17 de octubre de 2026
Alejandra Kluga es jubilada docente, con una trayectoria educativa destacada, fue directora de la escuela primaria de Cerro Leones. Pero para todo Tandil, Ale es la mamá de Jano. Un niño que unió a toda la ciudad en una de las campañas solidarias más recordadas que llegó a rincones del mundo impensados. En La Lupa Random hablamos con ella sobre el día de la madre y como ese amor puede transformar la ausencia en presencia constante de un hijo. "Él es mi sol, yo soy la luna, siempre digo que él me ilumina".
por
Lorena Medina
Mañana se celebra en nuestro país, el Día de la Madre,
una jornada especial para aquellas personas que hemos tenido una figura materna
amorosa y también para quienes todos los días intentamos acompañar a nuestros
hijos.
El camino en la maternidad no es fácil y para algunas también
es, inimaginablemente doloroso. Hoy en La Lupa Random, Alejandra Kluga, la mamá
de Jano Burelle, un niño tandilense que fue diagnosticado con cáncer y falleció,
nos comparte sus sentires a quince años de aquel momento y cuenta su proceso
personal hasta poder vivir el "Día de la Madre, sin desesperación".
"En quince años pasé de todo, siempre les digo a las mamás
que viven con este dolor de haber perdido a un hijo, que el primer año siempre
es el peor. Las fechas de cumpleaños, o días especiales, la primera vez después
de..., es terrible", confiesa Ale.
"Hice una terapia muy sanadora y empecé a vivirlo cada vez
con menos desesperación, el dolor siempre está, pero tratando también de
respetarme, no me obligo a estar ni bien, ni mal. Lo transito como me sale. Y
honrando también la presencia de Elian (su hijo mayor)".
Con el paso del tiempo, Ale que antes había perdido a
otro hijo, Uriel, empezó a transformarse en el avance del proceso de duelo. "Tuve
que empezar a construir una nueva yo, pero hasta en cosas prácticas porque
estando tanto tiempo acompañando el tratamiento, vivís una vida paralela. Yo, el
día después del fallecimiento de Jano, me senté en casa y dije 'no sé qué hacer',
pero no era una reflexión filosófica ni profunda, de no saber qué hacer con mi
vida...de verdad no sabía qué hacer en lo práctico. Hasta el día anterior la vida
era cuidar a mi hijo, tener los horarios de los remedios, llamar a la enfermera
y en casa, estaba perdida", cuenta.
Después del diagnóstico que había estallado como una
bomba en el seno de la familia, Jano empezó tratamiento en Capital, en el
Hospital Ricardo Gutiérrez, con idas y vueltas, después de casi tres años, los médicos
les comunicaron que la medicina tradicional ya no tenía más que hacer. Así,
decidieron irse a Cuba por un tratamiento alternativo, y lo hicieron, pero de
regreso a la Argentina, al poco tiempo Jano falleció.
"A la vista de todos, nosotros estábamos esperando un
milagro, que no quita que tuviéramos esperando, pero sabíamos en qué situación estábamos.
Tal vez para la gente 'no éramos conscientes' pero la verdad es que yo no me permitía
estar mal con él. Él estaba activo, y había que acompañarlo", relata.
"Imaginate que, el día anterior a fallecer estábamos en
el hospital y entraron a la habitación creo que las Paramédicas con voces
finitas, él las miró de reojos e hizo así (se tapa los oídos). Les pedí que se
vayan y afuera estaba la seño de escuelita domiciliaria, así que le pregunté a
Jano si quería que también le dijera que se vaya y me dijo: 'Mami, no, la seño
me tiene que decir qué dinosaurios son carnívoros'.
Con esa lucidez e inocencia de niño transitaba sus
últimas horas este pequeño que supo ganarse el corazón de toda la ciudad. Y
esta mamá, en una nueva muestra de amor infinito, no se permitía quebrarse.
"Cuatro años y pico vivió, él era muy particular. No era
de esos niños amorosos, simpáticos, pero tenía un algo que hacía que se
quedaran como atrapados con él. Era perspicaz, inteligente...sabio, muy sabio.
Muy observador, estaba más allá. Un día me dijo ma, yo quiero ser libre. Le
pregunte qué era para el ser libre y me dijo 'cuando no tenía esto, era libre'
y se señaló el catéter", cuenta al tiempo que reconoce que fue un dolor terrible
escucharlo, procesar esta voluntad, y en ese instante, ante un deseo tan
profundo, el egoísmo se esfumó.
Hoy a quince años, Ale Kluga dice con lágrimas en los
ojos, pero también, con una sonrisa: "fui la persona que más estuvo con Jano, porque
lo tuve en la panza, y lo acompañé hasta el último suspiro. Como dice el psicólogo
Miguel Espeche: 'no hay que acompañar hasta la muerte, sino hasta el último minuto
de vida. Siempre hablar de la vida."
Esta nueva Alejandra aprendió a sentir a Jano de una
manera diferente, "yo siempre digo que soy la luna, porque la luna no tiene luz
propia, brilla porque hay un sol y él es mi sol. Siempre trato de transmitirle
a las mamas que pasan por lo mismo que se puede volver a ser feliz, tengo un
dolor gigante, pero yo soy feliz. Hay que pararse en lo que sí hay, ser
agradecido con eso. Con esos instantes que pueden ser pavos, pero que te dan
placer. La experiencia con Jano, me posiciono en la vida de una manera distinta".
