28 de octubre de 2015
Los 70 y los 90. Participación popular o quién la tiene más larga.
Circula el chiste de que la clase media cuando está mal vota izquierda y cuando está bien vota a la derecha. Y justamente esa fue la estrategia electoral: se puso al candidato más de derecha del gobierno. Obviamente: más de derecha es Macri. Más coherente es Macri. Scioli es confusión. El gobierno juntó un discurso de los 70 con un político de los 90. Revolución y neoliberalismo. El agua y el aceite.
Se apostó a que gana “el que la tiene más larga”. Y Macri la tiene más larga que Scioli. Se apostó al marketing político y Durán Barba le gana a cualquier otro asesor de imagen. Eso es jugar en el terreno del otro. Taiana o Randazzo eran opciones claras de un progresismo hacia adelante.
El electoralismo le ganó a la construcción política. Los políticos profesionales relegaron a la militancia. Y el kirchnerismo había llegado, ya hace tiempo, para otra cosa. La construcción política que perdura es la que es por abajo, esa es la que cambia a las sociedades. La sociedad en su estado de conciencia no cambia por el hecho de vivir mejor o consumir más si los valores que predominan son los del mercado, esto es: gloria a más inversiones de multinacionales, gloria a más consumo con planes y más planes de pago, gloria a la seguridad entendida como más policía. ¿Cómo cambiar la mentalidad consumista (siempre de derecha porque está formateada por la cultura de lo privado) cuando desde el Estado se la promueve? En todos estos años se promovió una clase media para que sea así. Nos sigue subyugando ser Argentina Potencia.
Hay más pobreza y desempleo de lo que uno cree.
El campo popular está fragmentado y el kirchnerismo (como militancia) tiene que recuperar la iniciativa propia. Los militantes no pueden ser funcionales a un Estado o un gobierno que les dice qué está bien y qué está mal. La primigenia y fresca transversalidad se la comió la política de aparatos.
Hubo soberbia para no leer la realidad. Lo de Aníbal es el ejemplo total. Para convencer hay que dialogar y se perdió el diálogo con el no kirchnerista, encerrado en una nube exitista. El microclima existe.
Hay falsas mitificaciones: hoy el pueblo es heroico, mañana es un cobarde, pasado no se sabe. Ayer era “un país de buena gente”, hoy muchos ya dicen gente pelotuda, gente de mierda. Y si en la segunda vuelta ganamos por medio voto volvemos a decir que este pueblo sabe votar, que este pueblo sabe lo que quiere.
La recuperación de la política como herramienta de transformación existe, pero no es tal como creemos. Por un lado la mayoría de la sociedad no tiene inquietudes sociales, y si las tiene son diferentes a las nuestras. Los procesos no se decretan. ¿Sirve recordar el 24 de marzo en las escuelas si las docentes y los padres siguen teniendo un sentido común de derecha, esto traducido en votar a un presidente que apoya el Terrorismo de Estado?.
Por último, pienso incluso que Scioli vale más para el votante de Macri que para el kirchnerista. Intuyo que en lo íntimo para muchísimos kirchneristas Scioli no vale dos centavos. Pero Scioli, en un gobierno con otros actores y relaciones internas de fuerza, no es nada al lado de la tragedia que significaría Macri para el país y cada uno de nosotros.
Gustavo Primucci
D.N.I. 92.337.870
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