4 de octubre de 2015

Locales

Locales. Avisos necrológicos y recordatorios

ALBA ARGENTINA LUJAN DE BRUNO q.e.p.d. Falleció el 3 de Octubre del 2015. Su esposo: Pedro Omar Bruno. Sus hijos: Claudia, Virginia, Valeria y Andrés Bruno. Sus hijos políticos: Mirta Bonanna y Paúl Badone. Sus nietos: Pablo González y Marcela Gregorini, María Gabriela y Joaquín Bruno, Sirena Capurro Catalina y Luca Badone. Sus hermanos: Juan de Dios Luján. Sus hermanas políticas: Haydee Soria de Luján y Rosa Turri. Y demás familiares participan a sus relaciones su fallecimiento e invitan al sepelio de sus restos que, previo velatorio, serán inhumados hoy a las 10 en el Cementerio Municipal. Casa velatoria: Mitre 451 dpto. “A”. Hogar de duelo: Yrigoyen 1145. Servicio Empresa Alessi y Manna, Mitre 451 telfax 442-3073 // 442-2662. email: alessiymanna@hotmail.com. Adherida a FADEDSFYA. En Buenos Aires avenida Córdoba 4902 teléfono (011) 4773-2800.

ELINA VIRGINIA SACCHETTI DE PIVA
“’Mamita’, te llamaba de chiquita.
Después te nombré ‘Madreperla’.
Finalmente, y hasta tu reciente partida, fuiste ‘Madrépora’.
A vos te gustaban estas innovaciones. O el humor. O el cariño expresado así.
Todo junto y en un solo nombre, invocados en tu sola y única persona.
No voy a tener otra ‘Madrépora’.
¡Te fuiste tan inesperadamente! Sólo te faltaban nueve días para cumplir los noventa y ocho años. Estabas tan lúcida, tan memoriosa, tan interesada en el mundo y sus cosas, la información, la lectura, la radio… que nos olvidábamos que era probable que nos dejaras, físicamente, en cualquier momento.
Estabas leyendo ‘Laura’, del Séptimo Círculo. Me recomendaste leerlo, contándome que la trama era tan interesante que llegaste rápidamente a la página 112. Leías con anteojos y una lupa, por tu vista tan ‘usada’. Lamentablemente, no pudiste conocer el final.
A horas de una grata reunión de amistad, en casa, cuando habías sido tan feliz y elogiada por tu lucidez, te indispusiste y fue para irte a ese lugar desconocido al que todos le tememos un poco.
¿Volverás a pintar allí, a dejarte admirar por tus miniaturas, óleos, pasteles?
¿Cómo poder seguir sin tus ‘rezongos’ porque me olvido todo? Vos, con una memoria tan brillante, hasta que anotara todo, debías aconsejarme.
Estuviste en este mundo, entre otras cosas buenas que integraron tu misión, para alumbrar mi vida.
A mí me tocó el papel opuesto: asistirte en el apagamiento de la tuya.
¡Qué difícil es recibir este rol sin dolor!
Cuando cobijé con mis manos, las tuyas, que se volvían inexorablemente heladas: ¿percibiste mi pena incontenible? Captaste, a la vez, mi agradecimiento imposible de poner en palabras, por todas las cosas buenas que me diste como madre.
Te fuiste a un plano ignoto. Seguramente bellísimo. No creo -en mi concepción- a descansar eternamente. Algo bueno tendrás que seguir haciendo allá. No se muere con la naturaleza física, una esencia laboriosa y bondadosa. En alguna parte continúa.
Así que me siento confiada: ¡nos volveremos a encontrar, Madrépora!”.

