27 de agosto de 2016
Fotos actuales de algunas bóvedas del Cementerio Municipal de Tandil -Jorge Regairaz -
Por arquitecto Jorge Luchetti
“La ciudad tiene a su lado, como Laudonia, otra ciudad cuyos habitantes llevan los mismos nombres: es la Laudonia de los muertos, el cementerio”. Así definía Italo Calvino a los cementerios, en su obra Las ciudades invisibles. Nosotros trataremos de analizar la otra Tandil, la Tandil de los muertos.
Es una tarde gris y fría en nuestra ciudad, no la ideal precisamente, para dar un paseo por el viejo Cementerio Municipal. De todas formas, para un amante de la arquitectura y el arte, esto no es un escollo que no se pueda sortear. Es que la ciudad de los muertos, aparte de guardar historias, mitos y leyendas, tiene una riqueza arquitectónica y escultórica en bóvedas, tumbas y nichos, que cualquier visitante querría descubrir.
La vieja necrópolis, con el correr de los años, se ha transformado en un museo a cielo abierto, que sorprende por el popurrí estilístico que abunda en el lugar. Es que al recorrer sus pequeñas callejas, entre bóvedas y tumbas, como en un baile de máscaras, uno va descubriendo la gama de estilos, que van desde un clasicismo renacentista, pasando por una composición gótica, un Art Nouveau, un Art Déco, y hasta alguna cripta de líneas más modernas. Incluso hay verdaderos pastiches estilísticos, donde cúpulas, frisos y pilastras, se entremezclan determinando así, lo que se podría considerar como un neoestilo.
Más de ciento cincuenta años de riqueza patrimonial guarda este campo santo, pero lamentablemente se encuentra hoy con un gran deterioro edilicio. Detrás del monumental peristilo de acceso, el tiempo va mellando esta especie de arcón de los estilos y pone en riesgo el futuro de nuestro cementerio.
Es difícil predecir que pasará de cara al futuro, pero si en poco tiempo no se financia su recuperación, parte de su riqueza artística va a desaparecer. Otros cementerios como el de las ciudades de Azul, Laprída y Saldungaray, hoy son visitados por europeos, que vienen exclusivamente a ver estos lugares. Claro, en ellos se encuentran las obras monumentales de Francisco Salamone, un arquitecto italiano, que durante la primera mitad del SXX, realizó más de sesenta construcciones en la Provincia de Buenos Aires de carácter colosal. Si bien el cementerio de Tandil, no ofrece ninguna obra del afamado autor, sus bóvedas son de una riqueza incalculable, y a pesar del deterioro de muchas de ellas, aún se vislumbra su preciosidad.
Sin duda el patrimonio funerario tandilense está en crisis; ahora bien, esto no sucede solo en nuestra ciudad, hay una dejadez general sobre algunas de nuestras necrópolis. Es que en la actualidad se ha producido un cambio de pensamiento en la sociedad occidental sobre la muerte y el destino final de nuestra esencia. Los pomposos cementerios decimonónicos, con imágenes aladas, alegorías, epígrafes de duelo, etcétera, comienzan a aparecer como ajeno a nuestra forma de sentir. Por eso muchos de estos cementerios en todo el mundo, se terminan transformando en museos a cielo abierto (uno de los ejemplos más cercano es el del Cementerio de la Recoleta) en su búsqueda de una reconquista urbana. Otro de los modelos a analizar es el del cementerio de la ciudad de Florida, que comenzó a ser estudiado y coordinado con el fin de su puesta en valor y el diseño de un recorrido turístico que lo destaque y revalorice el patrimonio cultural, artístico e histórico del lugar.
Como corolario, recordemos al historiador y escritor español, Mesoneros Romanos, quien en una reflexión sobre los cementerios nos decía: “El campo de los muertos está muerto también: más que cementerios son ya exposiciones arqueológicas”. Esperemos, que nuestro Cementerio Municipal no se transforme en ruinas.
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