18 de junio de 2012
por Diego Dulce (*)
Amado Boudou fue elegido candidato a vicepresidente por Cristina Fernández como una avanzada de su proyecto de recambio político, generacional, en el peronismo, pero a seis meses de su asunción aparece aislado, acosado por la Justicia y con escasa actividad pública.
En enero de 2012, a un mes de asumir la vicepresidencia a la que llegó con el 54 por ciento de los votos, Boudou estaba entre los primeros cuatro políticos de mejor imagen del país, junto a Cristina Fernández, Daniel Scioli y Mauricio Macri. Cuatro meses después, en mayo de 2012, la encuestadora Managment & Fit descubrió que el 45,4 por ciento de los argentinos tiene opiniones negativas del vicepresidente; el 16,3 por ciento lo ve bien o muy bien; y el 23,6 por ciento lo considera sólo regular.
En enero, el vicepresidente ocupó durante 20 días el Poder Ejecutivo para cubrir la ausencia de la Presidenta mientras era operada de la tiroides y debía observar un largo postoperatorio. Al finalizar el período, Boudou salió con fuerza a impulsar el proyecto "cristinista" y se convirtió en un activo difusor de las nuevas propuestas.
El 27 de enero, en un encuentro de los más leales kirchneristas, el país conoció por su boca de la intención reservada de promover la reforma constitucional, para abrir un tercer período a la Presidenta. Ese día dijo: "No hay que esperar tres años para reformar la Constitución" y "uno no puede decir hoy lo que va a pasar pasado mañana".
Boudou organizó encuentros en provincia de Buenos Aires, junto al vicegobernador Gabriel Mariotto, y en otras varias provincias para comenzar a activar la coordinación de los sectores kirchneristas con las conducciones del PJ tradicional.
Hacia fines de enero, Boudou estaba en la cima de su actividad política, aunque todavía faltaba que algunos voceros oficiosos lo ubicaran como una de las caras de reemplazo para la Presidencia de 2015, en caso de que no fuera posible la re-reelección de Cristina.
Sin embargo por ese entonces, para sorpresa de todos, el 8 de febrero habló por radio Laura Muñoz, quien en medio de un conflicto de separación con su ex esposo Alejandro Vanderbroele, dijo que su exmarido era "testaferro" del Vicepresidente. Y así estalló el escándalo, tanto como las desmentidas.
Pero el fenómeno fue creciendo como un alud y obligó a la Justicia a tomar la acción preventiva de investigar lo que realmente había pasado en la constitución y las beneficios fiscales obtenidos por la ex Ciccone Calcográfica, firma que imprimía los billetes en el país.
Pese a que la reestatización de YPF obligó a que durante semanas el caso de Boudou se corriera del centro de la escena mediática, ni bien pasado el "efecto YPF", todo volvió a tomar un cariz comprometedor para el vicepresidente.
Tras la acusación de Laura Muñoz, Boudou tomó distancia, sistemáticamente, de los actos públicos para eludir algún eventual acoso periodístico. Eludió anticipar los encuentros políticos y se limitó a permitir alguna escueta difusión, sólo después de realizados.
Mientras, desde el Gobierno nacional, recibía limitados apoyos de funcionarios, ya que tanto Carlos Zanini como Guillermo Moreno, siempre lo quisieron afuera de la mesa chica de la Presidenta.
En el Senado, el oficialismo puso a sus legisladores a votar en contra de un proyecto radical que pedía la formación de una comisión bicameral para analizar las denuncias, mientras algunos pasillos del Congreso se cerraban a todo público cuando iba pasar el Vicepresidente.
A seis meses de su entusiasta asunción, Boudou sufre de una anemia política sorprendente, con apariciones esporádicas y pasos casi secretos por oficinas y dependencias oficiales. Ni siquiera comparable al perfil de los primeros meses, allá por el 2007, de quien luego fuera considerado un traidor por el kirchnerismo tras su votación en la resolución 125: Julio Cobos.
Boudou, que era un hombre de sonrisa permanente y espíritu simpático y entrador; que culminaba los encuentros políticos tocando su guitarra o cantando con La Mancha de Rolando, aparece ahora rodeado de mucha gente que lo mantiene a distancia, con pocos diálogos públicos y muchos monólogos en voz alta que culmina con una rápida salida del escenario.
(*): DyN.
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