23 de septiembre de 2026
En la audiencia general, afirmó que la fe no se opone al progreso humano y llamó a orientar el desarrollo científico, técnico y social al servicio de la dignidad.
Durante la audiencia general de este miércoles, el papa León XIV dedicó su catequesis a reflexionar sobre el valor de la actividad humana en el mundo, a la luz de la constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II. En ese marco, afirmó que el auténtico progreso sólo alcanza su plenitud cuando está orientado por la caridad y al servicio de la dignidad de toda persona.
Ante miles de peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro,
el pontífice continuó el ciclo de catequesis dedicado a los documentos
conciliares y se detuvo particularmente en el capítulo que aborda la relación
entre la fe cristiana y el desarrollo humano.
Fe y progreso no son realidades opuestas
León XIV recordó que el Concilio reconoce al ser humano como
protagonista del progreso gracias a la inteligencia y la libertad con que Dios
lo ha dotado. Sin embargo, advirtió que persiste una visión cultural que
presenta a Dios y al hombre como rivales.
"Para afirmar sus conocimientos, su libertad y su
progreso, el hombre debería emanciparse de Dios", señaló al describir una
concepción extendida en ciertos humanismos poscristianos.
Frente a esa perspectiva, sostuvo que alejarse de Dios
termina debilitando también la comprensión de la dignidad trascendente de la
persona humana.
Las conquistas humanas son signo de la grandeza de Dios
El Papa destacó que, para los creyentes, los avances
científicos, técnicos y sociales no se oponen a la acción de Dios, sino que forman
parte de su designio para la humanidad.
"Las victorias del hombre son signo de la grandeza de
Dios y consecuencia de su inefable designio", afirmó.
A su vez, explicó que la creación permanece abierta al
desarrollo y que Dios confía al ser humano la misión de perfeccionarla mediante
el trabajo, la creatividad y la responsabilidad.
Santificar el trabajo cotidiano
León XIV recordó también que el pan y el vino ofrecidos en
la Eucaristía son fruto del trabajo humano, signo de que la vida cotidiana puede
convertirse en lugar de encuentro con Dios.
"Para encontrar a Dios, el ser humano no debe abandonar
las ocupaciones terrenas, sino que puede vivir plenamente su propia vocación
haciendo bien su trabajo cotidiano y santificándolo", expresó.
Un progreso al servicio de todos
En la parte final de su catequesis, el Santo Padre subrayó
que el desarrollo técnico y científico sólo puede considerarse verdaderamente
humano cuando está animado por la caridad.
"Sólo así podrá utilizarse siempre para defender la
dignidad del hombre y promover las condiciones de vida de todos, especialmente
de los más desfavorecidos", afirmó.
Finalmente, retomando la enseñanza del Concilio Vaticano II,
invitó a compartir el conocimiento y las capacidades humanas para que todos los
pueblos puedan desarrollar plenamente sus potencialidades y construir, con la
ayuda de Dios, un futuro más justo y fraterno.
Fuente: AICA
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