PROTO ALBERTO GONZALEZ (TITO)
Recientemente se produjo el fallecimiento de Proto Alberto González, conocido como “Tito”.
Había nacido en General Madariaga el 25 de noviembre de 1940, en tanto que a los 17 años llegó a Tandil con su familia.
Amante de los fierros, trabajó en Ginter.
Más adelante inauguró junto a su suegro y cuñado el taller mecánico Die-Tan; en el que trabajó hasta jubilarse.
“Su esposa, hijos, nueras, nietos, cuñados sobrinos y amigos le recordamos por su voluntad y tesón para sortear cada obstáculo de su vida; por su palabra corta, precisa y honesta, por su coherencia en sentir, pensar, decir y hacer. Porque junto a Chicha, nos enseñaron el amor y dedicación que lleva crear un matrimonio sagrado.
Nos enseñaron a disfrutar de los viajes merecidos y, aunque el 31 de agosto a los 74 años te fuiste sólo, nosotros estamos tranquilos… ¡Porque viviste, pa, amaste y fuiste amado!”.

SUSANA BEATRIZ MESSA
El pasado 11 de septiembre se produjo el deceso de una querida vecina, cuando contaba con 58 años de edad.
Su partida es lamentada por quienes tuvieron la dicha de conocerla y hoy la despiden de la siguiente manera:
“Nunca será fácil decir adiós a un ser querido y amado como eras; tan buena persona, esposa madre, hermana, amiga y gran consejera.
Susy, tu partida de este mundo nos deja un vacío lleno de dolor, pero seguirás viva en nuestros corazones. Extrañaremos tus palabras, tus risas, tu alegría, tus comidas y el “dejá que yo te lo hago”
No dejaste de ser feliz ni aún en tus últimos momentos. Nos cuesta aceptar la realidad, pero dejaste una familia fuerte y unida.
No te fuiste, estás con nosotros, con sólo levantar la mirada al cielo allí estarás, en esa estrella brillante, en el soplo de una brisa que nos pasa cerca, en las gotas de lluvia, ¡en todo!
No te fuiste, sólo te adelantaste a nosotros dando el primer paso…
Te amamos hoy y siempre”.
Tras el velatorio en la empresa Crespo, Iacaruso y Santillán, sus restos fueron inhumados en el cementerio parque Pradera de Paz.

JUAN ADELMO NOCHETTI (TOTO)
Este ese conocido vecino había nacido el 6 de diciembre de 1938 y se había criado en La Numancia, lugar al que amó y llevó como bandera.
En ese paraje, con la compañía de Yolanda Mabel Gonzales, una bella mujer con la que compartió 54 años de vida, tuvieron cuatro hijos; tres mujeres: Mabel, Inés y Susana y un varón, Juan Bautista.
Con el tiempo llegaron sus hijos políticos José Miguel, Jorge y Gladys, quienes les dieron nueve hermosos nietos y diez bisnietos.
Su familia escribió:
“Transcurriste tu vida detrás de un mostrador, iniciando tu negocio en el almacén de ramos generales de La Numancia.
Con la misma idea de progreso trasladaste tu amada labor a las calles tandilenses, pasando por varios lugares y terminando tus últimos 25 años en Quintana 527, con el legendario Bar Totó.
Sin olvidarnos de tu pasión, el boxeo, debemos mencionar que también pasaste algunos años entrenando y compartiendo tu conocimiento a varios aprendices.
Ahora bien, ¿quién no conocía al Totó Nochetti?
Con su genio fuerte y su destreza de boxeador, se llevó todo el respeto de la gente. Le enseñó a sus hijos a cuidar y defender lo que es suyo, a pararse de la mejor manera ante los problemas de la vida, a amar a sus hijos y -por sobre todo- a iluminar el apellido.
Tu familia y amigos te despedimos con unas palabras:
Porque el destino así lo quiso, el pasado 17 de septiembre a las 6.20, en tu casa, con tus cosas y junto a tu amada Yolanda, te dejaste ir.
Fueron días de sufrimiento, de cansancio, pero por fin estás en paz.
Se hizo todo como siempre quisiste, te cuidamos hasta en el último minuto como lo merecías y sabemos mejor que nadie que te fuiste feliz de la familia hermosa que formaste.
Te vamos a recordar siempre con una sonrisa; nos bromeaste diciéndonos ‘feos’ hasta con tus últimas fuerzas. Claramente ésa era tu forma de demostrar cariño.
Como siempre dijimos, viviste tres vidas en una. Por eso nos dejaste mil anécdotas para compartir entre nosotros y entre los que vendrán.
No todos tuvieron en su familia un excelente boxeador, un amante del fútbol, de las cartas y del pool.
Tu sabiduría y tus pasiones, que -para variar- muchos de nosotros heredamos, quedarán en nuestros corazones por el resto de nuestras vidas.
Eternas gracias papá, abuelo, bisabuelo, esposo y amigo”.

