25 de agosto de 2026

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salud. Desde el SISP de Tandil difundieron las claves de una buena nutrición: un hábito para toda la vida

La alimentación en la infancia y en la adolescencia no se reduce solo una cuestión de nutrientes: también construye hábitos, vínculos y autonomía para toda la vida. Desde el Sistema Integrado de Salud Pública (SISP) la Lic. en Nutrición Florencia Migliano comparte herramientas para acompañar ese proceso, sin caer en restricciones ni etiquetas. "Si solo pautamos la alimentación en relación a lo que es sano y no es sano estamos estigmatizando los alimentos. Tenemos que lograr que los chicos entiendan que pueden comer de todo, de manera equilibrada", explicó la profesional.

Para una buena alimentación es fundamental incorporar la mayor cantidad de nutrientes posible a través de la variedad: verduras, frutas, el grupo de aceites y grasas, cereales y, cuando se pueda, sus versiones integrales que suman fibra y saciedad. En cuanto a las proteínas, además de las carnes se puede recurrir al huevo, los lácteos y las legumbres, alimentos versátiles que sirven tanto para preparaciones saladas como dulces.

Las claves de una buena alimentación

Para Migliano, la clave está en enseñar a las familias que la comida cumple más de una función. "El alimento también es una fuente de placer. De ese modo, logramos mejorar el vínculo con los alimentos sin estigmatizar ninguno", sostuvo y advirtió que ser demasiado restrictivo puede inducir a que los chicos consideren "malo o prohibido" a ciertos alimentos lo que puede derivar eventualmente en comportamientos indeseados.

Cuando practican alguna actividad física, la alimentación debe ir en sintonía con ese desarrollo: frutas, verduras, proteínas de lácteos, huevos o carnes, según el tiempo disponible antes de la actividad. Una buena hidratación también es parte fundamental: siempre deben llevar una botella con agua en la mochila.

Una de las consultas más frecuentes suele estar vinculada a la incorporación de nuevos alimentos. La especialista señaló que todo cambio de hábito requiere tiempo y paciencia: "lo primero que vamos a escuchar es 'no quiero, no lo conozco, no me gusta' y ante esa situación tenemos que explicar que es un alimento necesario y que no siempre nos tiene que fascinar lo que comemos. Nunca vayamos con la obligación ni con la presión sino ofreciendo el alimento nuevo junto a otro que ya sea de su agrado. La alimentación nunca es premio y castigo, es una necesidad", afirmó.

El desafío de armar la vianda y los "mensajes erróneos" de las redes

Planificar la comida en plena escolaridad también es un dato a tener en cuenta. Migliano sugirió involucrar a los chicos en la preparación de la vianda, dándoles opciones dentro de un mismo grupo alimentario para que puedan elegir. También se puede apelar a "reinventar" preparaciones clásicas sumando otros alimentos, como una milanesa rebozada con avena y semillas, además de pan rallado.

En consulta con adolescentes, la especialista destaca que se observa la circulación de mensajes equivocados sobre lo que es "sano". Muchas veces, siguiendo los consejos que aparecen en redes sociales, eliminan alimentos importantes. "Empiezan a querer modificar su cuerpo con recetas mágicas, trastocando los hábitos alimentarios", señaló y advirtió que la rigidez extrema puede derivar en trastornos de la conducta alimentaria, como los atracones, resultado de pasar muchas horas sin comer.

"Como padres tenemos aún muchas estrategias que darnos inclusive cuando los chicos van creciendo y ganando autonomía. Una de ellas es enseñarles a cocinar sin dejar todas las decisiones en sus manos, manteniendo en la heladera opciones con buen perfil nutricional para que, a la hora del hambre, no sea el paquete de galletitas lo único disponible"

Acompañar a los chicos en su alimentación es, ante todo, un ejercicio de paciencia: enseñarles que no todo tiene que gustar, pero sí tiene una razón, que hay lugar para el disfrute y también para la nutrición y que ese equilibrio se construye de a poco, sin restricciones ni atajos. Con información y acompañamiento profesional, ese vínculo con la comida puede fortalecerse desde la primera infancia y sostenerse toda la vida.

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