1 de diciembre de 2008

Locales

Locales. Asuntos Internos confirmó que Yeffal fue apartado de la Policía

El capitán Juan Andrés Yeffal, condenado el mes pasado por el delito de “severidades” contra el fallecido Rolando Ariel Sotes, fue desafectado de la Policía según lo corroboró a LA VOZ una fuente del Ministerio de Seguridad.
El ya apartado jefe queda entonces en una situación previa a la exoneración, paso final que se descuenta recaerá sobre el investigado, a la luz de las características que tiene la condena en su contra, de acuerdo a lo que expresaron a este diario entendidos en este tipo de procesos.
Culminado el juicio, Yeffal había mostrado su incertidumbre sobre el futuro dentro de la Policía, aunque la misma sentencia del juez prevé 3 años y 4 meses de inhabilitación especial para ejercer cargos públicos.
“Tengo que esperar la resolución que tome el Ministerio (Seguridad), lo voy a averiguar, yo estaba cumpliendo funciones en la dirección de Repar (Registro Provincial de Armas)”, esbozó el policía encontrado culpable minutos después de anunciada la sentencia condenatoria.
Pues bien, la duda se salva con esta nueva desafectación, ya que –cabe recordar- Yeffal había estado en ese encuadre al inicio de la causa. Pero por una decisión de la anterior cúpula de Asuntos Internos, se resolvió revocar esa sanción, lo que le permitió regresar a sus funciones.
La desafectación, en términos concretos, implica que el ya ex-policía cobrará la mitad de su salario, y deberá entregar su arma reglamentaria así como el uniforme, de acuerdo a lo que trascendió desde la cartera que tiene a su cargo León Arslanián.
De todos modos, todavía no concluyó el sumario administrativo en su contra, y ese 50 por ciento de la remuneración, podría perderlo si se le dicta la exoneración, lo que se traduce como la sanción más dura contra un uniformado.
Por eso Asuntos Internos reiteró que la desafectación es una resolución que lo aparta de la fuerza sin perjuicio del final que tenga el camino judicial tras la condena en primera instancia, es decir, las instancias de apelación que le quedan a Yeffal.
La decisión fue corroborada por un vocero de la doctora María Alejandra Provítola, auditora general de Asuntos Internos de la Policía.

EL FALLO QUE LO EXPULSA
El 18 de noviembre pasado, el juez en lo Correccional, doctor Carlos Pocorena, consideró que quedaron acreditados los hechos en la Seccional Segunda, el 24 de enero de 2005, del cual resultara víctima Rolando Sotes. En consecuencia, condenó al capital Juan Andrés Yeffal a la pena de un año y ocho meses de prisión en suspenso e inhabilitación para ejercer cargos públicos. Para el magistrado, la calificación legal resultó ser por el delito de “severidades”.
Dos días después de aquellos hechos, a Sotes lo encontrado muerto en la misma celda de aislamiento.
La clave del debate oral y público se centró en la credibilidad o no de las declaraciones testimoniales, sobre lo cual el juez, en su resolución, subrayó que resultaron contestes los testimonios de los detenidos Kaunes, Leguizamón, Rodríguez, Carabajal y Clapier, como también del funcionario policial Hernán Casildo Omar Gallardo, quienes señalan clara y precisamente a Juan Andrés Yeffal como el autor de la conducta disvaliosa en juzgamiento.
Pocorena condenó al imputado a la pena de un año y ocho meses de prisión, de ejecución condicional, y tres años y cuatro meses de inhabilitación especial para ejercer cargos públicos por resultar autor penalmente responsable del delito de severidades.
Asimismo, y surgiendo la posible comisión de delito o delitos de acción pública -falso testimonio- por parte de Enrique Darío Silva, de Bruno Alfonso Capelletti, de Luis Alberto Striker y de Fernando Osvaldo Cestac, quienes estaban en el lugar del hecho al momento del accionar ilícito del imputado y a Hernán Casildo Omar Gallardo, por incumplimiento de los deberes de funcionario público, el magistrado dispuso el giro de actuaciones a la Unidad Fiscal en turno para que investigue.
Una vez leída la resolución en la audiencia, la familia Sotes respiró cierto alivio, al encontrar una relativa respuesta a su clamor por justicia, aunque la pena no resultó -ninguna lo resultaría- suficiente por los tormentos que padeció su hijo muerto. Yeffal, en tanto, se mantuvo en calma, con los gestos propios de haber recibido una condena que no esperaba, especialmente a la expectativa de lo que será su futuro profesional en la fuerza.

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