28 de noviembre de 2022

La doctora María Argeri tras la respuesta de Lafosse sobre el "código alimentario"

La doctora María Argeri tras la respuesta de Lafosse sobre el "código alimentario" . Agua contaminada en Tandil: "nos envenenan con la ley en la mano"

La doctora en Historia María Argeri sumó su análisis a las repercusiones sobre el último estudio del agua impulsado por la Junta Vecinal por un Tandil Saludable, donde se comprobó que el agua de red que consumen todos los tandilenses contiene al menos 8 variantes de agrotóxicos, algunos por sobre los cánones establecidos en Europa donde no sería apta para consumo. 

Pese a las escuálidas explicaciones que el Ejecutivo puso en boca del secretario de Obras Públicas, Luciano Lafosse, lo cierto es que el agua lejos de ser 100 % limpia genera un mar de dudas en la población. 

Argeri observó que las autoridades "nos envenenan con la ley en la mano. A propósito del Análisis de Agua de Red de la Ciudad de Tandil que fue realizado en la Universidad de La Plata, por el Dr. Damián Marino, a solicitud de la Junta Vecinal Por Un Ambiente Saludable, vemos que el agua de Tandil contiene ocho agroquímicos. Los venenos están, pero por «debajo de los límites permitidos», salvo el caso de la localidad de Vela, donde es escandalosa la cantidad de cipermetrina".

"Estos datos hacen que ya varios convecinos empiecen a pensar que el agua de red de la ciudad «estás genial» ¿Por qué? Porque los valores no superan «lo permitido» ¿«Lo permitido» por quién o por quiénes? Con esta pregunta entramos en el meollo de la perversión y la inmoralidad: usar la Ley como pantalla para encubrir grandes negocios y escandalosas crueldades, como es el envenenamiento lento de millones de personas.

Ahora bien, ¿cómo se llega a que una RECETA de VENENOS se convierta en parámetro legal? Se resuelve a partir de muchos intereses en juego y de la firma que allí ponen los expertos: LOS CIENTÍFICOS. Personas importantes que cual semidioses estipulan los parámetros de cuánto glifosato, cuánto glufosinato, cuánta atrazina, cuánto metolacloro; cuánta cipermetrina, etc, es «recomendable y tolerable» por los humanos. Eso significa, cuánto nos pueden envenenar sin que muramos en una semana, sino en envenenamiento lento, gradual. Salvo el caso de los infantes donde el impacto es más rápidamente letal.

Hay mucho para decir sobre estos asuntos. Además, hay cientos de trabajos realizados, por lo que denominamos Ciencia Digna, que demuestran el impacto de los venenos que alegremente utiliza el agro. Si son venenos, también en poca cantidad, envenenan. Por tanto, como lo hemos dicho muchas veces, la primera responsabilidad es la de los expertos. Trabajen para la OMS o para alguna de las instancias de gobierno en nuestro país. La calidad del agua se estipula por Ley. Lo «permitido» lo pauta la Ley.

¿Cómo llega la Ley a pautar, por ejemplo, la calidad del agua, de los alimentos, etc? Como bien sabemos el problema pasa por el Congreso para convertirse en ley. Allí diputados y senadores, muchas veces reciben de las empresas las leyes escritas, otras veces las redactan sus propios asesores.  En última instancia un legislador -ya sean diputados y senadores nacionales o provinciales, como concejales de ciudades- creen a pie juntillas, quieren creer o votan -por comodidad- haciendo que creen a todo lo que dicen los científicos. Estos son los expertos que se referencian en sus «investigaciones» -muy bien rentadas por derecha y por izquierda- o en la de otros colegas, tanto de organismos globales como de centros de investigación nacionales y globales.

Por su parte, los legisladores, generalmente, no tienen por norma enterarse de todos los problemas que son encubiertos y recubiertos por la «CIENCIA». Ellos y ellas simplemente creen y levantan la mano. Y cuando escuchan a sectores de la sociedad civil que les dicen lo contrario y hasta les entregan otros textos científicos, no leen nada, cierran su cabeza y dicen: «estos son unos fundamentalistas, están locos»; «si los dice la OMS, es así»; «lo dice el CONICET»; «lo dice el INTA»; «lo dice el Colegio de Ingenieros Agrónomos y las buenas prácticas agrícolas»; «lo dice SENASA o la CONABIA» etc.

En ese marco de creencias, sin un ejercicio cotidiano de pensar propio, no pidas que un legislador razone. No intentes un razonamiento, utilizando un diálogo de buena vecindad, porque te van a responder: «de acuerdo, pero yo decido en virtud de la ciencia aceptada», que en sus cabezas opera como dogma. Entonces, el primer problema y la primera responsabilidad no es propiamente de los gobernantes, sino de los científicos y del Poder Legislativo. Una vez que la crueldad terminó siendo Ley, los gobernantes se escudan detrás de ella y, obviamente, hacen sus negocios, como tantos y tantos otros.

Pero, a nivel de los reclamos populares no se entiende que hay que dirigirse hacia los centros de investigación, hacia los científicos, hacia los colegios profesionales, hacia los que asesoraron a los legisladores. Como decíamos años atrás: SIN INTA NO HAY MONSANTO. Por esto mismo, trabajemos para que los «límites permitidos» sean igual a cero. También para que los convecinos entiendan que los parámetros impuestos mediante la Ley no son palabras de las divinidades sino asuntos de negocios y sellos de fondos globales y empresas transnacionales que, con sus expertos, se visten de dioses. Si hay venenos, nos están envenenando", narró la historiadora.

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