25 de julio de 2008
Celmo Gómez (77), ex ferroviario, estaba desocupado cuando el 26 de enero de 1978, un grupo de tareas tomó por asalto su casa del barrio Atepam casa 57, donde se hallaba junto a su hijo. Tras destruir “toda la casa”, los militares lo secuestraron para llevarlo al infierno de la tortura y la desaparición forzada.
Su mujer, enfermera del Hospital “Ramón Santamarina” y también secuestrada, fue “visitada” al centro asistencial por las fuerzas del orden, el mismo día que Gómez era destinado al cautiverio de la represión ilegal.
Treinta años después del horror, frente a la casa del ex-ISER (hoy Sans Souci), donde reconoce haber escuchado el ruido del tren y los chicos que jugaban en el recreo de la entidad educativa, revivió con LA VOZ ese momento imborrable de su existencia.
“Fui 14 años ferroviario, cuando vinieron los milicos me echaron del trabajo, pero nunca anduvimos en actividades subversivas, milité en el Partido Comunista pero siempre expuesto y dando la cara”, comentó este hombre, desde hace años radicado en Mar del Plata.
Sobre la detención, rememoró que “entraron tipo malón, me prepotearon y tiraron al suelo. Revisaron los libros que vendía. Mi hijo tenía 14 años, lo maniataron. Me amenazaron diciendo que si no me quedaba tranquilo se llevaban al pibe también. Me insultaron. Allí reconocí a (Italo, militar procesado en la causa) Pappalardo. Alto, morocho”.
El fallecido Eduardo Frechero (ex-detenido desaparecido) “fue al otro día a sacar fotos de la vivienda, y estaba toda revuelta”, narró.
LAGRIMAS EN SANS SOUCI
Primero Gómez fue trasladado a los cuarteles de Pujol, donde vendado, poco después “por el corto trayecto, supongo me trajeron acá”, explicó ayer a la espera del reconocimiento judicial.
El entrevistado recibió allí cinco sesiones de tortura con picana, en una cama sin elásticos, una metodología propia del terrorismo de estado.
“Me liberaron porque el corazón tenía un ritmo acelerado, taquicardia. Alguien me auscultó y aflojaron con la tortura, entonces me desataron”, esbozó como tantos crudos testimonios del horror dictatorial.
Un señor bajito, corpulento, morocho, con una pistola en la cintura, es todo lo que alcanzó a visualizar entre los ojos pegados por la venda de días. Hasta llegó a escuchar una tos fumadora parecida a la de su señora, aunque nunca pudieron dilucidar si compartieron el centro de detención.
“El trato con la gente que nos cuidaba era bueno, pero cuando escuchábamos los ruidos del vehículo, empezaba el despelote. Recuerdo las lajas de la caballeriza de este lugar. Cuando me desataron, me llevaron a la Comisaría Primera”, agregó Gómez cuando ya estaba “pasado de máquina” eléctrica.
Fueron 28 días de cautiverio.
“Estoy a punto de llorar, pero no me quedan secuelas. Es la vejez. No me marcó mucho, no vaya a creer, mi vida siguió, tengo buenos amigos y familia”, expresó quebrado entre el desgarrador testimonio, que ya cristalizó en numerosos juicios por crímenes de lesa humanidad.
“Justicia ya hay, estos forros la están pagando. A veces uno es contemplativo, porque era un momento. Estuvimos a punto de cambiar las cosas, no se pudo. Ahora no están más, yo sigo viviendo. No tengo mucho rencor, si me conmueve todo lo que pasó, aunque me haga mal recordarlo”, culminó entre lágrimas.
Reconocimiento individual
Diecisiete testigos y víctimas de la represión ilegal en Tandil, que declararon en la megacausa haber estado capturados en la ilegalidad en un inmueble con los rasgos del ex-ISER, fueron citadas a Sans Souci, donde frente al juez Comparato debían brindar testimonio que permita echar luz sobre lo que –todo indica- sería otro de los centros clandestinos de detención.
Pasado el mediodía, llegó el magistrado federal, donde hizo pasar a las personas, de a una, al inmueble que sería escenario del accionar de la última dictadura militar.
Hubo algunos que consideraron al lugar como el sitio donde estuvieron alojados. Por un lado hicieron hincapie en los pisos de madera, otros se refirieron a las estufas hogar y algunos por ruidos especiales, como es el caso de una antigua fuente de agua.
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