19 de julio de 2015
El asesinato comenzó a develarse el jueves de la semana pasada, cuando el hijo de Julio Manuel Castillo, de 64 años, se presentó en el Destacamento Policial de Ayacucho, para denunciar la ausencia de su padre, que ya llevaba varios días.
El hombre era empleado del establecimiento rural San Benito, ubicado en el Cuatel XI del Partido de Ayaucho, en cercanías del paraje Las Toscas.
Fue así como se inició una averiguación de paradero, en la que se tomó declaración a varios compañeros de trabajo de Castillo y también al propietario del campo, Lisandro Benito Villar, de 78 años, oriundo de la localidad de San Miguel, quien afirmó que la última vez que había visto a Castillo, fue el pasado domingo 12 del corriente, en el establecimiento.
Ese mismo jueves se realizó un amplio rastrillaje en el campo San Benito, siguiendo la hipótesis de que el hombre pudo haberse descompuesto en cualquier lugar del mismo o haber sufrido algún accidente laboral.
Sin embargo, el operativo dio rastrillaje negativo, aunque el Comisario Jorge López, Jefe de la Delegación Ayacucho de Policía, dispuso que al día siguiente se realizara una nueva búsqueda.
El viernes por la mañana, con un mayor número de efectivos y varios familiares del buscado, se puso en marcha un intenso rastrillaje, que permitió divisar, a unos 150 metros de la casa principal del establecimiento, un extraño montículo de tierra blanda, tapado con hojas, en la que se inició una excavación.
Ante la inminencia del hallazgo, Villar decidió confesar la autoría del crimen y reconocer que tras dispararle a su empleado tres veces, lo enterró en ese lugar, donde efectivamente, el cuerpo de la víctima fue recuperado.
La autopsia realizada sobre el cadáver del puestero, determinó que aquel falleció como consecuencia de cinco disparos de arma de fuego, de los cuales tres impactaron en el torax, uno en el mentón y el restante en la nuca, ejecutados con un arma calibre 32.
El hecho se caratuló como Homicidio y Villar, un militar retirado con experiencia en el manejo de armas, permanecía ayer, alojado en un calabozo del destacamento policial de Ayacucho, al aguardo de la disposición que tome la justicia para con él.
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