26 de julio de 2026
por
POR NÉSTOR DIPAOLA
Allá por 1992 James Carville le entregó en bandeja a Bill Clinton, entonces candidato a la presidencia de Estados Unidos, la frase "Es la economía, estúpido", que le sirvió para derrotar a George Bush, que de esa manera no pudo lograr la reelección que tanto ambicionaba.
Con esa definición se propuso dejar en
evidencia que a la hora de votar la gente privilegia la situación económica
cotidiana. No voy a caer en la
inocentada de suponer que el próximo Intendente de Tandil se va a imponer en
las urnas si lleva como eje de su campaña la defensa del adoquín y del
granitullo de nuestras calles. Pero lo ayudará.
Veamos por qué.
Si hablamos de economía, Tandil es
"populosa y rica", como lo anticipó el fundador, por varios factores, desde la
ancestral ganadería y la más "joven" agricultura, hasta el empuje de sus industriales,
comerciantes, creativos, intelectuales y demás. Pero Tandil tiene un plus que
pocas ciudades de la provincia poseen, que es el turismo.
Don Martín Rodríguez no lo mencionó porque
ese concepto surge, a nivel mundial, recién tres décadas después de haberse
instalado el Fuerte. Sin embargo, lo intuyó, cuando en el acta fundacional,
tras observar las primeras estribaciones de las serranías lugareñas, escribió
con entusiasmo: "Lo bello de las alturas de la pequeña cordillera, lo regular
de su volumen con lo particular de su figura, (...) el cincel de la naturaleza se
esmeró en su regularidad y hermosura: todo allí es agradable".
Y seguramente imaginó el general Rodríguez
que esa piedra antiquísima algún día iba a ser modelada artesanalmente para
elaborar adoquines, ya que desde la más remota antigüedad comenzaron a
instalarse en las calles, por parte de los romanos y otros pueblos.
Por eso, no dudamos que, si hoy se
levantase y empleara algunos minutos para leer el reciente comunicado de los
miembros de la "Comisión Permanente de Defensa del Patrimonio Cultural y
Natural del Partido de Tandil", se muere otra vez, en medio de una profunda
tristeza. No entendería nada.
Pero, para qué ir tan lejos. Se volvería a
morir también el doctor José María Ortiz ("Toto"), que en los albores de la
década de 1960 fue concejal por el Partido Conservador y se convirtió en
pionero en el tema de la defensa de las sierras y del patrimonio histórico y
natural tandilense en general. Él, un luchador de tantos años, se horrorizaría
si alcanzara a leer las siguientes expresiones de la actual comisión: "... el
debate patrimonial se concentra casi exclusivamente en el valor histórico,
cultural e identitario de un bien". ¡Claro, muchachos! ¡De eso se trata! ¿En
qué se va a concentrar?
Sus integrantes aluden a la
"sustentabilidad económica y operativa" y dicen que "no existe patrimonio
posible sin financiamiento real y sostenido". Un criterio decididamente
economicista.
Paralelamente, ese mismo día -jueves
pasado, 23 de julio- se informaba en la prensa local que el municipio había
cortado un sector céntrico de la calle Chacabuco para reparar los granitullos.
Como para pensar que "mientras hay vida,
hay esperanza".
En
verdad, de no ser porque la referida comisión está integrada por tandilenses
conocidos y honestos, estaríamos evocando en este momento el relato bíblico
sobre la traición atribuida al pobre Judas... "Por 30 dineros...". Mantener
nuestros adoquines y granitullos cuesta más que esas monedas de plata de la
Biblia, es cierto. Pero no será para nada imposible.
Y no olvidemos: "¡Es el adoquín,
estúpido!", sobre todo en una ciudad en la que buena parte de su economía está
centrada en el turismo.
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