22 de febrero de 2022
"Son momento vividos en la casa en la que estoy, que es la misma casa en la que vivió mi abuela, mi vieja; historias que a mí me representan", explica. Se trata de una serie en plena evolución que Christian todavía sigue explorando como un minero experto en detectar yacimientos donde el resto sólo ve un frente liso y compacto.
"Son obras que tienen un lenguaje realista
que de a ratos se fusiona con el simbolismo.
La verdad es que no sé muy bien qué cuenta cada imagen, y quizá nunca
logre saberlo; lo que sí puedo decir es que detrás de cada uno de esos trabajos
siempre está mi interés en la composición, en los claroscuros, en las tensiones
visuales, en el ?cómo? de la obra más que en el concepto o la historia".
En Christian es evidente la jerarquía:
siempre primero la composición, luego el concepto. Por eso, más que las
historias que cuentan sus trabajos, interesa cómo ha resuelto el problema o el
desafío técnico. A lo largo de su
carrera como artista se ha dado esta constante.
Los trabajos de Amezcua, con los años, han
variado notablemente en sus aspectos estilísticos, sin embargo, entre ellos hay
un hilo conductor que pasa por la estructura profunda de la composición y, lo
más importante: obras que funcionan como puentes pero que no siempre se
muestran.
"Hay un conector en todas mis obras que
pasa por la primacía de una línea horizontal, la manera de componer, la fuerza
del color y el impacto tonal, independiente de cómo esté tratada la imagen y la
técnica", explica. "Puedo decir que
tengo series muy distintas entre sí, pero es importante remarcar que en el
medio no hay vacío: pasaron muchas cosas, muchos trabajos que son clave para lo
que vino. No hay un punto aparte o punto
seguido. No hay punto, definitivamente.
Es una línea caótica".
Nadie se mete dos veces en el mismo río.
Amezcua no es el mismo de ayer, menos aún es el mismo de hace 15 años. "Mi lenguaje pictórico manifiesta todo lo que
ha pasado. Sólo por dar un ejemplo:
cuando estaba con el arte geométrico, tenía una técnica más tosca, más agarrada
y más rígida. Entiendo que esas maneras
coincidían con mi personalidad en ese entonces.
Creo que me he ido aflojando con el tiempo y en paralelo el lenguaje que
uso también lo ha hecho. No puede ser de
otra manera", confía.
Lo dicho: los trabajos expuestos en De
Martino son parte de una serie en pleno desarrollo; son una radiografía de los
desafíos que hoy preocupan y ocupan al artista.
De ahí el especial atractivo para recorrerlos y conocerlos.
¿Cuál es la alarma que le indica a Amezcua
es que es hora de virar el timón hacia nuevos horizontes? La hay duda: la
sensación de morderse la cola, de girar en círculos, de repetirse.
"Me pasa que en algún momento siento que
estoy haciendo obra de más, que me estoy repitiendo y que al final del proceso
la cuenta ?siempre me da?. Es ahí donde
aparece mi espíritu evolutivo y me propongo desarrollar una intervención sobre
ese lenguaje en el que venía trabajando.
Ahí ocurren dos cosas. Por un
lado, tengo una actitud consciente y racional de querer cambiar, salir del
estado de comodidad, una necesidad imperiosa de alterar la situación; luego, de
qué manera lo voy a alterar no pasa por la racionalidad y es donde me dejo
llevar".
Esos momentos son los que dan lugar a las
obras que no siempre forman parte de exposiciones y muestras pero que funcionan
como bisagras y articulan lo que se va dejando atrás y lo que está por llegar.
"Creo que lo que más valoro en mí es tener
estas ganas de estar en la incomodidad de la búsqueda porque entiendo que en el
cómo vas a desarrollar la obra está el verdadero acto creativo", admite.
No importa si Christian pinta la heladera
de su casa, una maceta o el juguete arrumbado por un niño. En esas obras se notará siempre el desafío de
hacerlo como nunca lo ha hecho hasta ahora: ni mejor ni peor, distinto, siempre
distinto. Eso es lo que Amezcua entiende
por evolución y creatividad y eso es lo que él valora de su personalidad y
también valoran los que siguen su trabajo.
Hace ya dos años que Diagnóstico De Martino
abrió sus puertas a los artistas tandilenses.
Sin prisa pero sin pausa, con la calidad y el compromiso que son sello
de la empresa, y con el invaluable aporte de Espacio Nido, decenas de artistas
de Tandil han encontrado un sitio apropiado para llevar sus trabajos. De a poco se ha ido consolidando como uno de
los espacios de arte alternativos más prolíficos de la ciudad y la presencia de
Amezcua ratifica el peso que va ganando en el circuito local de las artes
plásticas.
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