1 de abril de 2008
El responsable de la noyería ubicada en Pizzorno 35, que cerró sus puertas el sábado, Antonio Moreno, señaló que la medida fue adoptada: “no por falta de trabajo sino porque la empresa ya no era rentable”. Aseguró que no hay posibilidad de revertir el cierre, al tiempo que dijo: “los empleados conocían la situación”.
Como se informó jornadas pasadas, en la primeras horas del sábado el paso fortuito de uno de los empleados permitió advertir que la empresa estaba siendo desmantelada. Esto derivó en un piquete con quema de cubiertas por parte de los trabajadores afectados para evitar que se sigan llevando las maquinarias.
En la víspera, los trabajadores esperaron en vano que se realizara una reunión en el ministerio de Trabajo, porque los responsables de la empresa no se presentaron según lo informó el secretario General de la UOM, Carlos Reyes. Por su parte, uno de los dueños de la empresa, Antonio Moreno, en diálogo con LA VOZ explicó lo que había sucedido y destacó que si bien tenía trabajo, estaba haciéndolo a pérdida y eso lo obligó a cerrar su fábrica.
“Los costos han superado a los precios de venta y no consigo actualizarlos y, como estamos trabajando a pérdida, fue que resolvimos con mi socio cerrar la fábrica. Los empleados ya conocían esta situación y sabían que esto iba a suceder, porque desde hace tres años que la venimos remando y todo el mundo conocía nuestra realidad”, aseguró el empresario.
Al indicarle que los obreros habían señalado todo lo contrario y que no sabían del cierre de al empresa, sostuvo que “ellos hace tiempo que sabían lo que iba a pasar. Como mínimo tres años, porque durante ese período venimos luchando para que esto no suceda, pero lamentablemente no lo pudimos evitar”.
También los empleados han señalado que ellos sabían que había trabajo. Al respecto Moreno sostuvo que “trabajo hay. No es por falta de trabajo que cierra la fábrica, sino es por falta de rentabilidad. Por eso digo que me fundí trabajando”.
Con respecto a la relación que mantenía con Metalúrgica Tandil. el empresario señaló que dicho establecimiento era su principal cliente. Aunque también mantenía alguna relación comercial mínima con Fungris.
Antonio Moreno aseguró que “no hay manera de dar marcha atrás, porque son tres años que me vengo hundiendo y no tengo forma de salir a flote. Esta situación ya no tiene salida”. Tal es así que a la hora de hacer referencia a las indemnizaciones sentenció: “no sé de donde saldrá el dinero para pagarlas, porque yo no tengo más plata”.
En definitiva, agregó que “no fue una medida espontánea. Es algo muy madurado, ya que hemos peleado todo lo posible y ya no puedo más. Por lo menos, mi inteligencia no me permite ver una salida”.
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