6 de julio de 2008
Por Guillermo Liggerini
“Nuestra estrella se agotó, y era mi lujo”, solía decir quien por éstas horas se acapara todas las miradas fanáticas roncaroleras como de aquellos extraños a la legión que miran con cierto recelo y prejuicio la presencia del Indio Solari con su misticismo a cuestas. Algo de esa sensación se respira en los pasillos comunales, más específicamente en la antesala del despacho del jefe comunal, a propósito de este distanciamiento que decididamente resolvió emprender Miguel Lunghi para con el poder k.
Ya no hay más disimulo, y por más esfuerzos que se empecine algún colaborador de peso en mostrar que las relaciones siguen siendo las óptimas (cree que uno de los principales elogios del electorado versaba sobre esa estrecha relación a pesar de las distinciones partidarias), hay cierto despojo de aquella necesitada postura que tan redituable resultó.
Precisamente esa mirada particular de algún secretario no hace más que desempolvar viejas rencillas internas, que el propio Lunghi supo –y sabe- capear sobre la fortaleza de un liderazgo fraternal pero también amparado por la inobjetable imagen popular.
Hoy no resulta una preocupación, apenas sensaciones inevitables. Empiezan a florecer perfiles, fuertes personalidades de cara a un posicionamiento interno que no sólo pugna por contar con la mayor atención del pediatra, sino también se cela por cobrar un protagonismo con claros propósitos de avizorarse como potables figuras post lunghismo.
Ya alguna vez corrieron el riesgo de medirse en una encuesta, pero el resultado no hizo otra cosa que arrojar lo obvio: es Miguel Lunghi, después casi el abismo (en el último sondeo no hubo quórum para repetir la experiencia).
“Fue por esa vez mi héroe vivo Bah!. Fue mi único héroe en este lío”, le parece cantar el Indio al radicalismo y éste a Lunghi, quien a pesar de los esfuerzos y generosidad, entiende que hay que trabajar y mucho para colocar a un hombre que represente la continuidad, de lo contrario siempre hay un Auza al acecho, con sus desgaste y contradicciones a cuestas.
Las especulaciones no son casuales. Como se ha escrito en éstas páginas, el pediatra por éstas horas se muestra algo cansado de trabajar de intendente. En verdad, cumplió con sus sueños, por eso tal vez cierto relajo. Pero también se dice decepcionado de los tiempos políticos que corren.
Más allá que el contexto (con el conflicto chacarero) lo ayudó a esclarecerse sobre su verdadero ánimo, no es menos cierto que acusa recibo de los interminables viajes en busca de “limosnas”, con puertas que a veces abren, como ayer, y otras no, como presumiblemente pueda ocurrir a partir de ahora. Ese desánimo lo perciben quienes no ocultan sus aspiraciones y allí surgen las nuevas viejas pugnas internas.
Mientras Lunghi se esfuerza por lucirse ahora cerca de un gobernador como Binner, sobre quien el electorado tandilense francamente tiene un conocimiento neutro, sino nulo, los secretarios salen el ruedo con sus anuncios. Se primerean, compiten por sus respectivas cajas y por el protagonismo mediático, aunque ello implique poco a la hora de una medición sobre popularidad.
LOS CANDIDATOS
A nadie le resulta ajeno la especial simpatía que Lunghi tiene para con Juan Pablo Frolik (lunghista puro), pero su espacio en la presidencia del recinto ha quedado eclipsado por la omnipotencia ejecutiva, ergo por el resto de los secretarios. De todas maneras, no escatima esfuerzos, con su colaborador de prensa contratado a tal fin, para lucirse en el margen que le queda.
En tanto, Julio Elichiribehety mantiene su vigente diagnóstico desalentador sobre la problemática social, que en definitiva le permite mantener recursos para su secretaría e imponer agenda. Mario Civalleri, por las suyas, emprendió el desafío de dar respuesta a uno de los grandes déficit que preocupa a la población como es la repavimentación de calles, olvidándose del resto de las cientos de calles sin pavimentar (hay más votos dentro que fuera de las cuatro avenidas). Carlos Fernández, por caso, siempre atento a ganar la escena (incluso direccionando los destinos de uno u otro funcionario). Todos ellos y ningún otro hasta la fecha, forman parte de la oferta electoral que el radicalismo prevé una vez Lunghi en retirada.
“El montaje final es muy curioso, es en verdad realmente entretenido”, entona con desgarradora voz Solari en su emblemático Jijiji. Algo de eso también tararean los radicales y los otros.
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