13 de junio de 2026
Cuando la humanidad empieza a actuar de manera consciente, muchas cosas se hacen posibles. Cuando como individuos nos responsabilizamos de la parte que nos toca en el cuidado del ambiente en el que vivimos, y en la importancia de nuestra contribución a un bien mayor, realmente somos capaces de generar un cambio. Hoy en La Lupa Random, te contamos la historia de Nervadura, un proyecto que tiene la ambición de generar una red para reciclar plásticos.
por
Lorena Medina y Florencia Pendas
El 5 de junio ha sido establecido a nivel mundial como el
Día del Ambiente, una jornada en la que desde la ONU se insta a poner énfasis
en los temas que hacen al ambiente y su cuidado.
En Tandil, la Asociación Civil Nuestra Tierra, realizó una
vez más, el Encuentro por el Ambiente, en forma paralela a la correcaminata que
cumplió su edición número 20.
Entre los expositores, había representantes de la
Dirección de Ambiente del Municipio, también, tanto de la Universidad Nacional
como de FASTA, emprendimientos de cosmética natural y gente de huertas agroecológicas
vendiendo sus productos.
Pero hubo un stand que fue como la vedette del evento,
allí se mostraban los pasos para trabajar con máquinas muy simples,
recicladoras de plásticos.
Para comprender que la generación de plástico es un problema global, basta con citar algunas cifras que publica PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), en las que se menciona que el mundo genera aproximadamente 400 millones de toneladas de residuos plásticos al año, de los cuales menos del 10 % se recicla. Alrededor de 11 a 14 millones de toneladas de estos desechos terminan en lagos, ríos y océanos anualmente, lo que equivale a verter un camión de basura al mar cada minuto.
Luego de conocer estos números que son tan reales como alarmantes,
como siempre, todos tenemos dos posibilidades: una, pensar que las grandes
industrias son las causantes de esta realidad y otra, preguntarnos ¿Qué puedo
hacer yo para que esto comience a modificarse?
Esa pregunta, clave y motivadora se hizo Lula (Dolores), quien
se crio en una familia fabricante de aislación por espuma de polietileno, y que
decidió estudiar la carrera de bióloga, todo iba bien hasta que empezó sentir
la incomodad de cierta incoherencia. De esa inquietud, nació la búsqueda de encontrar
algo que hiciera que todo tenga sentido y en un viaje al exterior conoció las máquinas
Plasticpreneur que se convirtieron en su gran propósito. "Cuando las conocí, vi
su funcionamiento y dije es esto", nos cuenta Lula, antes de brindar una charla
para estudiantes del colegio Nuestra Tierra.
De esta forma, se gesta Nervadura, un proyecto de sustentabilidad que es parte de la fábrica Isolant y que llevan adelante con mucho amor y compromiso, junto a Caro (de profesión diseñadora industrial).

El proceso que ellas llevan adelante, que comparten en sus redes y que enseñan en cada sitio al que se las convoca, tiene varios pasos. Recolección, clasificación, trituración y luego la confección del objeto que deseen.
Explican este proceso con tanta claridad que es muy llevadero
para grandes y chicos, pero también le han puesto un plus de entretenimiento, cada
"robot" tiene su nombre. "Chiche" es el aparato que les permite clasificar los
plásticos (no todos tienen la misma composición), Mirtha los tritura y después están
Susana y Moria, que derriten el plástico triturado y lo convierten en diferentes
objetos dependiendo del molde que utilicen, puede ser un parante, una maceta, ganchos,
perchas, peines, reglas o botones.
"Por el momento las máquinas y los moldes se los compramos
a Plasticpreneur, y no es que tenemos todos, pero nuestra idea es llevar este
conocimiento a cada rincón del país para que estas fábricas se repliquen y la
gente sepa que todos podemos aportar algo para liberar el ambiente de la
contaminación por plástico", dice Lula.
Caro, adora interactuar con la gente y con los más
pequeños, que no sólo muestran mucho interés en cada paso del proceso, sino que
no ocultan su sorpresa cuando ven en qué se convierte lo que hasta hace un ratito
era "basura".
Después de algunos días, Nervadura, retornó a la planta en
Pilar donde funcionan. Allí, cerca del predio de Isolant, Lula y Caro,
desmontan las máquinas y las ponen en un conteiner que es su "lugar estable", allí
trabajan, hasta que una nueva invitación las convoca a su vida itinerante junto
a Moria, Mirtha, Susana y Chiche.
Así es..."mucha gente pequeña, en lugares pequeños,
haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo".
Mas información
@red.nervadura
@asociacioncivilnuestratierra
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