4 de octubre de 2021
El taller integrado "Arte y Salud Mental" nació en 2017 como espacio de exploración teatral y audiovisual para personas usuarias de los servicios de Salud Mental, interesadas en el lenguaje artístico. Se enmarca dentro del Programa "EncontARTE", perteneciente a la Secretaría de Extensión de la Facultad de Arte (UNICEN) y es cogestionado junto con el SISP (Sistema Integrado de Salud Pública) del Municipio.
El punto de encuentro es el Teatro de la Confraternidad y
cuenta con un equipo de coordinadores y coordinadoras integrado por Emiliano
Alderete (educador y teatrista), estudiantes de la carrera de Teatro de la
Facultad de Arte; Julieta Escala, graduada de la carrera de RIAA (Realización
Integral de Artes Audiovisuales) y Nieves Mansilla, integrante del equipo de
profesionales del SISP.
En esta oportunidad, conversamos con Julieta quien
resume, en esta entrevista, la experiencia de este espacio en permanente
transformación.
¿Cómo se articuló esta propuesta?
Es un espacio que funciona en articulación con el SISP y,
prioritariamente, está destinado a usuarios y usuarias del servicio de Salud
Mental provenientes del ámbito público y privado, quienes llegan bajo la
orientación de su profesional tratante.
El taller promueve la actividad teatral y las artes
audiovisuales. Ambas disciplinas fueron elegidas por favorecer el encuentro con
los demás y con las posibilidades expresivas individuales, poniendo en valor el
aporte de cada participante. Este doble juego nos permite explorar en el propio
cuerpo, la subjetividad y sus emociones, pensarse y desarrollarse como sujetos
creadores.
¿Quiénes participan de la iniciativa?
Si bien es abierto a la comunidad, el espacio está
concebido para personas que han pasado por el espacio terapéutico de Salud
Mental y a quienes aún permanecen en tratamiento porque los profesionales que
los atienden consideran que está bueno que realicen esta actividad.
¿Qué herramientas artísticas se ponen en juego y cómo se
gesta el proceso creativo?
Las herramientas que utilizamos son el teatro y las artes
audiovisuales. Si bien el taller está anclado en el teatro gradualmente ha sido
intervenido con el lenguaje audiovisual.
El proceso creativo siempre va unido al proceso de
afianzar los vínculos; los grupos van variando y siempre se suman nuevos,
aunque hay personas que permanecen desde el principio. La vinculación es
fundamental porque las personas que acuden necesitan sentirse cómodas y
contenidas. De ahí que las problemáticas que se ponen en juego varían de
acuerdo con la composición del grupo. Desde el equipo de coordinación, siempre
hemos tratado de respetar y responder a las demandas que surgen a partir de
este proceso. Siempre el proceso creativo surge del grupo porque se trata de un
proceso colectivo. En la primera etapa del año se genera el acercamiento, por
eso siempre proponemos los juegos dramáticos para favorecer ese proceso de
encuentro, promover la distensión e improvisación y ver de qué se trata el
lenguaje teatral. Luego, los invitamos a incursionar en el mundo audiovisual,
no desde sus aspectos técnicos sino desde el trabajo de exposición ante una
cámara, lo que requiere un aprendizaje porque la cámara suele resultar un poco
invasiva.
Durante la segunda
mitad del año nos enfocamos a producir algo en conjunto, trazamos objetivos
comunes y pensamos en la producción para fin de año o fin del ciclo. Siempre
trabajamos sobre temáticas que propone el grupo. Las necesidades que se
plantean en sus demandas cambian al ritmo de sus integrantes, al igual que la
energía grupal. Pero el resultado de lo que nace desde el proceso creativo está
absolutamente identificado con las búsquedas artísticas del grupo.
¿Cómo afrontaron las restricciones sanitarias de la pandemia?
En 2020 no tuvimos la posibilidad de encontrarnos
presencialmente, mantuvimos el contacto buscando otras alternativas. El taller
suele arrancar a fines de marzo, justo en el momento que comenzaron a regir las
restricciones del ASPO. Por otra parte, la posibilidad de reconvertirse a una
modalidad virtual también se complicó porque muchos de los participantes no
tienen acceso a internet en sus casas o no cuentan con los dispositivos
necesarios. En ese momento, desde el equipo, nos dedicamos también a realizar
un trabajo de documentación de la experiencia que luego presentamos en algunos
congresos. Durante la Semana de la Salud Mental participamos de varias
exposiciones a nivel local y en el Congreso Nacional. Fue un gran aprendizaje y
una hermosa oportunidad para fortalecer al equipo y compartir con otros la
experiencia transitada en tantos años de trabajo.
Este año nos encontró más preparados para sortear esas
dificultades. Logramos encontrarnos durante un mes y medio y acordamos que, en
caso de suspensión de actividades presenciales, íbamos a darle continuidad de
manera virtual, tal como lo hicimos durante parte de mayo y junio. La forma más
fácil y accesible que hallamos fue la reunión por whatsapp y, aunque el grupo
fluctuó de acuerdo a las posibilidades individuales de unirse, logramos una
continuidad estable. Retomar la presencialidad fue una especie de "volver a
empezar": nos concentramos en afianzar el grupo para asumir los compromisos que
teníamos en el segundo semestre que siempre incluye la producción y elaboración
de alguna obra. Hemos logrado consolidar un grupo comprometido con la
actividad, a pesar de los vaivenes impuestos por la pandemia. Ahora estamos
trabajando mucho en el proyecto colectivo, ya más tranquilos por la posibilidad
de la continuidad presencial.
El Proyecto Arte y Salud forma parte de los distintos proyectos de encuentro territorial que impulsa la Facultad de Arte a través de sus diversas dependencias, en este caso su Secretaría de Extensión. Apuesta al diálogo de saberes, al intercambio y enriquecimiento mutuo entre los distintos participantes del mismo, entre ellos docentes, referentes institucionales, comunidad destinataria. Es ésta una buena oportunidad para agradecer y abrazar a cada una de las personas que han sido parte de este proyecto a lo largo de todos estos años de vinculación.
Lo elaboró el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) y fue financiado por el BID. Sobre 31 distritos, Tres de Febrero fue el municipio mejor ubicado, seguido por las ciudades de Córdoba y Santa Fe.
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