31 de agosto de 2009
En 20 minutos de entrevista, Amanda Luro (75) se quebró 3 veces. Su pasión por dar al que nada posee la distinguió como referente social en Tandil. Lágrimas y ojos vidriosos conmueven en una linda mañana allí, en el Pasaje 2, casa 45, barrio UOM. La cocina solidaria "Ña Amanda" se prepara para el 22 de septiembre. Ese día, de 9 a 11.30, harán la entrega mensual de alimentos. Mayonesa, harina, fideos, yogur, chocolates, galletitas, papas, de todo. Unas 55 familias de la ciudad irán por un bolsón de comida. Y así "parar la olla", cuando azotan sin piedad desocupación, pobreza y crisis en ascenso.
Este emprendimiento solidario cumple 10 años el 29 de octubre próximo. Se fundó en la antesala del estallido que eyectó al presidente Fernando De la Rúa. "Muchos hablan de 2001, pero un año antes veíamos gente revolviendo tarros, juntando basura, los viejitos no tenían leche ni plata para comprar nada. Vi gente descompuesta por el hambre", rememoró sobre los comienzos.
Ya en 2009, confiesa a LA VOZ : "hay mucha pobreza, en febrero y marzo empezó a recrudecer la demanda, pero el invierno acentuó las necesidades. Incluso creo será peor en los meses venideros".
Luro tuvo una infancia dura, marcada a fuego por la precariedad. "Me dedico a esto porque cuando era chica sufrí bastante. Sin mi mamá, con 8 añitos salí a ganarme el pan. Sentía mucha tristeza por ver tanta necesidad. Y me prometí que, de grande, iba a dar una mano a los que precisaran. Como fuera. Se lo pedí mucho a Dios y él me respondió".
Con denodado esfuerzo, esta mujer sigue adelante; a pesar de las "muchas presiones" que la aquejan. "La gente debe comprender que yo compro los alimentos sin subsidios del Estado, esta cocina es de Amanda y de toda la solidaria gente de Tandil", sintetizó emocionada. Incluso la Municipalidad asiste a Luro "cuando no tengo otra alternativa; con la comuna hago todo lo que puedo para ayudar".
Pero claro, la "cocina solidaria" que identifica como nombre a "Ña Manda" ya no es tal, pues "sólo entregamos alimentos secos. Cociné durante 7 años, pero me cansé. Hay algunas personas que no quieren revolver una olla de polenta o ensuciarse las manos para pelar papas en su casa", matizó.
"VECINOS EN TOTAL ABANDONO"
Los gajes del oficio solidario son complejos. A veces, en el barrio, le cuestionan a Luro "porqué le doy una bolsa a Villa Aguirre, yo les doy a todos por igual, el hambre no tiene dirección geográfica ni calendario, esto lo fui aprendiendo con el tiempo", remarcó la entrevistada.
Tras la entrega, la entidad visita a la familia beneficiaria. "Carecemos de asistentes sociales que nos marquen el camino", cuenta.
En la nota, Luro mencionó varias veces la palabra "cubrir urgencias". Como si se tratara de una ambulancia alimentaria, la entidad sale a socorrer a personas que están al límite de la indigencia. "Hay pibes con hambre. Cuando la gripe A, fuimos a ver una madre con 13 hijos. Los niños estaban todos resfriados sobre un colchón. Alguien le tiene que alcanzar la comida. La señora con temperatura y tos. Carecían de jabón para el aseo, padecen un abandono total. Son personas que si no se mueren de la gripe se mueren de hambre o por falta de higiene", dijo en un conmovedor relato.
Por otro lado, apuntó la entrevistada sobre las políticas públicas. "El Estado está muy tranquilo porque nosotros (las ONG) salimos. Pero yo no hago esto porque soy tonta, sino que me pongo al lado de la gente que no tiene. Sé que realizamos lo que no concretan otras personas a las que se les paga un sueldo".
Convocó a la esfera estatal "a que nos apoyen con una partida de alimentos mensual, no solicitamos dinero. Si no fuera por el Banco de Alimentos la cocina desaparecería". Luro solventa el proyecto con su peculio personal: una jubilación 1.490 pesos y una pensión de 560 pesos.
"A mi no me molesta dar. Lo hago porque amo a la gente y no quiero que sufra. Seguiré con este sueño hasta que no esté más", profirió la señora entre lágrimas.
Como mensaje final, Luro expresó cierto optimismo: "la esperanza mía es que resurja el trabajo, la llave de la felicidad de un país es la mano de obra", concluyó.
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