6 de julio de 2026
Por las venas de Walter Martínez corre la intensidad del asfalto y la mística de los clubes de barrio. Está unos pasos de los cincuenta, pero el cuerpo le pide el vértigo de aquellos años de pibe, cuando corría más rápido que el viento imitando al "Pájaro" Caniggia con la camiseta de River. Hoy, ese mismo impulso lo lleva a multiplicar las horas del reloj: es padre de Alma, presidente del Club Talleres, docente escolar, profesor de taekwondo y, por sobre todas las cosas, el jardinero fiel de una esquina con historia.
Su obsesión poética es simple y gigante: transformar la plaza de O'Higgins y Brandsen en una competencia directa del mismísimo Palacio de Versalles.
Profesor de educación física de raza, Walter no concibe la plaza solo como un paisaje contemplativo, sino como un templo de salud para la comunidad. Por eso, su gran desvelo es levantar ahí mismo un parque de calistenia, para que los pibes y los vecinos puedan entrenar al aire libre, usando el propio cuerpo y desafiando a la gravedad entre los árboles.
Entre los pliegues de sus días de enseñanza y tarea dirigencial, Walter enciende la camioneta y sale a la caza de tesoros verdes. El mapa de la solidaridad barrial tiene paradas fijas. Una es en Villa Aguirre, donde Osvaldo Pérez, un vecino apasionado por los bonsáis, lo espera para donarle un ceibo y un palo borracho. Cada especie suma vida a esa querida placita que lo vio crecer y que, según dice el propio asfalto, lo hizo bueno y sabio para siempre desde aquella niñez.
María Elena Walsh cantaba aquello de "Mírenme, soy feliz entre las hojas que cantan cuando atraviesa el jardín el viento en monopatín". El poema le calza justo a Walter. Su felicidad está ahí, metiendo las manos en la tierra para transformar el paisaje de todos.
"Estamos embelleciendo el lugar que hicieron nuestros viejos para todo el barrio, para los chicos de ATAD y para toda la comunidad", dice Walter, y sus palabras contagian el entusiasmo de los brotes nuevos.
La plaza no es un simple pedazo de pasto; es el segundo patio de recreo de la Asociación de Ayuda al Discapacitado de Tandil (ATAD) y el espacio de entrenamiento diario de los vecinos. Para este rincón de la ciudad, las buenas noticias no descansan: en las últimas horas, la Fundación Fe Natural se comprometió a colaborar en el lugar. Entre la tierra, las barras de entrenamiento y el club, se está sembrando algo hermoso que promete florecer con la fuerza de la identidad barrial.
La vida sigue en el teatro
Las pepitas poéticas locales y sus entrañables protagonistas seguirán saliendo a la luz. Viñetas urbanas e historias con este latido se podrán disfrutar el próximo sábado 29 de agosto a las 21:00 en el Teatro La Fábrica (Pinto 359), cuando suba a escena la obra "Bajo el cielo de Tandil y unos latidos más allá". Una cita imperdible con la identidad de nuestros barrios.
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Surge de un trabajo de la Fundación Tejido Urbano. El mismo informe, como dato alentador, coloca a nuestra ciudad entre las que tienen mejor Indice de Hábitat Urbano.