17 de mayo de 2026
"Como familia argentina somos testigos del dolor que nos causa una realidad que hiere la dignidad humana en el ámbito de la seguridad social.
Asistimos azorados a ver:
· Cómo tantas personas que han trabajado
toda su vida no logran cubrir sus necesidades básicas, aun contando con un
legítimo derecho a una cobertura previsional y sanitaria.
· Cómo muchos jubilados deben optar entre
comprar un medicamento u otro, entre alimentarse o continuar un tratamiento.
· El incremento de situaciones de
descompensación y deterioro de la salud producto de la imposibilidad de
sostener tratamientos médicos esenciales. Detrás de cada cifra hay rostros
concretos, historias de sufrimiento y, muchas veces, muertes silenciosas fruto de
la indiferencia y del descarte.
· El desfinanciamiento de prestaciones
destinadas a personas con discapacidad, a quienes atraviesan padecimientos de
salud mental o situaciones de consumo problemático. Allí donde debería haber
cuidado, acompañamiento y contención, muchas veces aparecen incertidumbre,
angustia y abandono.
· Son criminalizadas o tratadas como un
problema de seguridad personas en situación de calle que deberían ser
acompañadas desde políticas integrales de protección, salud mental y abordaje
interdisciplinario, y ser reconocidas como hermanos y hermanas que necesitan
contención, escucha y oportunidades reales de inclusión.
La seguridad social es un derecho
fundamental que nace de la dignidad de toda persona humana que fue pensado
precisamente para que nadie quede desamparado frente a contingencias como la
enfermedad, la discapacidad, la ancianidad o la pobreza. LA SEGURIDAD SOCIAL NO
ES UNA
CONCESIÓN NI UN PRIVILEGIO.
El Papa Francisco nos recordaba que 'nadie
puede ser descartado' y que una sociedad verdaderamente humana se construye
poniendo en el centro la dignidad de cada persona. En la misma línea, el Papa
León XIV ha alentado a defender especialmente 'la dignidad de los pequeños, los
débiles y los pobres'.
Por ello, como ciudadanos y como comunidad
creyente, queremos dirigir este llamado tanto a nuestros gobernantes y
dirigentes políticos, económicos y sociales, como a toda la sociedad, para que asumamos
con responsabilidad y sensibilidad humana el compromiso de cuidar a quienes más
sufren, garantizando el efectivo cumplimiento de los derechos sociales y el
acceso real a condiciones de vida dignas para todos nuestros hermanos y
hermanas.
Como sociedad necesitamos tender puentes de
diálogo y encuentro, dejando de lado toda indiferencia. Porque una comunidad
justa no se mide solamente por sus indicadores económicos, sino también por la
manera en que cuida, protege y acompaña a quienes más necesitan.
Como cristianos, renovamos nuestra
esperanza en Jesucristo, que se hizo cercano a los pobres, los enfermos y los
descartados.
Le pedimos a la Virgen María, Madre de la
Esperanza, que acompañe a nuestro pueblo y nos ayude a construir una sociedad
más fraterna, donde nadie quede excluido ni abandonado".
PASTORAL SOCIAL REGIÓN PLATENSE
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