16 de junio de 2010
En la oportunidad, el entonces capitán del equipo, José “Yiyo” Conte recibirá la estatuilla diseñada y construida por el escultor tandilense Alberto Vinsennau.
Una decisión sin duda por demás merecida. Durante el acto, se proyectará un video en el que participan la señora y la hija de Conte, el famoso “Colorado” Abel Ghezzi, integrante del plantel, el futbolista de todo ese gran ciclo de las décadas del 50 y 60 Norberto Quinteros y Pablo Pasty en carácter de hincha, que presenció los dos encuentros finales frente a Mar del Plata.
EL SEÑOR CAPITÁN
Quienes vivieron ese momento y están para contarlo, disfrutan mucho cada vez que evocan el inigualable recibimiento a los futbolistas campeones en la Plaza Independencia, en aquel frío atardecer de Día del Padre. La delegación estaba llegando desde Mar del Plata, con quien se había igualado en dos tantos, pero a quien una semana antes se le había ganado en Tandil por 3 a 1.
Fue toda una hazaña. Mar del Plata tenía un excelente conjunto. Pero Tandil disponía también de grandes jugadores, casi todos nativos de estas sierras. Eran tiempos en que las estrellas locales por lo general desarrollaban su actividad en su pago chico. Muy pocos emigraban.
Por lo tanto, pudimos darnos el lujo de contar con un señor capitán como José Héctor Osvaldo Conte, más conocido como “Yiyo”. Eran épocas en que los capitanes gozaban de un prestigio muy especial, por su caballerosidad, su don de señor con toda la implicancia de la palabra.
En su modestia, Yiyo prefiere sostener que ese grupo humano no presentaba diferencias. Dice que “eran todos iguales”. Y más allá de sus méritos, mucho hay de cierto. Fue un conjunto muy especial, con la presencia de conductores geniales como Aquiles David Caviglia, que convirtió cuatro de los cinco goles frente a Mar del Plata. Un arquero que hizo historia como Domingo Pastor. Pero hubo, fundamentalmente, espíritu de grupo y una gran calidad técnica generalizada en lo estrictamente futbolístico. Y también una “garra tandilense” que fue muy especial y muy comentada en la época.
Esa tarde, una nutrida caravana de automóviles llegaba victoriosa y eufórica desde el mar. Muchos otros fueron a esperar a los campeones hasta el paraje La Vasconia. Y el resto de la gente aguardó con emoción, ansiedad y alegría contagiosa, en la Plaza Independencia.
El Intendente de entonces, don Juan Roser Isaac, abrió las puertas del Palacio Municipal y los campeones saludaron desde los balcones. Minutos después se mezclaron entre la multitud. Y como se lo merecían, fueron llevados en andas por los distintos espacios del paseo público. Como ídolos. Como protagonistas de una de las mayores alegrías en toda la historia de la ciudad.
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