2 de mayo de 2012
A quien corresponda:
Desde Tres Arroyos
Muy estimados:
Les escribo a vuestro prestigioso medio para contarles la pequeña historia que pasamos con mi familia el día sábado 28 en vuestra ciudad. Estamos radicados en Tres Arroyos y hemos viajado ayer sabado para asistir a un torneo de tenis en el club Los 50 acompañando a nuestro hijo de 8 años. Como siempre y cada vez que viajamos a esa hermosa ciudad traemos algún recuerdo.
Pero ayer fue un dia muy especial. Ya terminado el torneo decidimos pasear algunos momentos por el centro de la ciudad en auto, dando vueltas al azar. Fue asi, como de lejos se observada una pequeña sierra y nos acercamos. Fue ahi cuando mi vehiculo sufrio un desperfecto mecánico. Imagínense, a 190 kms de tu ciudad, con mujer e hijo, lejos, solos, y con la incertidumbre de no saber a quien acudir. Al revisar el motor de mi vehículo, y sin entender demasiado, decidi darle arranque nuevamente para ver su reaccion. Fue asi como solo pude moverlo una cuadra apagando su motor entre la bronca e impotencia.
Mientras el vehículo se desplazaba en silencio acomodándose junto al cordón, mi esposa me dice: " mirá, justo ahí hay un mecánico". Por supuesto que alguna solución pensé y confieso que encontraría pero también pensaba..." claro, foráneos, no entiendo nada, caer en un mecánico a las 14.30 hs un sábado..", me fundo o bien el problema sería mucho "mayor".
Fue así como palmeé mis manos y apareció el hombre. La primera sensación fue muy buena, le comenté el problema y sin dudarlo se acercó al vehículo y observó. Le pedí disculpas por el horario y solo, y con una sonrisa me dijo "estaba viendo la clasificación". Le volví a pedir disculpas pero este solo se concentraba en el problema hasta que lo descubrió rápidamente. Fue así como luego de esto introducimos el vehículo en su taller y sin problema alguno comenzó a comentar el desperfecto y a solucionarlo. Luego de esto, y ya a medias el trabajo cayó su hijo. Otro más que sin ningún problema y con la vocación al día, se acercó, saludó amablemente y se "unió" a su padre a solucionar el problema. Y nosotros ahí, los 3, un sábado a la tarde.
Luego de este el hijo, Cristian, y rápidamente, salió conmigo en la búsqueda de la pieza averiada hasta que llegamos, quien para mi a partir de ese día pasó al cuadro de personas honoríficas en su profesión, llegamos a "Lo de Alonso" (Alternadores). He visto de todo en mi vida como cliente de mecánicos cuando lo he sufrido, pero sepan (y ya deben saberlo), que poseen en esa ciudad el Premio Nobel de la Calidad al trabajo. Es un científico ese hombre. Y por supuesto también lo solucionó rápidamente mientras una hora antes este se estaba por retirar de su trabajo hasta que "caímos con el problema". Maravilloso.
Solucionado el problema, volvimos al taller y repararon mi vehículo, con tanto amor a la profesión y desinterés que todo esto que les redacto fue digno de escribirlo y enviarlo a un medio para que sea público.
A partir de ayer, para mi Tandil, además de ser tierra de grandes tenistas, de excelente turismo, pasó a ser tierra de grandes mecánicos. Este taller era el de SANTELLAN, DE LA CALLE ITUZAINGO 535.
Mi padre falleció el 11 de Febrero de este año. Y mi primer viaje luego de su muerte fue al Calvario. A recordarlo.
Gracias por este espacio y les dejo mi teléfono por si quieren que les amplie, pues, estas cosas son bien dignas de contar y de hacer eco público que todavía existen argentinos de buena madera en esta bendita tierra. Y sobre todo y lo que más me movilizó sentimientos es que eran Padre e hijo.
Un abrazo grande.
Matías Stella
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