25 de febrero de 2008

Locales

Locales. Acusarán al quinteto de imputados por homicidio en ocasión de robo

Tal como se vino detallando a lo largo de la semana que pasó, hoy se retoma la audiencia oral y pública en que se juzga la responsabilidad penal de los cinco imputados por el crimen de José Luis Gárate, ocurrido el 28 de agosto de 2004, en el supermercado Monarca de avenida Colón al 1100.
El Ministerio Público Fiscal, representado por el doctor Agustín Echeverría, quien a lo largo del juicio estuvo flanqueado por el fiscal Gustavo Morey (quien llevó adelante la pesquisa) y los colaboradores Enrique Langer y Leonel Calles, no hará más que sustentar su alegato sobre la base de los lineamientos que anticipó al comienzo, argumentos ventilados a lo largo de las tres jornadas de la audiencia de prueba, a través de más de una treintena de testigos además de la prueba incorporada por lectura.
Si bien hoy, desde las 9.15, el fiscal echará luz sobre las calificaciones pretendidas para la virtual condena de los acusados, se descarta que el suceso se enmarca dentro de un homicidio simple en ocasión de robo en grado de tentativa, aunque para los partícipes habrá respectivos roles y en consecuencia pretendidas penas, que serán recepcionadas por el Tribunal Criminal N° 1 (integrada por los jueces Piñeiro, Arecha y Galli), a la espera de su veredicto. No sin antes, cabe mencionar, escuchar los alegatos de los defensores, a cristalizarse el venidero jueves.

LA PETICION DEL FISCAL
Como se vino detallando a lo largo del juicio, quien a priori resulta más comprometido por el fatal suceso es el juarense Román Espinosa, sindicado como el autor material del disparo que terminó con la vida del “Pato” Gárate, en lo que se presume un intento de robo en los fondos del local comercial, una vez abierta la puerta por Gárate para que ingresara Belén Molina.
Para el hombre de estatura mediana pero robusto, de tez trigueña y pelos oscuros, facciones bien marcadas y mirada aislada, el fiscal pretendería que se lo condene por Homicidio simple en grado de tentativa en concurso ideal y portación de arma de fuego, sin autorización.
Sobre él pesan, entre otras pruebas presentadas en el juicio e incorporadas por lectura, reconocimiento por parte de Molina como el autor del hecho, además de aquellos que lo vieron comprando proyectiles el día anterior en una armería juarense. Asimismo, la campera secuestrada a la vuelta del lugar del hecho, se encontraron huellas cuyo patrón genético se condicen con el suyo (estudios de ADN), como así también las llaves que habían en uno de los bolsillos con cerraduras secuestradas en las viviendas de Miramar y Juárez y los pelos de plástico hallados en la misma campera de jeans y en una de sus propiedades allanadas. Las escuchas telefónicas, también resultan indicios vehementes.

PARA EL RESTO
En tanto para los restantes imputados, el fiscal impulsará la acusación por homicidio en ocasión de robo en grado de tentativa, aunque para cada uno de ellos también les valdría particulares roles sobre su participación.
Para la acusación, Santiago y Rafael Pugni, resultaron los autores intelectuales del atraco frustrado que culminó con la muerte de Gárate. De acreditarse dicha imputación, su condena revestiría la misma pena que para Espinosa. Las escuchas, los reconocimientos, las pruebas que acreditan haber alquilado el rodado que llevó a Molina al lugar de los hechos, entre otras yerbas (además de la declaración de la mujer), formarían parte del sustento para dejarlos también comprometidos en el hecho.
Para Daniel Sasali, el Ministerio Público Fiscal considera que estuvo al tanto lo que se iba a cometer, aunque a la hora de evaluar las pruebas no resultan tan contundentes como con el resto.
A saber, sí se tomaría muy en cuenta el reconocimiento de Molina para con quien presuntamente manejaba el auto que llevaba al autor material, incluso se buscará acreditar que era de su propiedad. En la misma sala de audiencia, Belén lo volvió a reconocer más allá de que su aspecto físico luce diferente (se tomará en cuenta el testimonio del oftalmólogo que acreditó que usaba lentes para conducir). Asimismo, los últimos testigos que aludieron a una relación previa con Espinosa complicarían su situación. Empero, no hay otros elementos sustanciales más que los mencionados. El intento por probar que la campera secuestrada era suya no logró contar con una certeza por parte del perito consultado cuando cotejó con una fotografía hallada en su morada. A la vez, tampoco hay llamadas telefónicas que lo implicarían con el resto de los acusados.
Sin embargo, el fiscal podría considerar que su conducta evasiva a la hora de ser consultado por los investigadores oportunamente (cuando se le preguntó por la campera en cuestión mostró otra, de características no tan similares), como su cambio físico, podrían ser tomados como agravantes para su imputación.
Sobre la situación de Belén Molina, no caben dudas sobre su participación necesaria en el luctuoso hecho confesado por ella misma, aunque valdrían varios atenuantes precisamente por haber “colaborado” para avanzar y virtualmente esclarecer el crimen.

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