5 de julio de 2012

Espectáculos y sociales

Espectáculos y sociales. 1977: el Coro Estable de Tandil se vuelve internacional

1977 se inició para el Coro Estable como cualquier otro año: hacia febrero comenzaron los ensayos y se comenzó a pensar en un plan de actividades para el año, que incluía la ejecución de la Misa Criolla con Ariel Ramírez y Domingo Cura para Semana Santa. Nos encontrábamos en esos trámites cuando llega una invitación del mismo Ramírez para acompañarlo en la ejecución de dos funciones de la Misa Criolla para los delegados a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua, a realizarse en Mar del Plata en marzo. La oportunidad de cantar ante delegaciones de todos los países del mundo no era algo que se pudiera despreciar y, si bien las actuaciones eran en días de semana, allá fue el Coro Estable. En esos viajes a Mar del Plata se puso en práctica por primera vez eso de “cambiarse en el micro” porque no había tiempo para hacerlo a la llegada. Primero se probó colocando en el medio del micro una especie de cortina, para separar a hombres y mujeres… pero al segundo día, la cortina se cayó y cada uno se cambió allí mismo como pudo. ¡Fue un nuevo aprendizaje!
Los conciertos salieron muy bien y tuvimos muchas expresiones de apoyo por parte de los delegados presentes.
Pero por esos mismo días uno de los integrantes trae una noticia bomba: un amigo era el nuevo embajador en Paraguay e invitaba al coro para actuar en los festejos del 25 de Mayo en la ciudad de Asunción…¡Viajaríamos al exterior! ¡A Paraguay!
Hay que tener presente que por aquella época sólo los ricos o los empresarios o funcionarios importantes viajaban al experior – y por eso, para los integrantes del coro el viajar a Paraguay era algo casi inimaginable. Con muchos nervios esperamos la fecha (Mayo) y armamos una gira que abarcaba conciertos en Junín, Rosario, y ciudades de Misiones y Entre Ríos, además de varias actuaciones en Asunción (en la Sala del Banco Nación y la Casa Argentina, entre otras). También aprovecharíamos para conocer las cataratas de Iguazú, a la vuelta.
Todo salió a pedir de boca, la recepción muy cordial y los conciertos con mucho éxito. Los problemas llegaron con el viaje a Iguazú. En primer lugar, al dirigirnos a la balsa que por aquel entonces hacía el cruce de Foz de Iguazú a Puerto Iguazú, la llovizna había vuelto tan resbaladoso el camino que el ómnibus comenzó a deslizarse en dirección al río… todos contuvimos la repiración: adelante el tumultuoso río Iguazú y nosotros resbalando con micro y todo hacia él. El querido Gutierrez, chofer y dueño del ómnibus maniobraba con sumo cuidado con el freno de motor y todo lo que se le ocurría y así, despacito, pudo controlar el vehículo hasta hacerlo subir a la balsa sin contratiempo.
Pero no finalizaron allí los inconvenientes: llegados que fuimos de regreso a nuestra patria, a la Argentina, nos esperaban los señores de la aduana y prolijamente nos quitaron las diversas botellas de “SCOTCH WHISKY” que habíamos comprado en el país vecino y ante nuestros atribulados ojos, las descorcharon y procedieron a su vaciado en la misma ribera del río Iguazú. Pero, sin whisky y todo, fue un viaje absolutamente memorable.
El año culminó con una nueva presentación en el Salón Dorado del Teatro Colón de Buenos Aires, una gira a la ciudad de Colón y un muy exitoso 4º Festival de Coros, Tandil 1977”

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