30 de mayo de 2026
Nadie podría pensar que un dolor pueda transformarse en otra cosa, hasta que no hay alternativa de que eso suceda. La magia puede producirse cuando el dolor compartido transmuta a una fuerza que sumada a una pasión se convierte en propósito. Agua y Luna es eso, un proyecto que tiene en los libros y las letras el puente hacia emociones que fluyen. Con Liliana y Marta conocimos esta Bebeteca Itinerante que es una caricia a nuestra infancia.
por
Lorena Medina y Florencia Pendas
Esta Lupa Random podría ser una nota sobre la importancia
de la lectura y la alfabetización en edades tempranas. O la historia de un
grupo de docentes que continúan su actividad ad honorem luego de su jubilación.
Podría contarles en estas líneas el proceso de duelo de una abuela.
Pero no, hoy pusimos la Lupa sobre Agua y Luna, que es
todo eso y algo más porque es un proyecto que nació desde el dolor, pero que también
es el reflejo de un grupo que abraza, acompaña y que, con letras, arte, cuentos
y mucho amor, revalorizan el tiempo compartido, dan la importancia a la atención,
transforman espacios.
"Lo que hubo allí
estuvo y aquí estará en la memoria. Lo que vendrá no está en ningún lugar
todavía. Lo que está siendo parece serlo para toda la vida", con esta frase de Carlos
Skliar, comienza la redacción de Agua y Luna, Bebeteca Itinerante.
Liliana Adaro es la creadora de este proyecto hermoso que
día a día reafirma su propósito. Agua y Luna fue el mejor ensamble entre su
pasión y el dolor. "Mi nieta mayor que estaría cumpliendo seis años, se enfermó
de leucemia siendo bebé y pasó su corta vida internada. Con ella lo que hacíamos
era, arrinconarnos en la habitación y leíamos, disfrutaba mucho de esos momentos.
El proyecto nació con el duelo y el disparador fue la pregunta de un médico
residente que mientras me abrazaba me dijo: ¿ahora a quien le vas a leer? Y
desde ese momento sentí que algo tenía que hacer. Me contacté con mis ex
compañeras de trabajo, algunas ya eran amigas y otras con las que fuimos
creando un vínculo más estrecho. Hoy somos once los integrantes de Agua y Luna Bebeteca
Itinerante."
No fue fácil (ni lo es). La bebeteca, es la forma de
sanar para Lili, y para todos los que integran este proyecto, también es una manera
de acompañarla en este proceso. Y a su vez contribuir haciendo docencia, aportando
sus conocimientos y atención en tiempos donde todo es urgente, Agua y Luna es
un puente hacia ese lugar donde sólo existen los deseos hechos realidad. "Sin fantasía todo sería más complejo,
porque faltaría ese filtro por el que pasa la angustia cuando la realidad se
torna difícil de comprender", escribe Marcelo Rocha en "Huellas y marcas de la
infancia"; es una cita perfecta que está plasmada en este proyecto que Lili
actualiza anualmente y que se aggiorna permanentemente.
"Charle mucho con mi hijo y mi nuera porque son parte de esta historia. El nombre de la bebeteca tiene que ver con que mi nieta amaba los cuentos en los que aparecía la Luna y a pesar de su corta edad señalaba los libros que quería que le leyéramos. Y el Agua le encantaba, la pedía, le gustaba jugar con ella, fue un elemento que tuvo mucho que ver con su bienestar", cuenta esta docente jubilada que fue una de las fundadoras de ATAD (Asociación Tandilense de Ayuda al Discapacitado).

Los once integrantes de la bebeteca son docentes, en su mayoría
jubiladas, que para cada encuentro bucean en sus cofres de herramientas, las
renuevan, adecuan o inventan nuevas, para pensar en las visitas a los jardines.
"Yo he mejorado desde que comenzó Agua y Luna, hacía mucho que no estaba en la
docencia y pensar en el dibujo del proyecto, intercambiar con compañeras,
ponerme la exigencia de mejorar. Es hermoso ver lo que se genera alrededor
cuando estamos contando, narrando", cuenta Marta. "Para cada visita nos reunimos
pensamos, intercalamos cuentos, con recursos o sin ellos. Nos organizamos para que
no haya momentos de silencios. Nada es improvisado", relata.
