7 de marzo de 2026
Delia es jubilada docente y ha tenido una vida marcada por el desarraigo. Distancias que hace años intenta acortar estudiando, conociendo e informando sobre sus raíces. Delia es una mujer que nació en una representante y defensora de los pueblos originarios. La quisimos conocer, contar un poco de su historia y su presente que mágicamente la está llevando a aquellas raíces de los Caniumir y Lincopan, sus tatas y grandes maestros.
por
Lorena Medina y Florencia Pendas
Las mujeres atravesamos muchas luchas a lo largo de
nuestra vida, algunas desde la visibilización y otras de manera más silenciosa.
Están las que entablan una búsqueda desde lo individual y las que en comunidad
se hacen oír.
Tenemos en nuestra ciudad muchas mujeres que son
referentes en luchas que tienen que ver con los derechos y para ésta Lupa
Random de vísperas del Día de la Mujer elegimos contarles la historia de Delia
Caniumir, quien hace años busca reconstruir su historia y la de las distintas
etnias de los pueblos originarios en nuestro país.
La vida de Delia tuvo un comienzo difícil, a los cuatro
meses de vida perdió a su mamá y fue criada en Neuquén por su familia materna,
mientras su papa Florencio Caniumir Lincopan trabajaba. Ella recuerda esos años
con pantallazos que la llevan a una abuela de carácter fuerte y una tía que fue
su gran imagen femenina. "Las mujeres en mi comunidad hacían todas las tareas
de la casa, pero también aprendían a hacer las cosas de los hombres (prender
fuego, carnear algún animal). Esa tía fue para mí un ejemplo que me marcó, ella
controlaba todo lo que se hacía y no se hacía. Tenía un carácter muy fuerte",
cuenta Delia entre risas, reconociéndose un poco en esa imagen.
Otra persona que recuerda es una bisabuela que "a la
mañana salía de la cocina con un mate cebado, caminaba hasta un arbolito y ahí le
ofrecía ese mate a la madre tierra mientras decía una oración mirando al sol",
son momentos que tiene en su memoria y que cobran un significado con el correr
del tiempo y con el descubrimiento de sus orígenes.
A los cuatro años se fue a vivir con su familia paterna,
mientras su papa continuaba trabajando lejos, en provincia de Buenos Aires. A
los ocho, ingresó como pupila a un colegio, es allí donde, influenciada por
otras culturas, Delia comienza a alejarse de sus costumbres y recuerda con
tristeza cómo sufría cada vez que debía volver al colegio a quedarse, cuando le
armaban su valija y un poco se arrugaba su corazón.
"Estudié en colegio católico la primaria y secundaria y
me recibí en magisterio. Después hice el profesorado de pedagogía en un
terciario universitario de los salesianos en Bahía Blanca y bueno, sin darme
cuenta fui dejando la espiritualidad indígena un poco de lado", menciona.
Delia, tiene en su sangre diferentes etnias, querandí, tehuelche
y mapuche. "Recuerdo que en el colegio estábamos aprendiendo a escribir, la
letra i era 'la i de indio' y mi papá me dijo que nosotros éramos indios", ese fue
su primer indicio de sus orígenes. Para esta mujer que desde la información
reivindica sus raíces, no hay que detenerse en las discusiones semánticas, "pueblos
originarios, indígenas, indios, para mí no hay una descalificación en esas
expresiones, siento que la discriminación está en la intención con la que se
dicen las cosas", enfatiza-.
Estando en Bahía Blanca, Delia conoció a su compañero
Roberto, con quien luego tuvo a sus, antes, con la llegada de la democracia y
el surgimiento de Aimé Painé alzando la voz, dando a conocer la cultura mapuche
a través de su música, Delia empezó a querer saber más sobre de donde venía. "Hice
seminarios, estudié antropología conocí a otros abuelos en Bahía Blanca,
hicimos agrupaciones con la idea de rescatar los conocimientos de los pueblos originarios.
Porque los jóvenes creíamos que los abuelos (NdR: así se les llama a los mayores
en las comunidades) no nos dejaban nada, no sabían. Pero nos equivocamos, ganando
su confianza todo lo que me han transmitido tiene un valor incalculable",
cuenta.
"De hecho, todas las canciones y cuentos que se han hecho
conocidos en la voz de Beatriz Pichi Mailen (cantante mapuche de una comunidad
chilena), son textos transmitidos por nuestros abuelos, en los que predominaban
los animales, las plantas, el sol, la luna".
Dedicada a la pedagogía, maestra de grado, Delia se mudó
a Tandil (por el trabajo de su marido) y tiene un nuevo desarraigo en su vida,
algo que ahora siente que "me marcó mucho".
A pesar del trabajo y los hijos, ella continuó vinculada
a las agrupaciones y sumando información para rearmar el rompecabezas de sus
ancestros. Por estas cosas de la vida, empezó a darse cuenta de que todos los
caminos la conducían a sus raíces.
"Tuve un tiempo en el que no me sentía bien anímicamente,
si algo pasaba enseguida me afectaba y me deprimía, hice todas las terapias convencionales
hasta que llegué a Las Flores de Bach, me hicieron muy bien. Ahí fue que empecé
a vincularme con las plantas desde otro lugar, estudié fitoterapia, obtuve
conocimientos de medicina china. Por ese entonces vivíamos en el centro y a
Roberto le ofrecieron la posibilidad de venir a ocupar ésta casita en su lugar
de trabajo". Ese lugar, es nada más y
nada menos que la cantera Carba, casi como un llamado de la naturaleza, desde
ese momento Delia habita y honra ese lugar. Un sitio que la llevo a vivir
agradeciendo a la tierra por cada fruto, cada vegetal de su huerta. "No sé cómo
explicar el vínculo con las plantas porque no es sólo el estudio, o la teoría de
saber cuál es cada una, o las propiedades que tienen, es relacionarse con ellas
de ser vivo a ser vivo", relata.
Y aunque los años han pasado, ahora, Delia entiende mucho
más cada costumbre que veía o le contaban sus abuelos. Las ofrendas, el
agradecimiento, la relación con los elementos el agua, las piedras, el aire.
Cada mañana con la salida del sol, Delia se reúne y honra
a sus ancestros a los que quiere acercarse un poco más a través del chamanismo y
las vibraciones del tambor. Ella sabe que su comunidad tiene un valor enorme
hacia adentro, pero también lo es para el afuera.
En tiempos en los que pareciera que nada puede hacerse
por fuera de la inteligencia artificial, ponerle voz a nuestras raíces y
conocer estas luchas, a través de sus costumbres es casi una necesidad. Y que
en estos días tan especiales una mujer sea portavoz de sus raíces lo es aún
más.
Para conocer más
En Instagram @huerepi.tandil
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