15 de agosto de 2026
Padre e hijo, los Taranto son amantes del automovilismo. Hoy son dos adultos que cumplieron el sueño de niños de subirse a una pista y que honran esa pasión alimentándola día a día. Los Pedro, hacen rugir un motor y vuelven a ser esos niños que alguna vez soñaron con correr. Hoy en La Lupa Random y a través de esta historia, honramos a esos niños que fuimos y de algún modo, seguimos siendo.
por
Lorena Medina
Mañana se celebra el día de la niñez y, afortunadamente,
para muchos adultos, volver a la infancia es retornar a un sitio de felicidad. Recordar
instantes y personas de nuestra niñez nos regresa a momentos de libertad,
sueños e inocencia. Algunas personas convierten esos sueños en realidad alimentando
una pasión, que además se transmite.
En la Lupa Random de hoy, elegimos honrar la niñez con un
padre y un hijo que logran sostener ese sueño que tuvieron de niños. Los Taranto,
Pedro y su hijo, Pedro (NdR en adelante Pedrito), son amantes del automovilismo
y mecánicos.
Ambos tienen recuerdos desde siempre, que están relacionados
a los autos, la mecánica, los ruidos de motores, el olor a aceite. Pero ninguno
de los dos, siente que esta pasión le fue impuesta, sino que se fue alimentando
de a poco hasta convertirse en su gran propósito de vida, y que disfrutan al compartirla.
Pedro es oriundo de Vela, allí nació en el seno de una
familia que se dedicaba a la mecánica de autos. "Mis abuelos arreglaban
carruajes en Vela y una vez llegó a la puerta de su casa por primera vez un auto
con necesidad de arreglo, lo pudo sacar adelante y así empezó con la mecánica,
casi sin querer", cuenta ante la atenta mirada de Pedrito que hizo una pausa en
su jornada de trabajo para recibir a La Lupa en su taller.
"Vela es un pueblo muy fierrero, me crie entre autos de
carrera, peñas y así me fue gustando escuchar el ruido de los motores. Ya más
de grandecito, me dejaron acelerar los autos. Todo eso fue alimentando la
pasión por el automovilismo y en paralelo también fui aprendiendo a ser mecánico".
Así como fue de natural para Pedro, lo fue para su hijo
que cuando nació tenía a su papá ya corriendo en Fórmula 5, "me acuerdo de que
era chiquito y el ruido lo asustaba", cuenta.
Ahí, empezaba un nuevo capítulo de la familia y el vínculo
con el "mundo tuerca". "La vida de papá me fue llevando naturalmente al
automovilismo. Cuando vivíamos en la calle Ituzaingó que también estaba el
taller, me acuerdo de estar papá en la fosa arreglando un auto y yo pasándole
las herramientas, metiendo mano en el motor, aprendiendo y disfrutando",
menciona Pedrito que hoy es uno de los animadores del zonal.
"Un día en Benito Juárez, papá corría en Mar y Sierras y me dejo mover el auto, cuando me subí, escuche el motor, lo maneje, dije 'ahora quiero la pista'.

Pasaron unos cuántos años, pero la semilla, ya estaba sembrada,
más tarde o más temprano, Pedrito iba a lograr subir a la pista y seguir
alimentando esta pasión. La propia y la de su papá, porque los roles cambiaron,
pero siguen siendo equipo.
"Sin él no podría hacerlo, papá le pone todo su
conocimiento y pasión al motor y yo al chasis. Siento que somos un equipo
insuperable junto con otros amigos que nos ayudan, hacemos todo nosotros para
que las inversiones no sean tan grandes", dice sin dudar.
En estos años, ambos siguieron trabajando en sus
talleres, y apostando a seguir en el automovilismo. Se dieron varios lujos, como
armar el auto juntos, hacer podios, compartir en familia cada presentación. En una
ocasión hasta pudieron vivir un momento, que no sé cuántos habrán podido repetir.
Fue en Rauch cuando el propio Pedro fue convocado a bajar la bandera a cuadros
mientras Pedrito cruzaba la meta en primer lugar.
Pero les faltaba algo, correr juntos. Algo que pudieron
cumplir el fin de semana pasado, en una carrera de invitados, que se convirtió en
un desborde de adrenalina inesperado.
"Nunca habíamos corrido juntos y tenía muchas ganas de hacerlo",
cuenta Pedrito, que ya había tentado a su padre a correr el año pasado y no quiso.
Pero esta vez no pudo decirle que no. La felicidad era total, una vez más todos
los días previos con la cabeza y los ojos puestos en el auto, para que nada
falle.
Pero hay cosas que no entran en los cálculos, y hay que
superarlo. El viernes Pedro volcó y aunque no fue un golpe grande, sí el susto.
"Por suerte papá salió bien, yo salí corriendo porque una de las cosas que
preocupa es el derrame de combustible y la corriente. Una vez que vi que él
estaba bien, me quedé tranquilo. Después verificando el auto vimos que casi no
se hizo nada así que nos pusimos a trabajar para poder competir al otro día",
cuenta Pedrito después del susto.
También se rompió el motor, estuvieron casi sin dormir
para arreglarlo y sacarlo a pista, cosa que finalmente ocurrió. Todos estos
contratiempos que uno se estresa con solo contarlos, ellos lo relatan con una
sonrisa. Disfrutan, comparten, viven este amor que los une con una pasión tan
intensa como difícil de explicar. Es que el automovilismo no sólo es un
deporte, y mucho menos en este tipo de categorías en las que todos los pilotos
hacen cada trabajo con mucho esfuerzo, sino que, además, es un ambiente que
convoca a las familias a los amigos y así se vive. Casi sin términos medios, o
te gusta y te apasiona o no te gusta. No hay grises.
Hoy los Taranto, disfrutan de la pasión que los une y que
ambos sienten desde niños. Cuando les pregunto sobre algún momento de sus
infancias vinculado al automovilismo que los haya marcado, los dos dicen casi
no tener recuerdos que no estén relacionados con los fierros.
"Tengo miles de imágenes", dice Pedro y elige contar una anécdota
que su hijo escuchará por primera vez. "Cuando yo era chiquito en el taller de
mi viejo había dos muchachos que trabajaban y se compraron un karting nuevo, yo
andaba con ellos para todos lados y un día fuimos a la pista. No sé qué pasaba
que el karting no arrancaba entonces me pidieron que me sentara y lo acelere
mientras ellos veían cual era la falla. Empezaron a empujar y yo acelere, el
auto arrancó, pero no frene, seguí acelerando y di una vuelta al circuito. Ese
día dije, quiero hacer esto".
Pedrito, tiene una manera de vivir la pasión que se
completa cuando la comparte, es una premisa de equipo. Hasta le permite a la
gente que deje su firma o mensajes en el auto, que se suban se saquen fotos o
lo aceleren. Esa es su manera de disfrutarlo, y su gran recuerdo lo remonta a
una situación similar. "Me acuerdo en un cumple mío, que invite a todos mis
amigos a comer algo en el taller y papá nos dio permiso para subirnos al auto
de carrera y andarlo un cachito. Ese día me quedo grabado porque fue compartir
con amigos, esto que tanto nos gusta".
Los sueños cumplidos para ellos no cesan, porque próximamente
Pedrito va a ser padre por primera vez y desea poder transmitir una pasión, por
el automovilismo o por lo que sea, pero poder darle a su hijo o hija esta
manera intensa de vivir un sueño. Para ello, y casi como una máxima de familia
Pedro, su papá, cierra la nota con una frase contundente: "Para mantener tu
niño interior vivo eternamente, tenés que tener una pasión y alimentarla."
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