Es que no son sólo "abuelas" (algunas no lo son), son
profesionales que siguen exigiéndose como cuando se paraban frente a la sala. "Para
mí el libro es una manera de acercar a los bebes a la alfabetización, que es a lo
que me dediqué toda la vida. Pero, además, para Marta y Ana, también es la
oportunidad de acercarlos a las artes plásticas, para otra seño la posibilidad
de mostrarle otros idiomas, para Ro a la música. Laura es una eximia narradora
y Gabi que ha sido una experta en juegos, pone mucho de lo lúdico en su elaboración
de recursos, son ejemplos, pero la verdad es que todas y todos suman desde un
lugar sumamente interesante", menciona con pasión y orgullo Lili, que hoy puede
emocionarse pensando en su nieta, pero con una sonrisa brillante como la luna
dibujada en el rosto, porque siente que cada vez que un libro se abre, ella honra
ese tiempo compartido con esa beba con la que a través de la palabra viajaron a
mundos desconocidos, fluyendo como agua.
Explayarse, sanar desde el compartir. "Agua y Luna nació
para que mi nieta trascienda, nos permitió volver a encontrarnos. Reunirnos con
seños que fueron pasantes y hoy están al frente de instituciones, ser testigos
de ese tiempo invaluable", cuenta Lili.
Las visitas
"Tenemos más de doscientos libros, los primeros
veintipico llegaron por una donación de alguien que se enteró del proyecto a través
de vecinos que tuvimos en nuestra estadía en Buenos Aires mientras transcurría el
tratamiento de mi nieta. Así empezó y después fuimos sumando con otras
donaciones pudimos comprar ejemplares en la Feria del Libro de Buenos Aires,
somos muy celosas de lo que adquirimos porque nuestra intención es tener esos
infaltables de la literatura, pero también los novedosos", cuentan.
En un principio Agua y Luna funcionó en la Ludoteca de la
Universidad, pero como quedaba un poco a tras mano, empezaron a pensar en que debían
ir a donde estaban los niños y niñas. Las primeras visitas fueron a jardines
municipales y después se fueron enterando y convocándolas de otros espacios. En
el 2023 fueron 11 las visitas realizadas y el año pasado llegaron a 70.
También han participado en encuentros abiertos a la comunidad
y la agenda 2026 ya está cubierta. "Este año proyectamos al menos seis alternativas
de apertura a la comunidad fuera de las visitas a los jardines. Dos van a ser
en vacaciones de invierno en el Gato Neftali (San Lorenzo 773), dos en La Casa
de 12 (espacio Cultural) y los otros dos encuentros van a ser en un instituto
de inglés".
Todo se charla y acuerda entre los integrantes de este grupo
que trabaja ad honorem, pero que también recibe donaciones para poder seguir
sumando ejemplares. "Algunas instituciones donan montos de dinero a la librería
El Gato Neftali y nosotros vamos eligiendo los títulos de acuerdo a las
necesidades que tengamos. O en ocasiones nos dan alguna suma de dinero y lo
repartimos entre aquellos integrantes que ponen sus autos para las visitas."
Para Marta, cada encuentro en un jardín es un placer, "se
siente la retribución de los niños y niñas, pero también de las seños"; a lo
que Lili añade que "uno no puede apasionar en lo que no se apasiona y ver a las
seños como también quedan atrapadas en cada narración o relato, es muy gratificante".
Los Agualuneros
Así como nos resultó complejo encuadrar esta nota,
porque, como dijimos al comienzo este proyecto es hablar de educación, de
alfabetización, de amistad, de acompañamiento, de propósito, de trascender al
dolor, de ausencias que son presencias o de fantasías que son oasis; también
les resultó difícil a los integrantes del proyecto definirse. Tanto, que tuvieron
que inventar una palabra. Claudia González, Laura Goicochea, Patricia
Alewaerts, Nelba Pérez, Gabriela Mendiburu, Ana Gelso, Laura Bianchi, Rosana
Desiati, Marta Chiacchio, Raúl Ferro y Liliana Adaro, son Agualuneros.
Para saber más
En Instagram @biblioagua_luna
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