9 de agosto de 2012
Cierto que la medalla de oro en un Juego Olímpico representa la gloria máxima y por ende el lugar más alto del podio, que en este caso de Londres 2012, correspondió al escocés Andy Murray (sí, escocés aunque en los festejos se envolvió en la bandera inglesa que parece identificar a todo el Reino Unido de Gran Bretaña, algo diferente a lo que sucede en los mundiales de fútbol y otras contiendas internacionales). Y la de plata -siguiendo con el relato- fue para el número “1” del mundo, el enorme suizo, Roger Federer.
Pero ese tercer escalón que ocupó Juan Martín Del Potro, si bien fue bronce, brilló como de oro o plata.
Por muchos factores. Seguramente por lo que representó el maratónico partido de semifinales, en donde claudicó en el tercer set (17-19) ante el propio Federer que lo privó de llegar a la finalísima. Lejos de ser un premio consuelo lo del tandilense alcanzó matices especiales, por la pronta recuperación, por la jerarquía de un rival como Novak Djokovic (hasta hace pocas semanas "1" del planeta) al que superó en la lucha por el tercer puesto y por ser la primera medalla olímpica que el tenis argentino consigue en un single masculino.
No podrá ignorarse que la otra individual había sido de parte de Gabriela Sabatini (plata en Seúl ´88) y dos más -ambas de bronce- fueron en dobles: Javier Frana-Cristian Miniussi (Barcelona ´92) y Patricia Tarabini-Paola Suárez (Atenas 2004).
Por eso que lo conseguido por Del Potro, fue bronce. Pero sin dudas, brilla como de oro.
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