28 de julio de 2026
El ciclo de activaciones de El Gran Vidrio continúa los días 29, 30 y 31 de julio con la obra "Todavía estoy acá", de la fotógrafa Mónica Aroza. Durante tres jornadas, el proyecto invita al público a experimentar el arte en el umbral entre el museo y la ciudad, convirtiendo la fachada del MUMBAT en un espacio vivo de encuentro, contemplación y diálogo.
El Gran Vidrio propone romper los límites simbólicos y físicos que separan al museo de la ciudad. Su programa transforma la fachada del MUMBAT en una vitrina activa donde cada obra dialoga con el movimiento cotidiano, con los reflejos de la calle, con quienes pasan y con quienes deciden detenerse a mirar.
En esta oportunidad, la artista seleccionada a partir de la
convocatoria es Mónica Aroza, fotógrafa y docente tandilense, cuya producción
artística se caracteriza por construir imágenes sensibles e intimistas donde la
nostalgia, la memoria y los gestos mínimos se convierten en vehículos de
expresión. Egresada del Instituto del
Profesorado de Arte N.º 4 de Tandil, desarrolla su labor artística y educativa,
participando en exposiciones colectivas, obteniendo reconocimientos en salones
nacionales y regionales, y formando nuevas generaciones de fotógrafos desde la
docencia.
Para esta edición de El Gran Vidrio presenta "Todavía estoy
acá", una obra fotográfica concebida especialmente para ser observada a través
de un vidrio, entendiendo la ventana como un territorio simbólico de tránsito,
espera y despedida.
La imagen muestra a una niña con la mano apoyada sobre un
vidrio empañado mientras dirige su mirada hacia el exterior. No existe una
acción definida ni un relato cerrado. Ese gesto mínimo puede leerse como una
despedida silenciosa, un intento de contacto o simplemente como la permanencia
en un instante suspendido. Esa ambigüedad constituye el corazón de la obra.
En el contexto de encontrarse la obra en comunión con el
exterior, la misma resignifica la imagen y la conecta con experiencias
universales ligadas a la fragilidad, la incertidumbre, la espera y las despedidas
silenciosas.
Las gotas de lluvia sobre el vidrio, junto con una paleta de
colores apagados, construyen una atmósfera íntima donde la visión aparece
distorsionada, como sucede cuando los recuerdos, la esperanza o la ausencia
modifican nuestra manera de mirar el mundo. El vidrio funciona aquí como una
frontera sensible: permite ver, pero impide tocar; protege y, al mismo tiempo,
separa. La mano apoyada sobre esa superficie expresa el deseo humano de
acercarse a aquello que permanece del otro lado.
Como sucede en cada edición de El Gran Vidrio, la obra no
permanece aislada del entorno. Los reflejos de la calle, los árboles, la
lluvia, la luz cambiante y el movimiento de los transeúntes se incorporan
constantemente a la imagen, transformándola en una experiencia distinta para
cada espectador y recordando que el arte también sucede en el espacio público y
en el encuentro cotidiano.
La activación se desarrollará los días 29, 30 y 31 de julio
en la fachada del MUMBAT, ubicada en Chacabuco 357.
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