19 de octubre de 2011
El viernes pasado las puertas del que fuera el Coliseo más importante de Sudamérica volvió a abrir sus puertas. Una esperada pelea -más por el retador que por el titular- con un cinturón mundial en juego, era el plato fuerte de la noche.
Jonathan Barros, titular de los plumas versión AMB, exponía obligatoriamente su corona ante el panameño Celestino “Pelenchín” Caballero, ex campeón del mundo de los supergallos tanto de la AMB, como de la FIB.
En una pelea anterior, realizada en Mendoza el 2 de julio de este año, Barros se alzó con un triunfo inexplicable luego de caer en el primero y noveno round, perdiendo la mayoría de los rounds. Un jurado le dio ganador al panameño y dos a Barros.
Los promotores de “Pelenchín” elevaron su justa queja a la AMB que luego de ver el tape ordenó una inmediata revancha. Llevada a subasta, el mayor ofertante fue Osvaldo Rivero que trajo la pelea para nuestro país.
Fue una pelea donde el panameño lució en toda su dimensión la calidad de su boxeo. Con un metro con ochenta centímetros pesó 57,200, una verdadera espiga con unos largos brazos que tienen mayor alcance que su propia estatura. Barros, más bajo, sin un plan de pelea definido fue una presa fácil para el dueño de una técnica superlativa. “Pelenchín” fue un dominador absoluto del combate, donde salvo el primero y el sexto round, solamente la enjundia del argentino logró que fueran parejos.
La izquierda del panameño detenía cualquier avance de Barros. Cuando éste llegaba a la media, Caballero daba medio paso atrás y descargaba su artillería, con certeras combinaciones de ambas manos a las zonas bajas y altas, para luego trabar, anulando al argentino. En más de una oportunidad la derecha del panameño se estrelló de lleno en la cara y mentón del entonces campeón que demostró poseer una resistente mandíbula.
Fue una pelea donde no se necesitaba llevar un puntaje. Viendo la técnica exquisita de Caballero contra las “ganas” de Barros, el resultado estaba a la vista. Con esa altura, “Pelenchín”, que no luce tanto como lo que es realmente, por su físico desgarbado, mantuvo una actitud que era un sello en Sandy Saddler. Siempre estaba con los ojos abiertos mirando desde arriba a su rival, controlando así todos sus movimientos y descargando el peso de cuerpo sobre Barros, al que dejaba que los forcejeos corrieran por su cuenta. En el round once se produjo un corte sobre el arco superciliar izquierdo de Barros, sin demasiada importancia. Dadas las diferencias y la gran diferencia que había establecido Caballero, aumentadas en los últimos rounds con envíos de real potencia, desde varios ángulos y a distintos blancos, en el rincón del argentino le insinuaron que si no estaba en condiciones abandonara. El corazón pudo más y se jugó hasta el último segundo de la finalización
Desde hace mucho tiempo un boxeador no luce con la capacidad que lo hizo “Pelenchín” sobre el cuadrilátero del Luna Park. Un regalo para los ojos. Una corona que cambió de testa con el justo fallo de los jurados que lo vieron ganar por seis, cinco y cuatro puntos.
La algarabía de los panameños fue contagiosa, el propio Caballero, desde el cuadrilátero, apoyado sobre las cuerdas contestaba las preguntas que le hacían desde el ring side, mientras sus ayudantes prácticamente bailaban en el tablado haciendo flamear la bandera de Panamá y el cinturón de campeón. Impecable la actuación del árbitro portorriqueño Roberto Ramírez..
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