Y en este disfrutar de lo que tiene y valorar a las
personas que la rodean, Alejandra no duda en responder cual es el regalo que
espera recibir en el Día de la Madre. "El mejor regalo, es estar con Elián, su 'te
amo y su abrazo son todo para mí'. Además ¡no sabes lo lindo que abraza!".
El rol de Elian

Elián es el hermano mayor, hoy tiene 26 años, y sin dudas
merece un párrafo aparte, como todos los hermanos a los que les ha tocado
ubicarse en un lugar distinto para que todo pueda funcionar medianamente y según
las circunstancias. Hermanos que ven como su familia se desconfigura, que hay
papas que sufren, un hermano que pone el cuerpo y ¿dónde queda el dolor propio?
Ale habla mucho de Elián y también aprendió a respetar
sus tiempos, a encontrarse. Y en el relato necesitó mencionar que hay que
desterrar esas frases tan comunes como inútiles. "Cuando te dicen: 'tenés que
ser fuerte porque tenés otro hijo', sí claro, ya sé, pero tampoco hay que
cargar a estos hermanos con la responsabilidad de ser el motivo por el cual una
esté bien, porque es ponerles otra cosa más en la mochila, y ya tienen lo
propio. Cuando falleció Jano, pensé en la posibilidad de adoptar y después dije,
'no, es el momento de este hijo que está vivo, acá conmigo, Elián fue muchos años
el hermano de, y era el momento de ser él."
La Asociación
Civil, Jano Por Todos
"Cuando decidimos irnos a Cuba, pudimos hacerlo gracias a
una gran movilización de gente que ni conocíamos y así nació Todos por Jano.
Lamentablemente a la vuelta de ese viaje mi hijo falleció. Pero esa gente que
se había movido para lograr que podamos viajar, pensaron en seguir
visibilizando la causa del cáncer infanto juvenil y nos pidieron permiso para
armar la asociación civil, que comenzó a llamarse Jano por Todos en el 2011".
"Hoy llevamos más de sesenta intervenciones con familias de
acompañamiento que a veces es a distancia, gestión, asesoramiento, tratamos de eliminar
barreras de acceso y otras cuestiones que atraviesan las familias. El abordaje es
integral, el trabajo es en red. A veces no conocemos a las familias hasta que vuelven
a Tandil", cuenta.
Hay algo muy particular que, para Ale, es una señal, porque
cuando buscaron un slogan para la Asociación, sólo bastó con leer en voz alta
el nombre de su hijo. "Escribí, Jano y dije 'Junto Al Niño Oncológico' su nombre,
una sigla y pensé, este pibito ya venía con una misión hasta en su nombre. Me
la hizo muy fácil...".
"Es la manera que yo tengo de entender el porqué de lo que
pasó, siento que él tenía una misión y se convirtió en mi propósito de vida,
acompañar a familias que pasan por la complejidad del cáncer infanto juvenil",
cuenta.
Si bien hoy, la Asociación Civil no tiene un lugar físico
donde funcionar y sienten que no es indispensable, sí reconoce que tener ese
espacio sería importante para que las familias vuelvan a tener un sentido de
pertenencia. "Cuando estábamos en tratamiento en el Hospital Gutiérrez teníamos
enfrente a la Fundación Flexer y yo siempre les digo que ellos les daban color
a los días. Para nosotros era un espacio de contención, de pertenencia y para
Jano ni hablar. Yo siempre, dije que cuando volviera a Tandil mi deseo era
hacer algo parecido acá."
De la mano de lo institucional, Ale volvió a trabajar
codo a codo con el Hospital de Niños Debilio Blanco Villegas que hoy tiene como
directora a la doctora Nancy Guerrero con quien tienen un vínculo especial
porque las une un angel. "La doctora Nancy Guerrero fue la pediatra de los dos,
de Elian y Jano, ella tuvo que darnos el diagnóstico. Me acuerdo que fue muy
cuidadosa, nos convocó en un horario donde no había mucha gente, la verdad no
me gustaría estar en su lugar en situaciones así. Y en el proceso de
tratamiento, nos acompañó un montón, tiene un gran vínculo con Jano, muy
cercano. Y ahora, las vueltas de la vida, hicieron que estemos trabajando
juntas".
Las cosas por su
nombre
Alejandra se ríe cuando dice "la gente debe pensar que
vida aburrida hablar de cáncer y muerte, pero la verdad es que hay que hablar,
no porque no lo mencionemos va a desaparecer".
"En primer lugar está bueno decir que los niños y niñas
con cáncer no son superhéroes, ni luchadores, no están en una guerra ni una
batalla. No tienen que salvar al mundo, ni luchan contra nada, ya bastante
tienen con lidiar con que la vida les cambio totalmente, que ponen el cuerpo,
como para que se los cargue con frases como estas. O sea, que quiere decir
entonces que ¿si mueren es porque perdieron la batalla? ¿Qué no lucharon lo
suficiente? No, claro. Además, sabemos que, si es por la actitud que le ponen,
todos se curarían. Parece un detalle, pero lo discursivo también influye".
"La vida tiene dos puntas, nacer y morir, hay que hablar
de eso. No hay opción que nos salve de la muerte. Entonces primero valorar la
vida, y después, pensar en qué queremos. Hablar de la muerte como una
circunstancia por la que vamos a atravesar, también nos alivia."
Contacto Instagram
@janoportodos
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