremos tarde", concluyó el titular de la entidad.
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