17 de junio de 2016

Locales

Locales. Carta abierta de un Kirchnerista no militante



Disparan la necesidad de estas líneas dos hechos que repercutieron fuertemente en mí: El primero, de público conocimiento y de gran impacto nacional, fue la detención, tras un hecho cinematográfico, de José López, ex Secretario de Obras Públicas de la Nación. El segundo, sólo importante para quien escribe, fue la sucesión de mensajes de amigos y algunos familiares en los cuales el factor común recayó, básicamente, en un disfrute morboso de la caída del “Kirchnerismo”, mensajes que podrían resumirse en algo así como “y ahora que vas a decir”.
Fuimos muchos. Miles. Millones quizás. Fuimos muchos los jóvenes y no tan jóvenes que creímos. Fuimos muchos, quizás muchos más, los que asistimos perplejos a acusaciones periodísticas, informes, documentales, especiales de televisión, que denunciaban la corrupción “K”, la “Ruta del Dinero K”, las “Bóvedas K”, y un sinfín de otros desaires “K”. Fuimos muchos, miles, millones, los que, a pesar del vendaval comunicacional, los procesamientos e incluso, las primeras detenciones (Lázaro), continuamos defendiendo, protegiendo, creyendo…
Pensando y repensando las causas y motivos por los cuales el Kirchnerismo me hizo creer, sostener y defender después, creo que se impone una pequeña retrospectiva:
Viví mi niñez y adolescencia en los 90´. Forje mi personalidad en aquella época. Sufrí en aquellos años la celebración de la falta de ideales, la negación de la política, la imposición de la economía (especialmente de la macro) por sobre casi todo. Y de verdad que lo sufrí. Nací en una familia donde la política, las ideas, la discusión, la sobremesa, eran tan comunes como el futbol o el asado. Una familia Radical, Alfonsinista. Si, una familia Alfonsinista! Pero afuera, en la calle, en la escuela, en el club, hablar de política, hablar de ideas, pensar en el futuro o en otro tipo de país era una extrañeza, incluso, una extrañeza aburrida, fuera de moda, anacrónica. Compatibilizar lo que ocurría y se hablaba en casa, con lo que ocurría y se hablaba afuera (al menos en los círculos que frecuentaba), era casi imposible, no había forma, la política estaba mal vista, los ideales eran una cosa del pasado.
En el 2000 me fui a Bs As, a estudiar. De lo que pasó entre ese año y el 2003, no vale la pena hablar, ya está todo escrito. Solo decir que en Bs As (y los que estuvieron allí en ese momento podrán corroborarlo), se vivió como un golpe mortal, una situación indescriptible, o peor, que puede describirse y graficarse con un hecho: un día, casi como de la nada (aunque de la nada no fue, claro está), los denominados cartoneros dejaron de ser cientos y pasaron a ser miles. Se los veía, se los veía bien vestidos, se los veía de clase media, se los veía tristes, se los veía con sus hijos tristes, se los veía revolviendo los tachos... Eso pasó, así, casi en un click.
Y luego el 2003, hay Dios mío! que recuerdos. Ese Pingüino, ese loco que jugaba con el Bastón Presidencial, que saludaba a la gente rompiendo el protocolo, que sonreía pícaramente. Ese loco que armo una Corte Suprema de lujo. Ese loco que consiguió reducir 70% la deuda externa, ese loco que le pagó al FMI, que redujo el desempleo… Lo admito: sentí pertenencia, sentí representación, sentí, porque no, amor por ese loco. Después del Menemismo, de la Alianza, ese tipo me hizo CREER.
Y la Plaza de Mayo, y los recitales de Silvio Rodríguez, de Víctor Heredia, el discurso eterno de Fidel en la Facultad de Derecho, las Madres, la Abuelas, los Artistas… Tenía 23 años, veníamos del 2001, de los 90´, de la negación de todo, de la Macroeconomía como ideal supremo. Y Kirchner los miraba de frente (bue, no es la mejor metáfora) y los encaraba, no pedía permiso, iba para adelante…
Y más tarde, Ella. Era El, pero linda. Tuve oportunidad de verla en un par de actos por mi trabajo en Bs As. Ahí nomás, a 3 metros. Y el que no me crea, es porque no la vio personalmente. Es hermosa. Una mujer hermosa. Y como habla! Que capacidad discursiva, que forma de hilvanar ideas, datos, hechos… Y sus políticas de aquellos años, la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (y con ello el mejoramiento de las condiciones para nuestros investigadores y científicos), la nacionalización de YPF, Aerolíneas, los Planes Procrear, Conectar Igualdad, Igualdad Cultural, el Matrimonio Igualitario, Identidad de Género, La ley de Reproducción Asistida, la AUH… que se yo, si le faltaban cosas al primer gobierno de Néstor, Cristina hizo muchas, muchas de las que personalmente esperaba y que me llenaron de satisfacción.
¿Cómo no creer? ¿Cómo no acompañar? Si el Kirchnerismo representaba aquello que uno pensaba allá lejos en los 90´: independencia económica, apoyo a la educación, trabajo para la gente, repatriación de científicos… en fin, la Patria es el Otro.
La retrospectiva termino. Hoy el presente es desconcertante. Se siente como cuando niño uno se dormía en casa de los abuelos y despertaba luego en su propia cama, a oscuras, víctima del traslado silencioso y casi imperceptible que nuestros padres habían efectuado para que no despertemos. Así me siento. No sé dónde estoy. No sé a quién defiendo. No se tampoco si soy culpable de algo, o quizás víctima.
Hoy solo hay tristeza para quienes creímos genuinamente. Debemos enfrentarnos con lo peor de lo peor. Porque robar está mal, pero robar lo de los pobres (porque la plata que se roba del Estado es la de los pobres) es imperdonable, no tiene justificación ni explicación, es insensible, cínico, brutal. ¿POR QUE? Desearía que Cristina me responda. Tengo un nudo en la garganta.
Yo no participé de la política activa, no milité, no estuve ni cerca de conocer a alguno de ellos. Pero los defendí. Los defendí con uñas y dientes. Me enfrente, levanté la voz, discutí con amigos y con no tan amigos. Sin participar, banqué el Proyecto. Dejé pasar cosas que no me gustaban (ni me gustan), como La Campora y su soberbia, los Delia, los Esteche, las Hebe desbocadas. Y apoyé. Apoye a pesar de esas cosas. El Proyecto estaba por encima de esos personajes pequeños. El Proyecto estaba por encima, incluso, hasta de la propia Cristina del final, la de las cadenas para sus fanáticos, la de los desplantes al borde de la mala educación a variados personajes (de Macri a Scioli, pasando por Fayt y muchos otros), la que se creyó eso de “la Jefa”.
Dije al principio de este texto que uno de los motivos que me impulsaba a escribirlo, y ahora puedo decir que el principal, es la permanente provocación de amigos y parientes respecto de mi adhesión al Kirchnerismo. OK, confieso: confieso haber creído. Y más: confieso que volvería a apoyar muchos, muchísimos de los logros del Kirchnerismo (algunos, solo algunos, citados en esta misma carta). Por lo demás, pido perdón. ¿POR QUE? Desearía que Cristina me responda. Tengo un nudo en la garganta. Me duele el alma.

Luciano Corres
28.669.967

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