GUSTAVO ITURRIOZ
Posiblemente muy pocos sabían que Gustavo Iturrioz tuvo una tía a quien las circunstancias de la vida la convirtieron en una persona muy conocida y muy querida en la ciudad: la señora Estrella Iturrioz de Pavioni, la misma que durante casi medio siglo regenteó el emblemático kiosco de madera en la Plaza Independencia, justo frente al “bar de todos”, el Ideal.
Cuando veinte años atrás estuve en su casa para entrevistarla para la sección “Tandilenses con Historia”, de este Diario, por algunos instantes recordaba a Gustavo. No por su condición de sobrino, sino porque en el camino de la charla encontraba en ella alguna mueca que también supo estar presente en este muchacho tan sano por fuera y por dentro y que nos abandonó inesperadamente en los últimos días. Creo que ambos escondían la sonrisa y la bondad detrás de algún posible gesto adusto, en algunos casos, retraído, que para el desprevenido podía llegar a confundirse con esquivo. Pero nada que ver.
Fue Gustavo ese hacedor incansable y creativo, con una llamativa capacidad de invención. Pero para darle entidad y plena existencia a aquello que brotaba de su imaginación, necesitaba del otro. De los otros. Y fue participativo, solidario y comunicativo siempre.
Amante de las letras y de las artes, escribía muy bien y llegó a frecuentar algunas redacciones. También hizo radio y animó como ninguno las competencias atléticas en las que no intervenía como deportista. Desde el palco y micrófono en mano, iba reseñando los arribos de los participantes de las pruebas, con fina verborragia y lujo de detalles.
El teatro fue una de sus pasiones más queridas. Tenía previsto retomar esa actividad muy prontito. Pero el destino fue impiadoso y no llegó a tiempo. No obstante, tres décadas atrás su talento y su espíritu hacedor fueron más que suficientes para legar para la posteridad el inolvidable “Teatro de la Aldea”, que desarrolló junto a un grupo de lugareños amantes de las tablas y de las letras, como el caso del periodista y dramaturgo Julio Varela, que publicó hacia fines de los ochenta un libro con una selección de sus obras que dieron lustre a unas cuantas puestas en escena.
Pero Gustavo, ideólogo, gestor y artista al mismo tiempo, sabía que vivir del arte resultaría imposible. Antes, más difícil que ahora. Por la economía y por filosofía. “Está todo bien, pero, ¿de qué vas a laburar?”, indagaban nuestros mayores.
Así es como Gustavo, entre otros desempeños, fue empleado bancario y últimamente ocupaba un importante cargo administrativo en la Cámara Empresaria. Precisamente por ser la Cámara una de las instituciones organizadoras de la Feria del Libro, él formó parte del Comité Ejecutivo, junto con representantes del Municipio, Universidad y Asociación de Libreros. Un grupo humano de menos de una decena de personas, muy consolidado al cabo de ocho años y del cual Gustavo Iturrioz fue una pieza fundamental. Por su creatividad y su pasión. Por su laboriosidad y talento. Por su rara mezcla de seriedad y humor, que lo hicieron siempre doblemente creíble en sus convicciones.
La mejor manera de conocerlo y apreciarlo era interactuando con él. Supo brindarse, supo dar, integrarse, sonreír y, sobre todo, soñar. Que no es poco en esta vida.
(Néstor Dipaola)

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